Entrevista:LAPIDO | Compositor, cantante y ex líder de 091

"Me gano la vida como escritor"

"Un ripio es un ripio, aquí y en Sebastopol. Y yo intento que no se me cuele ninguno". Lo dice José Ignacio Lapido (Granada, 1962), el hombre al que sus fans más tremendistas conocen como el poeta eléctrico. Primero al frente de 091 y desde hace una década en solitario, Lapido es uno de los mejores compositores del rock en castellano. Y vive una paradoja: mientras que se publican libros sobre sus letras, como En cada lamento que se hace canción (Comares, 2008) de Jordi Vadell, sus discos son ignorados comercialmente. "Me gano la vida como escritor: ficción televisiva, columnas políticas y en ratos libres canciones de rock".

Hace tres años creó su propio sello, Pentatonia, para poder seguir publicando. Con Cartografía (2008), álbum espléndido de parto difícil, acude esta noche a la sala El Sol dentro del ciclo Alternativas en Concierto. Y apadrinará a los noveles Ringo: "Salvo que me tenga que vestir de luces".

"Una navaja en el cuello es la mejor manera de estimular la creación"

Pregunta. ¿Tantos sinsabores le ha acarreado la autoedición de Cartografía?

Respuesta. Ha sido como una visita al dentista: la vas retrasando hasta que no puedes aguantar más el dolor. Ahora, después de la complicada extracción, ya puedo masticar sin dificultad pero me queda por pagar la factura.

P. ¿Los trabajos de Hércules que implica Pentatonia influyen en sus historias?

R. No, mis textos son así porque yo, en cierto modo, soy así: descreído, escéptico... Y la autoedición consolida la fe que tengo en mis canciones. Eso es mucho, viniendo de alguien que no cree en casi nada.

P. ¿Cuánto hay de verdad en ese nuevo tema titulado En el ángulo muerto? ¿Y qué le ha parecido la versión de Miguel Ríos?

R. Me llamaba la atención escribir sobre una presencia real inadvertida, lo contrario a un fantasma. En mi caso, no es que no existas, es que estás en un sitio donde es imposible ser visto. Y por lo de Miguel siento agradecimiento y emoción.

P. ¿Cómo anda últimamente su agonía creativa?

R. Cada vez peor. Un mes antes de meterme en el estudio no tenía ni una letra. Está claro que una navaja en el cuello es la mejor manera de estimular la creación. La inspiración está sobrevalorada.

P. ¿Afrontará alguna vez su ansiado disco de blues?

R. Conforme me alejo de la cuna y me acerco a la tumba, el blues adquiere mayor importancia. Me compré hace un año la guitarra adecuada. Sólo queda que Dios me diga: "Hijo mío, deja la botella, levántate de la cama y métete en el estudio de una puta vez".

P. ¿Ha visto el documental sobre su amigo Joe Strummer?

R. Lo tengo pendiente. Como produjo un disco de 091, me llamaron para participar mientras rodaban en Granada, pero yo tenía concierto en Barcelona. Era un gran tipo y merece que se reivindique su importancia en la historia del rock.

P. ¿Cuándo se reeditará 12 canciones sin piedad de 091?

R. Con las fusiones de compañías ya casi no sé quién es el dueño. Supongo que no saben ni que lo tienen en catálogo. Y el rock no entra en la Ley de Memoria Histórica.

P. ¿Y su relación con Madrid todos estos años?

R. Toqué por primera vez en Rock Ola en 1982. Luego lo he hecho en casi todas las salas. Ninguna existe ya, salvo El Sol, que acabará poniéndome una habitación para que viva allí.

Lapido actúa hoy, 9 de diciembre, en El Sol a las 23.30 (7 euros).

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0008, 08 de diciembre de 2008.

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