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Reportaje:LA JEFA DE TODO ESTO | Cristina Conde

Una gestora sin (casi) papeles

La directora municipal de Proyectos Culturales maneja 21 millones de euros

Cristina Conde tiene un despacho amplio y precioso en un chaflán con vistas a la Gran Vía, pero apenas se percibe agitación documental encima de su mesa ("basta con tener las cosas en el ordenador"), ni se ha tomado la molestia de colgar ningún arsenal de fotos o recuerdos personales. De hecho, carga con la penitencia de trabajar frente a un cuadro que le "horripila" y junto al que suplica no ser retratada. ¿Una exhibición de estoicismo? "No sólo. Me ayuda a tener muy presente que ésta es una ocupación transitoria. El día que deba abandonarla, no tardaré demasiado en recoger mis cosas".

No parece probable que tal circunstancia vaya a producirse pronto. Mujer resuelta y discreta, la directora general de Proyectos Culturales en el A este cargo de nueva creación hace cosa de cuatro años. De sus manos dependerán durante 2009 casi 21 millones de euros del presupuesto municipal, un 40,8% más que el ejercicio anterior. ¿Quién dijo crisis? "Bueno, algunos proyectos, como el del Matadero, se llevan mucho dinero", aduce casi azorada. "Yo me creo esto de la promoción de la cultura, pero además me siento respaldada. Aquí nunca se me impuso un proyecto; al contrario, los propongo yo y se me aceptan. Eso, en la administración, no siempre sucede así...".

"Me gusta ser flexible, que mi gente trabaje como un equipo"

Habla con conocimiento de causa. Esta licenciada en Geografía e Historia, barcelonesa de 44 años, afincada en Madrid desde cría, ha pasado por un par de ministerios y la Consejería regional de Cultura antes de aterrizar en su destino municipal. "Lo más apasionante es sentir que tu gestión se encuentra muy cerca de la calle. La reacción del público a tus decisiones, para lo bueno y para lo malo, es inmediata".

Su especialidad son las iniciativas de nuevo cuño. "Lo nuestro es innovar, lo que está muy bien. Sólo que carecemos de antecedentes a los que agarrarnos, y eso a veces da un poco de vértigo". Por su despacho han dado sus primeros pasos proyectos como La Noche en Blanco, el Teatro Circo Price, el teatro Valle-Inclán de Lavapiés, la remodelación de la Pasarela Cibeles o el Bibliometro (préstamo de libros en el suburbano). "La idea era sacar los libros al encuentro del ciudadano. A veces los contenedores culturales constituyen una gran barrera invisible. Y el invento del Bibliometro ha funcionado".

La cháchara se prolonga y a Conde se le escapa una sonrisa. "Mi gente debe de estar empezando a pensar que sucede algo grave. De lo contrario, la puerta de mi despacho está siempre abierta". Su equipo lo integran 20 personas de plantilla, más asesores y colaboradores externos. Le gusta "ejercer poco de jefa". "El cargo sólo sirve para que nuestros colaboradores o la comunidad artística dispongan de un interlocutor claro", insiste, quitándose galones. ¿El nuevo estilo femenino de entender la cosa pública? "Siempre quise huir del tópico, pero claro que las mujeres tenemos una forma distinta de trabajar. Me gusta ser flexible, que mi gente trabaje como un equipo".

Conde se despide con una confidencia: le gustaría ver acabado su ojito derecho, la recuperación integral del Matadero. "Sólo en casos así, cuando pasas por delante de esos espacios, aflora un punto de vanidad, ese impulso a pensar: 'Eso lo he hecho yo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de diciembre de 2008