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Maragall confirma que Zapatero y Montilla le forzaron a dejar la política

El ex presidente sostiene en sus memorias que Zapatero "defraudó" a los catalanes

Pasqual Maragall ha sido protagonista de tres libros desde que abandonó el poder, hace dos años. Ahora le toca al ex presidente de la Generalitat explicar su versión sobre cómo el alcalde olímpico convertido en padre del nuevo Estatuto no consigue superar los tres años al frente del Gobierno catalán. En sus memorias, Oda inacabada (RBA), repasa desde sus primeros encontronazos con Jordi Pujol en su época de boy scouts hasta que decide hacer público que sufre la enfermedad de Alzheimer, "aquel médico alemán...".

Empleando un tono conciliador, Maragall habla claro sobre sus rivales, pero rehúye los detalles más crudos de sus desencuentros con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y con su sucesor en la Generalitat, José Montilla. Con todo, deja claro que si abandonó la política lo hizo forzado por Zapatero y Montilla tras meses de soledad política. EL PAÍS adelanta parte del contenido de las memorias, prologadas por Gabriel García Márquez, que se publican hoy.

"Los casi tres años en la Generalitat no fueron los más felices de mi vida"

- Balance agridulce. "Los casi tres años de estancia en el Palau de la Generalitat no fueron los más felices de mi vida política. Pudieron haberlo sido, pero no lo fueron. La agenda del cambio instituida en el Pacto del Tinell proponía una nueva ambición para Cataluña, compartida por millones de ciudadanos ilusionados con la alternancia de gobierno. Queríamos instaurar unas formas en las decisiones y las prioridades, pero también un cambio de paradigma para el país y sus relaciones con el conjunto de España".

"Una vez iniciado el camino nos quedamos a mitad de trayecto. Las razones no deben buscarse sólo en el exterior cayendo en un victimismo que siempre he procurado combatir, sino en las propias contradicciones (...). Pero nunca habría imaginado que el clima dentro del propio Gobierno y entre los partidos que lo apoyaban pudiera haber sido tan poco propicio".

- Relación con Zapatero. "Desde la aprobación del Estatuto por el Parlament, de nada sirvieron los diferentes encuentros con Zapatero. Descubrí un Rodríguez Zapatero enrocado en la defensa de las prioridades del partido en materia identitaria española y extraordinariamente preocupado por las perspectivas electorales (...). Le preocupaba el estado de excitación anticatalana existente en toda España (...). En cambio su ánimo mejoraba cuando se explayaba respecto a las perspectivas del proceso de paz en Euskadi o por el buen estado de la economía (...). La cuestión catalana le incomodaba, y no lo disimulaba (...). Quedaban muy lejos los días de nuestros primeros encuentros, cuando él era un joven y desconocido aspirante a dirigir el PSOE".

- Zapatero le pide que se retire. "¿Todo habría ido mejor si hubiera aceptado la sugerencia que me hizo el presidente Zapatero en septiembre de 2005 en el sentido de anunciar mi retirada como supuesto precio político para obtener el apoyo de CiU al proyecto de nuevo Estatuto? Seguramente no habría ido mejor".

- Incumplimientos del presidente del Gobierno. "Zapatero cambió de opinión (...). No fue a mí a quien defraudó, sino a todos los catalanes que creyeron en su promesa de que se respetaría lo que Cataluña decidiera (...), esta decepción ha dejado marca en el estado de ánimo de los catalanes y me temo que lo expresaran en forma de desafección a España".

- Relación con Montilla. "No tengo conciencia de qué momento fue el de no retorno en nuestras relaciones políticas; al menos por mi parte. Le he visto con simpatía crecer políticamente dese sus inicios en el Ayuntamiento de Cornellà, le he visto con respeto asentarse como uno de los líderes del partido tras el congreso de Sitges. Es cierto que no hemos compartido todas las posiciones políticas. Tampoco creo que eso sea imprescindible. Pero me sorprendió la radicalidad de su distanciamiento. Y, sin embargo, le aprecio y valoro su recorrido personal y político".

- Problemas con el PSC. Su partido no le apoyó cuando en 2005 quiso cambiar su Gobierno. "La negativa a aceptar la iniciativa del presidente me pareció, inicialmente, infantil. Un minuto más tarde ya la consideraba improcedente y gravísima, porque me di cuenta de que perseguía de forma manifiesta el debilitamiento de la autoridad presidencial".

- Expulsión de ERC. "Era perfectamente consciente de que, con la decisión de ERC de romper el pacto, los días de mi Gobierno estaban contados, porque a los dirigentes de ERC les costaría olvidar la expulsión y eso haría difícil la renovación del tripartito tras unas obligadas elecciones. También veía que ponía en riesgo mi continuidad y que todo ello sería utilizado en mi contra por los adversarios internos".

- El relevo. "A Montilla le costó mucho decirme personalmente que tenía interés en ser candidato a la presidencia de la Generalitat. Tuve que ser yo quien se lo preguntara directamente. Le llamé una noche desde casa, horas antes de tomar mi decisión definitiva. Me dijo que sí, que era cierto que le hacía ilusión presentarse. Le dije que adelante. Si yo tenía alguna duda, la perspectiva de un enfrentamiento abierto en el seno del partido me acabó de convencer, suponiendo que no estuviera ya completamente convencido".

- Salida del PSC. "Fue dolorosa y creo que comprensible, considerando la traumática relación mantenida con los dirigentes más destacados en los últimos meses de mi presidencia. Me supo mal por los miles de compañeros que durante décadas han confiado en mí, pero creo que por dignidad personal y por respeto a mis principios, no podía hacer otra cosa. En ocasiones, mostrar sólo el desagrado por cómo van las cosas no basta (...). Esperé, eso sí, la coyuntura menos negativa para el partido (...). No quería perjudicar a la formación que contribuí a fundar y me abstuve de manifestar algunas de mis opiniones hasta después de las elecciones. Apoyé en todo momento la candidatura electoral de José Montilla. Y viví su victoria como la realización del sueño de cualquier nación potente: ser de sus hijos, no sólo de sus padres".

"No quiero que me alarguen la vida innecesariamente"

Hace un año que Maragall anunció que sufre alzheimer. La enfermedad le fue diagnosticada en 2007 y, según explica, hizo pública su dolencia después de que los rumores comenzaran a circular. Lamenta que "algunas personas" utilizaran la noticia para "relativizar" sus críticas al PSC.

- Derecho a una muerte digna. "No tengo ganas de morir, ya lo he dicho. Pienso dar todavía mucha guerra. Pero ahora la muerte y su llegada las tengo más presentes que antes. No todo el mundo puede morir igual que mi abuelo, exclamando: '¡Qué muerte tan dulce!'. Yo, que soy más Mira que Maragall, estoy advertido por Pratchett de lo que me prepara el futuro. Y no puedo olvidar que mi madre murió sola en el quirófano, por nuestra osadía científica de creer en una hipotética salvación, cosa que nos privó de ver cómo su sonrisa se apagaba lentamente (...). Tampoco quiero que me alarguen la vida innecesariamente. Diana [su esposa] y yo hemos decidido hacer testamento vital: no queremos que nos alarguen la agonía. Me ha gustado la valentía de una mujer que conocí, desfigurada, que dijo que no podía convivir con una enfermedad que hacía de ella otra persona (...). Que no la decida nadie por nosotros".

- Fundación Maragall contra el Alzheimer.

"Sé que es muy difícil que yo pueda beneficiarme de unos descubrimientos que a lo mejor están al alcance de los investigadores, pero la confianza en que sirvan para la generación de mis hijos o de mis nietos me parece un consuelo suficiente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de noviembre de 2008

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