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Editorial:

Sin Nadal...

... Pero con dos héroes: Feliciano López y Fernando Verdasco. España ganó ayer por tercera vez la Copa Davis, la mayor competición mundial del tenis por equipos. Sin embargo, no ha sido una victoria más. El triunfo se ha conseguido, en primer lugar, sin el concurso del número uno del mundo, Rafael Nadal, que bien habrá lamentado que una lesión le apartara de la fiesta de Mar de Plata; después, porque las dos ensaladeras anteriores se habían obtenido en España, y ésta lo ha sido en campo contrario; y, en tercer lugar, porque la proeza se ha logrado lejos de la superficie de tierra en la que muchos consideran que España es imbatible. La final, por añadidura, ha sido contra un gran equipo que ha dado la cara con clase, calidad y nobleza. Nalbandian, Acasuso y Calleri supieron perder como habrían sabido ganar, y, así, pidieron calma a la hinchada, legítimamente enfervorizada con los suyos, pero en algún momento vehemente en exceso. La conclusión, sin embargo, tras la agónica victoria de Verdasco sobre Acasuso en cinco sets, fue de reconocimiento por parte del público de lo justo de la victoria española. La afición argentina tiene que estar decepcionada porque ésta es ya la tercera vez que su tenis llega a la final, y la primera que lo hacía en casa. La ausencia de Nadal permitía además a los locales pensarse favoritos. Pero ya se sabe que la Copa Davis exige que se juegue hasta el último match point.

Éste ha sido un año soberbio para el tenis español en particular (Nadal ganó Roland Garros, Wimbledon y el oro olímpico) y el deporte español en general. La Eurocopa de la selección de Luis Aragonés, la emocionante final olímpica del equipo de baloncesto y los triunfos de los ciclistas Sastre, Contador y Llaneras en el Tour, el Giro, la Vuelta y Pekín, entre otros logros, confirman la pujanza y modernidad de nuestros deportistas, capaces de todo en cualquier escenario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de noviembre de 2008