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Cosa de dos

Lágrimas

La detención de Txeroki, el presunto jefe de ETA, es una buena noticia para todos. Confío en que Telecinco tarde muchísimos años en pagarle por decir memeces en horario de máxima audiencia. Eso significará que se prueban las acusaciones contra Txeroki y que éste cumple una condena severa.

Dejemos, sin embargo, el mundo del delito y la telebasura, y dediquemos un instante a compadecernos del mal trago que han pasado en Cuatro. Es, ya saben, la televisión de Prisa, un grupo digno de los mayores elogios. Además de ofrecer al público productos de alto nivel, como este mismo periódico, dedica parte de sus recursos a obras de caridad y benevolencia. Aquí estoy yo para atestiguarlo: llevan más de 20 años manteniéndome.

Probablemente saben ya de qué mal trago estamos hablando. La desgracia ha ocurrido en el exitoso programa Pekín express. La concursante Idoia, una de las populares mellizas que participaban en la singular carrera, padece cáncer. Aquí nos ponemos serios: esperamos que se restablezca de manera rápida y completa.

Sigamos con el sinsabor de Cuatro. Cabe suponer que, con la caballerosidad que caracteriza a la casa, los responsables de Pekín express no pidieron informes médicos a los aspirantes. Cabe suponer que nadie en Cuatro conocía la enfermedad de Idoia. Cabe suponer que descubrieron el problema a mitad de carrera.

Pongámonos, por un momento, en el lugar de los directivos de Cuatro. ¿Cómo afrontar la dolorosa noticia? ¿Cómo tocar un asunto tan delicado? Lo hicieron con la máxima discreción. No contrataron vallas publicitarias ni hicieron mailing. Se limitaron a informar, desde la propia cadena y sólo durante una semana, de que en Pekín express ocurría un tremendo drama humano. Ningún sensacionalismo, como ven. Nada de aprovechar desgracias ajenas, como hacen otros. Cuatro se limitó a informar y a emitir, llegado el momento, un programa de mucha lágrima y mucha audiencia. Fue un programa sobrio. Para mí, habría quedado redondo con algunos comentarios de María Antonia Iglesias y Miguel Ángel Rodríguez. Pero eso ya es cuestión de gustos. egonzalez@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de noviembre de 2008