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Feijóo promete liberar Galicia de las "prácticas caciquiles"

Asegura que Obama gobernará aunque logró menos ventaja que el PP gallego

Alberto Núñez Feijóo llegó ayer a Madrid para tratar de vender tres ideas clave, que repitió varias veces ante un auditorio de políticos, empresarios y periodistas en uno de los habituales desayunos organizados por el Fórum Europa. Primero, el PP no perdió las elecciones, las ganó y volverá a ganarlas, aunque no gobierne.

Llegó a decir que, si Barack Obama se presentara en Galicia, no podría gobernar porque le sacó una diferencia al segundo de seis puntos, mientras el PP, con 10 puntos de ventaja sobre el PSdeG en 2005, está en la oposición. Se olvidó de que en EE UU sólo hay dos partidos -por lo que Obama superó el 50% de los votos- y que el sistema presidencialista nada tiene que ver con el parlamentario que rige en España porque así lo marca la Constitución.

Rajoy sobre Feijóo: "Es un gestor eficaz, disfruta resolviendo problemas"

La segunda idea es que el Gobierno gallego es un caos, está metido en una espiral de gasto burocrático y enfrentamiento a cara de perro entre las consejerías del BNG y las del PSdeG, y sólo un Gobierno del PP, un solo partido, puede aplicar la receta de seriedad y austeridad que, según Feijóo, necesita Galicia para enfrentarse a la crisis económica.

El líder del PP, que planteó las próximas elecciones como el reto de su vida, aseguró que su partido quiere gobernar para acabar con las prácticas antidemócraticas del gobierno bipartito. Feijóo dijo que quiere liderar "un proyecto de Galicia abierta, vertebrada, con calidad democrática y que termine con las prácticas caciquiles". Feijóo hablaba sobre todo de los votos de los emigrantes gallegos, pero su partido, que gobernó 16 años, sigue controlando varias diputaciones y tiene al frente de la de Ourense a José Luis Baltar, que se define a sí mismo como "un cacique bueno".

La última idea que Feijóo quiso dejar bien clara, especialmente en Madrid, donde el debate sobre la imposición de las lenguas cooficiales es más intenso, es que una de sus primeras decisiones si gobierna será derogar el decreto de enseñanza del gallego. En su opinión, se trata de imponer una lengua sobre la otra. "Las lenguas no se pueden prohibir ni imponer. Yo apuesto por la libertad, el consenso y el bilingüismo cordial para aprovechar nuestra riqueza idiomática", concluyó.

En cualquier caso, lo que más le interesaba al líder del PP gallego, ya lanzado a una interminable campaña electoral -la próxima semana será confirmado como candidato para unos comicios previstos para marzo- es reforzar su imagen como gestor. Precisamente ese aspecto de su faceta política es el que destacó Mariano Rajoy, el presidente del PP y gran aval de Feijóo para hacerse con el poder interno -tuvo que luchar contra otros tres rivales en 2006-.

Rajoy recordó la carrera de Feijóo en niveles técnicos en varios gobiernos de Manuel Fraga y después a las órdenes de José María Aznar, como presidente de Correos. Para el líder del PP, Feijóo "quiere a Galicia, es capaz, es un gestor eficaz". "Es el prototipo de persona con vocación por la cosa pública. Disfruta resolviendo problemas para defender el interés general, lo lleva en su código genético", llegó a decir Rajoy.

Ambos coincidieron en que "Galicia es mucho mejor que su Gobierno", al que dibujaron como un grupo de dos partidos enfrentados a muerte, "uno de ellos marxista-leninista, algo único en los Ejecutivos europeos", dijo Feijóo en referencia a la UPG, formación mayoritaria en el BNG, mientras Rajoy asentía con gesto indignado ante la continuidad del marxismo en su tierra.

El líder del PP en Galicia relató una secuencia de titulares de prensa para demostrar que mientras él hace propuestas contra la crisis, el Gobierno gallego se dedica a desmentirse a sí mismo un día tras otro a cuenta de la petición del BNG para crear un instituto de crédito gallego. El líder del PP prometió un plan de austeridad para ahorrar un 1% del Presupuesto y un plan para devolver 800 euros a las familias gallegas para hacer frente a la crisis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de noviembre de 2008