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COLUMNA

Caballo negro, caballo rojo

Comienza la última función de fórmula 1 de esta temporada y lo hace en el teatro perfecto: el circuito de Interlagos. El trazado carioca es casi una montaña rusa en algunas zonas, por sus desniveles, y está plagado de baches a pesar de los continuos reasfaltados. El hecho de que junto con Fuji (Japón) sea uno de los escasos circuitos por encima de 500 metros de altitud también afecta fuertemente al comportamiento de los monoplazas (potencia y downforce). Además, desde la última carrera en China, se ha encendido la mecha de la polémica sobre el futuro de los V8 en la F-1. La FIA ha propuesto un motor estándar para todos los equipos a partir de 2010.

Empecemos por las diferencias entre el motor de Hamilton y el de Massa. El brasileño tiene una ventaja frente al británico, ya que estrena motor. Esto le dará una potencia ligeramente superior: el motor, nuevo, sólo debe aguantar una carrera y, por tanto, los ingenieros pueden forzarlo más, manteniéndolo más tiempo a altas vueltas y a altas temperaturas de funcionamiento.

Por el contrario el V8 del británico es muy probable que lleve un mapa motor, es decir, un programa de funcionamiento gobernado por la centralita electrónica, menos agresivo. El objetivo es evitar problemas de fiabilidad en su motor Mercedes, que se encuentra en el segundo ciclo, tras competir en el GP de China. La pesadilla de la escudería de las flechas plateadas es que se repitan los problemas que ha tenido en su motor Kovalainen, compañero de Hamilton. Un factor que puede jugar a favor de los intereses del piloto inglés de McLaren es que los ingenieros redujeron el régimen máximo de giro de su motor en las últimas vueltas en Shanghai, dado que su ventaja sobre los dos Ferrari era de 15 segundos. Además no hay que olvidar que, aunque las normas permiten un comodín de cambio de motor cada año, lo que significa que en una carrera de toda la temporada se puede cambiar un motor antes de que haya completado dos carreras y sin recibir la penalización, esto está terminantemente prohibido en la última prueba del año.

Un segundo motivo para que los motores estén en el candelero se debe a la polémica sobre la normativa que la Federación Internacional del Automóvil (FIA) quiere imponer en el futuro. Todo comenzó con el anuncio oficial de la FIA indicando que buscaba un suministrador único de motores para la F-1 a partir de 2010. Se encendieron entonces las alarmas en todos los equipos que son propiedad de alguna marca fabricante de coches, puesto que el mero hecho de oír hablar de la posibilidad de un motor estándar idéntico para todos los monoplazas obviamente disgusta a empresas que están en la fórmula 1 para demostrar que su tecnología es mejor que la de sus rivales. Ferrari y Toyota anunciaron que se plantearían abandonar la competición si el motor estándar se implantaba; BMW también manifestó claramente su descontento. Es probable que la alternativa a los motores estándar sea que los equipos que lo deseen puedan comprar a las escuderías fabricantes un motor (a partir de 2009 deberán durar tres carreras) por unos 10 millones de euros por temporada.

No cabe duda de que la competición no será la misma dentro de unos años. Hoy, de momento, toca disfrutar con el duelo de caballos entre Hamilton y Massa para determinar cuál de los dos ganará en el tablero de ajedrez de Interlagos y se convertirá en el trigésimo piloto que escribe su nombre en la lista de Campeones del Mundo de F-1.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 2008