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La prueba del algodón para Phelps

Aunque por defecto, cuando se habla de CERA se piensa inmediatamente en ciclistas, los beneficios de la EPO y de todos los productos y métodos que permiten aumentar fraudulentamente la capacidad de la sangre para transportar oxígeno son máximos para todo tipo de deportistas, incluidos los sprinters, como se supo cuando Marion Jones confesó que también ella se pinchaba EPO. Sin embargo, sus efectos son mucho más importantes en los deportistas de resistencia, por lo que se supone que a la hora de establecer una jerarquía, un orden, a la hora de analizar las mil muestras olímpicas -que pueden corresponder a unos 400 deportistas, pues a todos los que se extrajo sangre se les hizo varias veces-, serán ellos los primeros en pasar por el microscopio. Así, los atletas especializados en distancias superiores a los 400 metros, los remeros, piragüistas, ciclistas, triatletas y nadadores tendrán preferencia.

Eso significará, en efecto, que la gran estrella de Pekín, Michael Phelps, el emperador del Cubo de Agua con sus ocho oros olímpicos y múltiples récords mundiales, el deportista que más prueba de resistencia hizo durante todos los Juegos, deberá pasar la prueba del algodón. Se cumplirá, así, el deseo de tantos practicantes de otros deportes que consideran que la natación no sigue la lucha antidopaje con el mismo rigor que el ciclismo o el atletismo, y también el del propio Phelps, quien tendrá, por fin, la oportunidad de demostrar su limpieza.

La posibilidad, de todas maneras, de que de los análisis olímpicos surjan positivos por CERA no es excesivamente elevada: la publicidad dada durante el Tour, casi un mes antes del comienzo de los Juegos, a la detectabilidad de la CERA seguramente disuadió a algunos de sus usuarios olímpicos a inyectarse la última dosis antes de partir hacia la capital china.

Los ciclistas seguirán, sin embargo, en vanguardia de la población deportiva expuesta. Según anunció ayer Pierre Bordry, presidente de la Agencia Francesa Antidopaje, los datos del pasaporte biológico -seguimiento longitudinal de los parámetros hematológicos de los ciclistas a lo largo del año- están sirviendo al laboratorio de París para detectar de manera indirecta autotransfusiones de sangre, un método que no se puede comprobar de forma directa. Así, la sangre de los ciclistas congelada en Pekín también podría delatar esa trampa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de octubre de 2008