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Reportaje:

Las Meninas se mudan a Canido

30 artistas reinventan el icono pictórico de Velázquez en el barrio ferrolano

De las paredes del madrileño Museo del Prado a las fachadas y muros de 35 viviendas y bajos del barrio de Canido, en la parte alta de Ferrol. Medio centenar de artistas -pintores, fotógrafos y músicos- se embarcaron ayer en un proyecto singular apadrinado por el gobierno ferrolano (PsdeG-IU) para colocar el arte a pie de calle, con el icono pictórico de Velázquez como eje temático.

Entre las recatadas damas de compañía (meninas en portugués) que acompañaban a la Familia de Felipe IV en el lienzo que Diego Velázquez pintó en 1656 a las personalísimas figuras que desde ayer inundan las viviendas de Canido, han pasado tres siglos y medio y muchas modas. Heroínas de cómic o princesas de un cuento de hadas, las meninas ferrolanas se han revolucionado en color o en blanco y negro. Salpican las paredes de 35 viviendas, garajes y bajos entre las calles Estrella y Alonso López -con el consentimiento de sus propietarios-, pasando por la plaza de la Tahona, en uno de los barrios con más solera y arraigo de la ciudad naval, donde se mezclan antiguas viviendas de planta baja y promociones inmobiliarias recientes.

La idea nació como respuesta artística a una gamberrada sobre un mural

El nacionalista Paco Rodríguez encargó una menina de Rosalía de Castro

"La figura de las Meninas es universal y reconocible" explica el pintor Raimundo Anido, "caben tantas reinterpretaciones como uno quiera darle". Su menina en tres colores -gris, blanco y rojo- se viste en periódico en relieve sobre el cemento y vigila la entrada a un garaje.

Las nuevas vecinas pictóricas de Canido fuman y beben en topless ante un Velázquez desnudo o con gafas de sol que se regocija con sus musas. Pasean colgadas del móvil, con paraguas y como cualquier vecina del barrio, llevan la compra en bolsas del Mercadona, el supermercado más próximo.

Hay meninas nacionalistas, otras semigóticas o de inspiración picassiana y hasta alguna menina que quiere ser pintora y no pintada. La idea, explica Eduardo Hermida, promotor del proyecto, nació "como respuesta artística a una gamberrada". Cuenta que hace alrededor de un par de meses, un vecino se armó con una brocha gorda y cubrió de blanco un mural de Jorge Cabezas que estampaba la pared de una vivienda contigua.

Sobre el dibujo del artista coruñés, el vecino en cuestión garabateó una protesta contra una antena de telefonía móvil. Para reivindicar a aquellas dos primeras meninas "masacradas", tres pintores residentes en Canido impulsaron este curioso movimiento artístico "al que se fue uniendo más y más gente". "Hasta se han interesado en otras comunidades" explican sorprendidos.

El ayuntamiento ferrolano puso los medios técnicos: 80 kilos de pintura y un equipo de sonido. Un grupo de gaiteiros llevó la música hasta la ruta de las meninas y los vecinos echaron el resto: puertas abiertas, empanada, bizcocho casero y cerveza fría para mimar a los artistas que desde primera hora de la mañana redecoraban Canido siguiendo los bocetos previos. "Esto le da una alegría al barrio que hacía muchos años que no se veía", asegura Ángeles, que nació y sigue viviendo en el mismo lugar. "Más de la mitad de los vecinos llevamos aquí 30 años o más", apunta Avelino Castro. Estampada en la puerta de su propia casa, perfila su menina "crucificada sobre el Cruceiro de Canido", emblema del barrio, y reivindica el regreso del Cristo de la Tahona, una antigua figura granítica con dos caras catalogada como Patrimonio de la Xunta. Hay otros vecinos ilustres. El diputado nacionalista Francisco Rodríguez eligió una menina rosaliana para ilustrar la pared lateral de su casa. La figura representa a Rosalía de Castro ataviada con ropajes del XVIII con una edición del "Follas Novas" en las manos sobre algunos versos sueltos. Rodríguez participaba ayer como uno más en los festejos y ejercía de narrador en un improvisado recital poético de inspiración nacionalista, que ponía la inesperada nota política a un acto que aspiraba a ser apolítico.

A sus 10 años, Sara pintaba una menina de sangre real. Dos niñas más pequeñas repartían rosquillas entre pintores y curiosos. "Ha sido un éxito rotundo" valoraban a última hora los organizadores, "ya nos preguntan por el año próximo". Planean colocar las fotografías del proyecto en las ventanas de las casas bajas usando el marco como soporte.

Alejados de la intimidad de su estudio, los cerca de 30 pintores que ayer se sumaron a la convocatoria de Canido sustituyeron los lienzos por paredes desconchadas y en lugar de la paleta, se servían de vasos de plástico sobre mesas de playa para ir marcando los colores en una sesión pictórica interactiva y en directo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de septiembre de 2008