Pasos

Que conste que ya sé que me van a llamar antigua, ingenua, radical, provinciana, o cosas aún peores. Que conste también que, hace un mes, ignoraba la existencia de Abjazia, de Osetia del Sur y de las reivindicaciones que comparten. Que conste por último que Medvédev me inspira tan poca confianza como Putin, su mentor. Pero hechas todas estas salvedades, quiero manifestar mi estupor por la crisis de Georgia.
En pocas palabras, resulta que los kosovares tienen derecho a no ser serbios porque no se sienten serbios, pero los abjazos y los surosetios, en una situación idéntica, no tienen el mismo derecho frente a Georgia aunque no se sientan georgianos. ¿Por qué? Porque Georgia es un país reconocido por EE UU y por la UE. ¡Ah! ¿Y eso qué tiene que ver con los sentimientos?, me pregunto yo. No, me contestan, pero es que además hay una resolución de la ONU. ¡Ah!, sigo preguntándome, ¿pero es que las resoluciones de la ONU sirven para algo? En ese caso, ¿cómo es posible que Israel lleve décadas pasándoselas por la entrepierna simbólica de los territorios ocupados, y reciba como premio el derecho a participar en Eurovisión y en los torneos deportivos europeos?
La alusión al deporte no es gratuita, porque el Comité Olímpico Internacional es todo un espejo del mundo. ¿Recuerdan la final de baloncesto, a la que el equipo de EE UU acudió sin haber pasado ningún control de dopaje, porque todos los norteamericanos se niegan a someterse a esa humillación? ¿Recuerdan que los árbitros no se atrevieron a pitarles pasos ni una sola vez? Aquel día, los españoles jugamos con otro reglamento. Ahora, después de Irak, los aliados de Bush condenan "el uso excesivo de la fuerza militar" por parte de Rusia, y digo yo... ¿No lo entenderíamos mucho mejor si los árbitros del partido reconocieran que no pitan con uno, sino con dos silbatos diferentes?
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