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Crónica:PEKÍN 2008 | Tenis

El rodillo ha vuelto

"Nadal es todo clase", resalta Hewitt tras ser vapuleado por el español

Lleyton Hewitt acabó aullando a la luna como los lobos, se intercambió palabras de guerra con Chris Guccione y, con tanto insulto y tanta muerte, terminó por cavar su propia tumba. Bien entrada la medianoche del lunes, con los focos repletos de insectos, el doble australiano, Hewitt y Guccione, levantó cuatro puntos de partido entre los bramidos del público. "Aussie, aussie, aussie!", se oía a los australianos, insensibles a que sus tenistas se acostaran a las tres de la mañana. "Oi, oi, oi!", se contestaban. Las palabras de batalla volvieron a escucharse ayer, un día después, con Hewitt encendido y la pista disparada. Todo para nada. El rodillo anda suelto de nuevo. Rafael Nadal ha vuelto y es imposible reducir su juego a una sola arma (6-1 y 6-2). "Es duro decir una sola cosa. Nadal es todo clase", reconoce Hewitt, la cara roja y contraída por el esfuerzo, la gorra calada sobre el pelo empapado y el zurrón vacío de cualquier cosa con la que llenar el orgullo: ganó tres juegos. "Su bola lleva un peso extremo desde los dos lados. Sobre todo, desde su derecha tiene un peso mucho mayor que la de cualquier otro jugador. Es muy competitivo. Se mueve increíblemente bien. Está jugando mucho mejor sobre pista rápida de lo que solía: contra mí, no cometió un solo fallo", resume el jugador.

Por el lado del cuadro de Nadal se han desinflado todos los monstruos. Perdió Andy Murray, el británico malencarado. Perdió Wawrinka, el suizo de los golpes planos. Y perdió Stepanek, saltito va, lengua viene, de tenis amartillado.

"El cuadro era difícil", admitió Nadal, que hoy (10.00) juega contra el ruso Andreev. "Jugar con Starace en una primera ronda es complicado, pero, si le ganas, te da ritmo. Lo he notado ante Hewitt. He vuelto a jugar a un gran nivel. Estoy muy feliz con mi juego, aunque sigo diciendo que llevo muchos partidos encima. Éste es el año que menos días he pasado en casa. Llevo mucho tiempo sin poder preparar el físico", dijo con la cinta de su acreditación llena de pines con banderas de países.

"Ha hecho un partidazo", dice Emilio Sánchez Vicario, seleccionador español. "Pegarle 6-1 y 6-2 a Hewitt aquí es muy difícil. Debe de haber salido del partido con muy buenas sensaciones. Cada día va a ir a más y va a seguir creciendo", cierra bajo su roja gorra de España. "Del partido de Starace al de Hewitt ha habido un salto cualitativo muy grande", coincide Francis Roig, el técnico que acompaña a Nadal en Pekín.

Siguieron sonando los tambores, siguió retumbando el picante de los Red Hot Chili Peppers por los altavoces y Nadal cerró cualquier debate. Ya no tiene quien le mire por encima del hombro. Hewitt dejó ayer de ser el único campeón de torneos grandes en activo con un récord de victorias favorable sobre el mallorquín. Nadal, que es el único español que sigue jugando en Pekín -María José Martínez perdió 7-6 (3) y 6-1 con Safina; Llagostera, 6-7 (7), 6-1 y 6-4 con Zheng, y Anabel Medina, 6-2, 4-6 y 6-4 con Bammer-, domina a todos los tenistas de su generación. De los 30 mejores del mundo, sólo James Blake y David Nalbandian, dos guadianas, pueden presumir de haberle ganado más veces que las que han perdido ante él. Hewitt, que lleva los gritos del público palpitando en las venas, tiene hoy una oportunidad para la venganza. Nadal y Tommy Robredo contra Guccione y él.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de agosto de 2008