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Reportaje:

Madera de delantero

Pudo haber vivido del fútbol, pero a Anxo Quintana le tiró más la política

Esta entrevista comenzó una semana antes de producirse la conversación con Anxo Quintana, un político de parlamento dulce, que habla mucho, cuenta poco y, sobre todo, escucha. De Quin se ha aireado mucho. Todo lo que él ha querido que se supiese. Promesa del fútbol, enfermero, cocinitas, con abuelo alcalde, padre de gemelos (Lía y Xabier), sempre en Allariz, aunque se crió en Vigo.

Estas eran las coordenadas una semana antes de acudir a la cita con el vicepresidente de la Xunta en su despacho en San Caetano. Cuando el fotoperiodista olfateó en la santiaguesa calle del Franco a uno de los compañeros del primer piso de estudiante del imberbe Quin, el descubrimiento de la vía de prospección se celebra como pieza de caza mayor. "Vivíamos en Concheiros, en aquellos tiempos aquello era el fin del mundo, en un piso de estudio nocturno. Ni siquiera era nacionalista del todo. Lo veía y no lo veía. Estaba en crisis -se ríe-. Quin era un tipo muy sociable, le gustaba debatir sobre política, pero con la intención de contrastar otras opiniones no de buscar enfrentamiento. Era muy ordenado y listo. No era un chapón, con una semana de estudio intensivo le bastaba. Le recuerdo los lunes maldiciendo al Celta delante del periódico. Era elegante, de los pocos que llevaban pantalones de pana de pinzas y trenca, y la verdad es que poco más puedo contar. Quintana en el trato no ha cambiado nada".

"Yo era de una familia liberal pero sin tradición nacionalista"

"La mili es la peor experiencia de mi vida. No aprendí nada positivo"

El chasco es de agárrate en el capítulo de andanzas del jovencito Quin. "Era muy discreto, muy caballero a la antigua. De ligues nunca hablaba y era festeiro pero de fiesta tradicional", justifica el compañero de piso la escasez de anécdotas. "Hay una buena. Teníamos acumulados los periódicos de seis meses. Los llevó al balcón y les plantó fuego. Montamos una de agárrate".

"¿Cómo sabes eso?", pregunta Quintana sorprendido al escuchar la reproducción de la anécdota. "No recuerdo si fui yo el que encendió los periódicos, pero sí se organizó una buena". Por la política abandonó Medicina y se pasó a Enfermería, contrariando los deseos de sus padres. "Fue una decisión madura tomada por un adolescente. Yo era de una familia liberal pero no de tradición nacionalista y, como todo el mundo, durante esos años fui formando mi opinión". Acabada la carrera, agotadas todas las prórrogas, y ya nacionalista confeso, al recluta Anxo Quintana no le quedó más remedio que cumplir con la llamada de la patria. Lo destinaron a Valencia en enero de 1982. Todavía humeaban los tanques sacados a la calle por Jaime Miláns del Bosh el 23 de febrero del año anterior durante el fallido golpe de Estado. "La mili es la peor experiencia de mi vida. No entiendo como hay gente que cuenta historias de la mili. En 14 meses largos no aprendí nada positivo".

Allí le llegó una oportunidad por la que correría a codazos media humanidad. El Elche, un equipo de Segunda con pretensiones de ascenso, le ofrecía un contrato profesional al delantero espigado del Arnoia. "Lo pensé durante una semana, pero yo, con la carrera terminada, quería licenciarme para ponerme a trabajar. En los Jesuitas empecé a jugar porque abría más puertas que ser buen estudiante. Me gustaba marcar goles, fardar, pero no entrenar. De haber aceptado, seguro que mi vida hubiese sido diferente, pero no me gustaría tanto como la que tengo ahora mismo. El nacionalismo ha avanzado más en estos tres últimos años que en los 20 anteriores".

Anxo Quintana se viste la camiseta de la selección gallega para alegrar la fotografía. La clase perdura. Cabecea varias veces la pelota sin perderla de vista: "Espero que algún día Galicia participe en competiciones internacionales". Rejonazo a la selección. Se alegró del triunfo en la Eurocopa: "Lo habría celebrado más si no se le hubiese dado al triunfo cierto tufillo patriotero, del que me siento distante".

-¿Ha hablado con Touriño de...?

-Yo creía que iba a ser una entrevista relajada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de agosto de 2008