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Reportaje:LOS INOLVIDABLES | MANEL ESTIARTE | PEKÍN 2008 | Empiezan los Juegos

"Hubiera querido dar 20 vueltas al estadio"

El que fue mejor waterpolista del mundo abanderó a España en Sidney 2000

Manel Estiarte, (Manresa, Barcelona; 1961). Waterpolista. Seis veces olímpico, de Moscú 80 a Sidney 2000. Medalla de oro en Atlanta 96 y de plata en Barcelona 92. Máximo goleador de los Juegos Olímpicos en 1980, 1984 y 1992. En total, 127 goles en los Juegos. Premio Príncipe de Asturias, elegido mejor jugador del mundo en siete ocasiones, y mejor deportista catalán del siglo XX. Actualmente es responsable de las relaciones institucionales del Barcelona.

Pregunta. Participó en seis Juegos Olímpicos. ¿De cuál de ellos guarda mejor recuerdo?

Respuesta. Del primero, en Moscú, y de los tres últimos. En 1980, en el primero, tenía 18 años y todo era nuevo, era pura ilusión, ni me podía imaginar que iría a cinco más; de los cuartos, en Barcelona, porque fueron en casa; los de Atlanta 1996, por el oro y, finalmente, estar en Sidney 2000, en mis sextos Juegos y ejercer de abanderado del deporte español fue maravilloso. Los otros dos... fue un proceso de evolución personal, pero vivía equivocado.

"Antes de desfilar, grité: '¡Vamos, ahora nos toca a nosotros!'. ¡Fue brutal!"

"Me gusta mucho el equipo de este año. Creo en ellos. Ojalá tengan premio"

P. ¿Por qué?

R. Cuestión de valores. Leía en los periódicos que yo era el líder de la selección, el mejor jugador del mundo y me lo creía. La verdad es que era un niñato, que metía muchos goles, ligaba mucho... Era un imbécil que gritaba a mis compañeros cuando perdíamos, que no me esforzaba porque me bastaba con mi talento, no me sacrificaba nunca y sólo tenía culpa de lo bueno, lo malo era culpa de otro. Durante años fui un líder de mierda y el equipo pasaba de mí porque no era uno de ellos. Hasta que llegó Matutinovic a la selección y aprendí que lo importante de verdad no era yo, era el equipo, que no era mejor que nadie, porque sin ellos, no era nada. Entonces aprendí a disfrutar trabajando para los demás, que sin mis compañeros yo no era nada. Entonces, empecé a disfrutar de verdad. Eso le dio sentido a todo.

P. Supongo que su mejor recuerdo será el oro en Atlanta 1996.

R. Supone mal. Me llena tanto el recuerdo de las alegrías como de las decepciones porque en el fondo, que nadie se equivoque: ganar o perder es parte del juego, lo importante es tener la posibilidad de vivir las derrotas y las victorias. Sí, claro, ojalá hubiéramos ganado el oro en Barcelona contra Italia en aquel partido agónico, pero mira, será que no lo merecimos, no creo en las casualidades. Al final, el mejor recuerdo es haber formado parte de un grupo, los abrazos de alegría o de consuelo con el grupo, haber tenido el privilegio de compartirlo con Rollán, con Chiqui, Pedro, con Jordi Sans, Oca, Sergi... con todos los compañeros, porque la sensación es que mi relación con ellos es lo que dio sentido a mi carrera más allá de ganar o perder. Pero sí, claro, fue magnífico ganar el oro en Atlanta como lo fue ser el abanderado en mis sextos Juegos, en Sidney.

P. La guinda a una carrera. ¿O también me equivoco?

R. Sí, puedo considerarlo así. Tengo una imagen grabada de aquel día: llevábamos tres horas esperando para desfilar y nos llegó el momento. Estábamos en el túnel, me giré, y pegué un grito: "¡Vamos, ahora nos toca a nosotros, vamos!". La gente empezó a gritar y me emocioné. ¡Fue brutal! Luego, aquel paseo maravilloso por el tartán... ¡Hubiera deseado dar 20 vueltas, que no acabara nunca! Recuerdo las caras de amigos en la grada, la sonrisa de Lolo Ibern, la de Samaranch padre en el palco... la cara de felicidad de los deportistas que me seguían, felices por conseguir un sueño, muchos de ellos amigos, waterpolistas o no, felices, muy felices de estar allí.

P. Hubo cierta polémica, un catalán con la bandera española...

R. Yo sólo veía deportistas detrás mío y a deportistas representé, no sé si vascos, catalanes, andaluces... Allá cada cual, yo veía deportistas felices y me sentí muy feliz de representar tanto esfuerzo, tantos sueños.

P. ¿Qué le augura al waterpolo español en Pekín?

R. Me gusta mucho el equipo, tiene a un crack espectacular, Molina, un porterazo, gente experta, la ilusión de los jóvenes, juega bien... Y hay grupo, eso es lo más importante. Si tienen suerte... La igualdad es brutal, pero creo en ellos, seguro que van a pelear . Ojalá tengan premio.

P. Por último, ¿qué pinta usted en el fútbol?

R. Me llamó un día Ferran Soriano (ex vicepresidente del Barcelona). Hablamos y le dije: "Mira, Pep es como mi hermano, así que no haré nada sin hablar con él". Pep se mostró encantado, tuve la sensación de que me pedía ayuda, hablé con el presidente y...

P. ¿Y...?

R. Un subidón, una inyección de ganas y de ilusión. Por eso acepté representar ante las instituciones al club y arropar a Pep con mi experiencia. Yo no sé cómo estaba el patio hace seis meses, sólo sé que ahora rebosa ganas de trabajar y de ilusión. Todos aportamos para ir en la misma dirección. Y mi trabajo, entre otras cosas, es fortalecer el grupo. Y ayudar a un amigo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2008