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Tribuna:Carreras & Capital humano

¿Puede permitirse no innovar?

En el actual entorno empresarial caracterizado por su dimensión global, por la presencia de altos y crecientes niveles de competitividad, por la influencia de las nuevas tecnologías, por la presencia de clientes más exigentes y más expertos, por el estrechamiento de los márgenes y por la gran rapidez en los procesos de cambio de productos, de tendencias y de necesidades, no nos engañemos, no nos queda otra que innovar.

Innovar es una actitud, una forma de comportamiento empresarial, una forma de sobrevivir. Sólo así cobra verdadero sentido, sólo si se incorpora como modelo de comportamiento en la dinámica de las organizaciones, sean multinacionales o microempresas. Se trata, por tanto, de ser proclive a lanzar novedades; a explorar nuevas formas de producción y comercialización; a analizar posibles mejoras en los procesos de relación con nuestros clientes; a fidelizar clientes, proveedores; a ampliar mercados, productos, servicios; proclive a diversificar; proclive a cambiar aumentando el valor de nuestra organización, generando mejores resultados, más duraderos y sostenibles. Esto es, con un claro éxito comercial y empresarial. Ése es el reto. Actuar de manera innovadora consiguiendo resultados. Y ése debe ser el reto de todos los que actuamos en el entorno empresarial: emprendedores, empresarios, directivos, empleados, Administración...

La empresa debe establecer procesos que fomenten la generación de ideas

Compromiso, comunicación y tecnología, aliados de la innovación

Como ven soy rotundo. Y también lo soy con el papel que juegan las personas, los procesos, las tecnologías y la visión de conjunto en el proceso de innovación. Me explico.

La innovación es un compromiso social. Afecta a las personas en las organizaciones y sólo ocurre cuando las personas interactúan, comparten ideas, deseos e inquietudes. Por tanto, si se desea innovar se precisa de personas abiertas, flexibles, capaces de adaptarse al cambio, a la costumbre de cambiar. Lo anterior, si no lo tiene, le llevará algo de tiempo. Pero será un tiempo siempre bien empleado. Se necesitan personas, por tanto, que nunca digan de este agua no beberé. Y para ello, deberá formar en innovación y creatividad, deberá premiar la actitud innovadora, deberá, en definitiva, establecer procesos y mecanismos que estimulen y fomenten internamente la generación de ideas, de nuevos comportamientos útiles para su organización.

Como la innovación es una actitud o un modelo de comportamiento de las organizaciones, aquella que surge sin metodología, sin determinación, suele ser fruto del azar, de la suerte y nunca nos garantizará que vuelva a aparecer. Para innovar: "Hay que tirar de la manta". Se precisa, por tanto, de un proceso analítico, sistemático, ordenado, que permita realizar comparaciones y establecer prioridades. Debe ser un proceso que permita identificar las oportunidades, las mejoras, las implicaciones de cualquier acción de innovación.

La innovación requiere, ahora más que nunca, de un acertado proceso de incorporación de las nuevas tecnologías a nuestro modelo de negocio. Más tecnología no es igual a más innovación. Pero las nuevas tecnologías de la información facilitan, mejoran y amplían la eficacia del proceso de innovación. Por tanto, si todavía le suenan extrañas expresiones como networking, wi-fi, blogging, sólo por mencionar algunas de las más comunes, o si todavía no se ha planteado qué puede hacer en esos campos, y si servicios tecnológicos como la implantación y maximización comercial de un CRM, como la factura digital o como el e-recruitment todavía no han sido incorporados a su organización, no lo dude, debe cambiar. Invierta en tecnología, incorpore más tecnología a su modelo de comportamiento empresarial y verá cómo cobra vigor.

Innovar debe ser un proceso colectivo, acometido con visión global. Si es usted empresario, emprendedor o directivo, sea consciente de que no hay innovación sin liderazgo. Usted puede convertirse, si no lo es ya, en un campeón de la innovación. Elimine obstáculos, fomente la creatividad, sea permisivo con el error que aparece tras un meditado y reflexionado proceso de innovación, genere prototipos, pruébelos en el mercado y haga todo esto, siempre con una visión global que afecte e involucre a todas las áreas y personas de su organización.

Compromiso, complicidad, comunicación, cooperación, investigación, formación y tecnología serán algunos de sus aliados si desea asumir el compromiso innovador. Al que, por otra parte, usted y su organización no pueden renunciar.

Luis Díaz Marcos es director general de EOI Escuela de Negocios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de julio de 2008