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Reportaje:

Las casas de papel

Una exposición explica el barraquismo en la Barcelona del siglo XX

El gobernador civil Felipe Acedo Colunga emitió una circular en 1952 en la que obligaba a hacer un censo de barracas y ordenaba evacuar a las personas que no acreditasen vivir en un domicilio autorizado o no tener un contrato de trabajo. El Servicio Municipal para la Represión de la Construcción de Nuevas Barracas, creado en 1949, recluyó a familias enteras durante meses en el pabellón de las Misiones o en el estadio de Montjuïc a la espera de volver a su lugar de origen.

En la Barcelona de los años cincuenta y sesenta, los domicilios no autorizados eran más de 10.000 barracas que acogían a cerca de 100.000 personas en 30 asentamientos diseminados por la ciudad. Somorrostro, Camp de la Bota, la Perona, Francisco Alegre y Jesús y María son parte de una larga lista de enclaves donde las condiciones de vida eran como mínimo muy duras.

La exposición Barracas. La ciudad informal, que se inaugura hoy en el Museo de Historia de la Ciudad (Sala Padellàs, hasta febrero de 2009), realiza un recorrido por este fenómeno urbano y social a lo largo del siglo XX e intenta acabar con lo que, a juicio de los especialistas, es un asunto prácticamente ignorado en la historia de la Barcelona contemporánea.

Cuatro años de trabajo

Óscar Casasayas, del Grup Pas a Pas, comisario de la exposición, explica: "Durante cuatro años un equipo de historiadores y antropólogos ha trabajado recopilando toda la información sobre este asunto en prensa, instituciones, asociaciones y particulares". Fruto del trabajo es la exposición inaugurada en el Museo de Historia de la Ciudad y una base de datos que puede consultarse en el Inventario de Patrimonio Etnológico de Cataluña. Por su parte, la catedrática Mercè Tatjer, que ha asesorado el trabajo afirma: "El concepto informal sólo es aplicable a lo urbanístico, pues los barraquistas estaban integrados en la red social y laboral de la ciudad", además de "contribuir con sus actividades sociales y culturales a hacer de Barcelona lo que es hoy en día", agregó Tatjer.

La exposición está organizada en tres ámbitos cronológicos y se muestran fotografías, planos, documentos y objetos personales, como películas en super 8, de los propios barraquistas. Comienza en los orígenes, cuando un aumento de población motivado por la inmigración junto a la falta de previsión llevó a construir las primeras barracas en la década de 1920. Pasa luego a los años cuarenta y cincuenta cuando, tras la Guerra Civil, nuevas oleadas migratorias llevaron a los asentamientos de barracas a organizarse sin dejar de ser parte de la ciudad. Al final se analiza el proceso de realojo en polígonos industriales, y el final de las barracas de la mano de los proyectos urbanísticos relacionados con los Juegos Olímpicos de 1992.

También se proyectan parte de las 100 entrevistas realizadas a barraquistas que recuerdan sus vidas. Sus testimonios son lo único que permanece de aquel fenómeno y aportan fuerza a la exposición.

El nuevo director del museo, Joan Roca, insistió durante la presentación en que el barraquismo barcelonés, "lejos de ser sólo una vida precaria, fue parte del proceso urbano de una ciudad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de julio de 2008