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Entrevista:Maurici Lucena | Presidente de la Agencia Espacial Europea

"Los sobrecostes han superado lo razonable"

Maurici Lucena Betriu nació en diciembre de 1975, el mismo año en que se creó la Agencia Espacial Europea (ESA), y dos años antes de que se creara el CDTI. La primera la preside desde el 1 de julio; al segundo lo dirige desde 2004. Es de Barcelona, licenciado en Económicas por la Pompeu Fabra y máster por el Cemfi, el centro de Estudios del Banco de España. Fue miembro de Economistas 2004, un equipo dirigido por Miguel Sebastián que elaboró el programa económico del PSOE para las elecciones generales de ese año. Se le ve entusiasmado con la responsabilidad de llevar los destinos de la Agencia Espacial -cargo que compatibilizará con la dirección del CDTI-, un tema que le apasiona y del que por primera vez se hace cargo un español. Su reto: acabar con los sobrecostes que suelen llevar aparejados los programas espaciales.

"Mi nombramiento reconoce la labor de España en el terreno espacial"

"La UE debe fijar necesidades espaciales, y la ESA ejecutar programas"

"Los incentivos conforme a los que se deciden programas son mejorables"

"Tengo el propósito de abordar políticas para reducir los sobrecostes"

Pregunta. España es miembro fundador de la ESA. En 33 años ningún español ha presidido la ESA. ¿Qué circunstancias se han dado para que ahora la presida usted?

Respuesta. Me gustaría aclarar que la presidencia del consejo de la ESA es a título personal, es decir, no es rotatoria entre países. Sin embargo, es evidente que mi nombramiento responde a un reconocimiento a la larga trayectoria de España en el terreno espacial y al gran incremento de la aportación española a la ESA desde que el PSOE ganó las elecciones en 2004. Ahora mismo, España es el quinto contribuyente a los presupuestos, con una participación del 8% sobre 3.500 millones de euros. Por otra parte, se ha demostrado que es un socio fiable que, por encima de los intereses nacionales, ha tratado siempre de promover acuerdos y programas espaciales en beneficio del proyecto común europeo. Esta ausencia de especulación permanente, típica de épocas pasadas, y la búsqueda del interés común han sido decisivas para mi elección.

P. Su mandato va a cubrir un periodo especialmente agitado, con una creciente interacción entre la ESA y la UE en materia espacial. ¿Cómo ve el futuro de estas relaciones?

R. En el ámbito del espacio, la ESA y la UE son complementarias. La ESA tiene una capacidad tecnológica, científica y de gestión avalada desde su nacimiento en 1975, mientras que la UE ha decidido, con buen juicio, incrementar su presencia en la actividad espacial. Posee un volumen considerable de recursos financieros y tiene la capacidad regulatoria. Así que, en mi opinión, la UE debería establecer las necesidades en el terreno espacial, y la ESA ejecutar los programas. De hecho, ya existen importantes proyectos conjuntos en fase de desarrollo, como Galileo (el navegador por satélite europeo) o GMES (el conjunto de satélites de observación de la Tierra para aplicaciones medioambientales y de seguridad).

P. ¿Cuál cree que será la incidencia de la actual crisis en los programas espaciales?

R. La incógnita se despejará, al menos parcialmente, el próximo noviembre, cuando los ministros de los países miembros se reúnan para decidir las líneas maestras de los programas espaciales y el presupuesto para los próximos tres años. La caída de la actividad económica en todo el mundo condicionará la viabilidad de algunos programas. Pero también es verdad que, siendo la actividad espacial un sector que la mayoría de países de la ESA considera estratégico para sus intereses nacionales, es posible que los Estados quieran incrementar la inversión espacial.

P. ¿Qué estrategias y nuevos proyectos se deben potenciar ante el consejo de noviembre?

R. Será fundamental conocer el nivel de recursos financieros que los Estados miembros van a comprometer para los próximos años. Debemos lograr que se garantice el despliegue de la constelación de satélites Galileo y se impulse la segunda fase del sistema de observación de la Tierra GMES y la nueva generación de satélites meteorológicos Meteosat, porque estos programas son esenciales para Europa. Asimismo, se determinará el grado de ambición del futuro programa científico y de exploración espacial, que siempre ha sido una de las fortalezas de la Agencia. Por otra parte, desde un punto de vista interno, se discutirá la política de aprovisionamiento, que es muy singular porque asegura a los países cargas de trabajo en función de su contribución.

P. ¿Le preocupan los enormes sobrecostes de algunas iniciativas espaciales, como Galileo?

R. Me preocupan, y mucho. Los programas espaciales gestionados por agencias como la NASA o la ESA se sitúan por definición en la frontera de la tecnología. Por ello, los sobrecostes son en algunas ocasiones inevitables. Ahora bien, en los últimos lustros los sobrecostes están siendo más frecuentes y voluminosos de lo razonable, lo cual probablemente indica que los esquemas de incentivos conforme a los cuales se deciden y gestionan los programas espaciales son mejorables. Tengo el propósito de abordar políticas para reducir los sobrecostes. La idea es simple: establecer marcos de gestión de programas por objetivos que premien a los equipos que ejecuten en el rango aprobado de coste, plazo y calidad.

P. Precisamente, el programa Galileo ha atravesado dificultades en los últimos años. ¿Cuál es su situación?

R. Creo que Galileo es un buen ejemplo para aprender de errores pasados. El programa es extraordinariamente complejo. El esquema original de despliegue de la constelación de satélites, a través de un sistema mixto público-privado, fue fallido. Pero la fase de desarrollo, cuya responsabilidad era de la ESA, fue un éxito. Hasta el punto de que, ante las dificultades, la UE ha decidido disolver el plan original y asignar la responsabilidad de la construcción de la constelación de satélites a la ESA. En esta nueva etapa, el desafío para la Agencia es el control de los costes garantizando, al mismo tiempo, que se cumplan los plazos de entrega y lanzamiento de los satélites, lo cual significa que hay que hacer también un esfuerzo para reducir los riesgos técnicos.

P. ¿Qué significado tiene la cooperación internacional en el marco de la actividad espacial?

R. Aunque es obvio que algunos países han empleado su músculo espacial como instrumento de prestigio internacional, no es menos cierto que el espacio ha actuado como catalizador de las relaciones entre países. Recuerde, por ejemplo, la operación de atraque entre las naves Apolo estadounidense y Soyuz soviética en plena guerra fría. Dejando a un lado esta dimensión diplomática, el ingente volumen de recursos financieros, tecnológicos y humanos asociado a los proyectos espaciales provoca que la cooperación entre países sea un camino natural, porque es difícil que un único país pueda hacerlo por su cuenta. Por esta razón existe la ESA, y también grandes programas de infraestructuras como la Estación Espacial Internacional, cuyo coste es de 100.000 millones de dólares, y que han sido realizados gracias al esfuerzo conjunto de varios países.

P. ¿Defiende usted la exploración tripulada del espacio o es un gasto susceptible de recorte?

R. Es una cuestión compleja. Por una parte, la presencia humana en el espacio complica y encarece extraordinariamente los proyectos (hay que desarrollar sistemas que garanticen la vida y aumenten la seguridad). Por este motivo creo que la exploración robótica tendrá una importancia creciente en los años venideros, al igual que lo tendrán los aviones no tripulados en el campo aeronáutico. Por otra parte, sin embargo, hay labores complejas que hoy día las máquinas no pueden realizar y requieren la participación humana.

P. Otro debate es sobre el uso de sistemas espaciales para aplicaciones de seguridad y defensa. La convención de la ESA subraya los fines pacíficos de su actividad. ¿Cuál es su punto de vista?

R. Ésta es una discusión muy antigua. Mi posición es muy pragmática: la ESA, no lo olvidemos, es una agencia de I+D y, por tanto, su misión, además de profundizar en el conocimiento científico, es generar tecnología y construir los prototipos que prueban que esta tecnología funciona. Por regla general, la tecnología espacial tiene múltiples usos. Y es este uso posterior el que determina la clasificación militar o civil, no la tecnología en sí misma. Lo que está claro es que la ESA debe evitar generar tecnología espacial que tenga exclusivamente una aplicación militar. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de julio de 2008