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Reportaje:

Cambios de voz

La boca y el cuerpo son su instrumento. Camille publica Music hole, disco en el que participa Jamie Cullum. "El francés es como un caramelo y el inglés un chicle. El sabor es distinto"

Cantar es una alegría", dice Camille. "La música es una materia prima y hacer música es como trabajar la tierra. Está en el exterior y también dentro del hombre. Se enseña a cantar bien afinado, pero lo importante es explorar la vibración interna".

Mientras la jefa de prensa del Sónar (en donde la cantante actuó el pasado 21 de junio) la presenta a los medios en una sala del Palau de la Música de Barcelona ella se pone a hacer ruidos con la garganta que van de ronroneos de Golum a gárgaras de Shreck. Al fin y al cabo, Camille ha puesto la voz en francés a Causette, uno de los personajes de Ratatouille. Y se la ha podido oír también en anuncios de Cacharel y Ford.

No hay quien se aburra con la joven francesa. Más que transcribir lo que dice durante la entrevista habría que contar lo que hace mientras lo dice. "Me gusta jugar. Y juego con lo que tengo a mano", dice risueña y burlona. "Ahora todo es tan individual y virtual que nos olvidamos de nuestro cuerpo. Intentamos recuperarlo a través de tradiciones que no son occidentales, pero no tienes por qué ir a hacer yoga para eso. Creo que todos tenemos la llave de nuestro propio cuerpo. Puedes encontrar un vínculo con tu cuerpo lavando los platos. En la escuela rara vez aprendemos con el cuerpo y el juego. Por eso no recordamos mucho de lo aprendido".

"Creo que todos tenemos la llave de nuestro propio cuerpo. Puedes encontrar un vínculo con tu cuerpo lavando los platos"

"Para comenzar a cantar hace falta una nota. Cantas durante mucho rato esa nota, que libera la energía y la coloca"

Cuando Camille Dalmais (París, 1978) publicó hace tres años su sorprendente Le fil -antes había grabado Le sac des filles-, se habló en la prensa francesa de un choque de fantasía y descaro. Una nota sostenida atravesaba las 15 canciones del disco. "Me pareció la cosa más natural. Para comenzar a cantar hace falta una nota, y luego se construye todo alrededor. Cantas durante mucho rato esa nota, que libera la energía y la coloca".

Music hole, coproducido con Majiker, se planteó como un laboratorio para iniciar "un proyecto de escenario. Es muy visual. Hay percusiones corporales como pisar fuerte, dar palmadas o golpearse el pecho". El título del disco es un juego de palabras: "Conecto con la tradición del music hall, la teatral, la de cantar, hablar y contar historias, y bailar. Podría ser el cabaret, el espectáculo de Broadway, pero quería hacerlo a mi manera. Así siento yo la música en el siglo XXI".

En Music hole está el inglés Jamie Cullum y hay una representación -dos de los 14 miembros- de los brasileños Barbatuques. "A Cullum me lo encontré en Marte y a ellos en Plutón", dice. "La verdad es que vi en YouTube una versión que Jamie Cullum había hecho de Ta douleur en la que cantaba aporreando el piano. Estaba tan contenta con lo que había hecho con su pequeño acento [lo imita exagerando y ríe con ganas], que le contacté para darle las gracias e invitarle a participar en mi disco. Fui a ver a los Barbatuques por indicación de una bailarina. Era muy caro traerlos a todos, pero espero poder hacer conciertos con ellos algún día".

"El francés es como un caramelo y el inglés un chicle

[hace una demostración con la boca]. El sabor es distinto", explica. Surge la cuestión de si ha grabado Music hole en inglés para tener un acceso más fácil al mercado anglosajón. Los críticos británicos son bastante más entusiastas con los discos y conciertos de Camille que sus colegas franceses: "Una periodista me dijo que ni se había formulado la pregunta porque mi universo es un universo de sonidos y hay una continuidad. El idioma sólo es una manera de jugar con sonidos".

Cuenta que empezó a desarrollar un trabajo más vocal porque quería una mayor conexión con sus ideas de arreglos, y con su vida interior. Antes, Camille fue una de las voces del grupo Nouvelle Vague. Cantaba In a manner of speaking, de Tuxedomoon, o Too drunk to fuck, de Dead Kennedys. "Era el mundo anglosajón con un discurso social, una estética de nueva ola francesa con chicas falsamente ingenuas que cantan, y ritmos de bossa nova".

Se la suele comparar a Björk. Además, Camille ha mezclado su nuevo disco en Reykjavik con Valgeir Sigurdsson. Al preguntarle su opinión sobre la islandesa permanece un momento en silencio. "Tiene una estética fuerte y una fuerte espiritualidad. Es alguien que ve a lo lejos y es coherente. Hay una búsqueda auténtica. Y es golosa en el buen sentido. Ama la vida, mezcla cosas, invita a gente... Diría incluso que es voraz". Y se deleita con lo que podrían ser sonidos de un festín pantagruélico.

A veces canta sin micro: el verano pasado lo hizo en iglesias y catedrales con A Ceremony of Carols, los poemas medievales musicados por Benjamin Britten. "Son cantos para niños, muy extraños, muy disonantes, y al mismo tiempo muy alegres, cristalinos, espontáneos". También ofreció, ella sola a capella, su creación God is sound. "Desde la noche de los tiempos hay música en las religiones. Creo que la música es algo colectivo, y cuando hablamos de lo colectivo hablamos a menudo de trascendencia".

Abre su disco con Gospel with no Lord. "Siempre se ha matado en nombre de Dios y siempre encontramos pretextos nobles para matar. En la religión hay integrismos y gente que tiene fe y alegría porque cree en Dios. Hay integristas entre los músicos y los poetas, y gente con alegría que cree o no en Dios. Depende. En mi gospel no hay Señor, porque sólo doy las gracias a los seres humanos. Está hecho para las personas que me rodean". En Money Note -cita a Céline Dion, Whitney Houston...- Camille se mofa de una cultura musical que vive por y para el éxito, y de la obsesión por cantar cada vez más alto y fuerte. "Es un ajuste de cuentas con una neurosis mía porque me gustaría cantar como Mariah Carey y no lo consigo. ¡Me vengo como puedo!".

Se pone a jadear como un perro, canturrea una canción de los Beatles, emite todo tipo de ruidos. Camille ha compartido con una actriz sordomuda un dúo de canción y lengua de signos. "Son sordos, pero no mudos. Isabelle tiene una voz extraordinaria. Pueden sentir la vibración sin el sonido. Cosas al margen de lo que nosotros escuchamos", cuenta.

Considera que la vida es trágica, pero que todo puede convertirse en un juego. "La tragedia de hecho es un tipo de juego. Es la vida contra la muerte. Un juego peligroso, pero esos son a veces los más excitantes", cuenta quien estudió Sciences Po (ciencias políticas). Cuando Le fil recibió el Premio Constantin -luego llegarían Les Victoires de la Musique-, un antiguo alumno de la escuela, Jacques Chirac, le mandó una nota. "Fue extraño porque era el día de la huelga de los jóvenes contra los empleos precarios", recuerda con una sonrisa irónica.

La actriz Jeanne Moreau habría comentado tras verla que Camille es una gran adolescente que se metamorfosea. "Metamorfosis, sí, seguro [y se dedicada a chasquear con la lengua]. Lo interesante en la adolescencia es la búsqueda de identidad, el problema es que uno suele perderse en la revuelta y al final se disfraza igual que los adultos. Cuando yo era adolescente veía eso en los demás y me ponía muy nerviosa". -

Music hole está editado por EMI. Camille actúa en el Festival de Montreux mañana y en La Mar de Músicas, Cartagena, el martes 8.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de julio de 2008