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Reportaje:CINE

El tecno a sus pies

ALGUNOS podemos ser héroes por un día y otros están destinados a serlo toda la vida. El francés Pascal Kleiman no escogió esto; sin embargo ha llegado donde muchos otros no llegaríamos con o sin una minusvalía como la suya. Es uno de los hijos de la talidomida, un medicamento al que debe la vida y el haber nacido sin brazos. En 20 años de carrera ha logrado que la imagen del dj que pincha con los pies deje paso, simplemente, a la de una respetada referencia en el panorama mundial de la música electrónica.

A sus 40 recién cumplidos, Kleiman cuenta su historia en Héroes: no hacen falta alas para volar, un documental dirigido por Ángel Loza que ya ha recogido 16 premios por todo el mundo y que recorre desde sus primeros pasos hasta su actual vida en Valencia. Juntos acudieron a Madrid hace unos días para proyectarlo dentro de la VIII Semana de Cine Iberoamericano de Villaverde. ¿Aquí no se puede fumar?, pregunta Kleiman en perfecto español, sudando la gota gorda en la cafetería sin aire acondicionado del CaixaFórum, donde nos hemos citado. Pascal ejecuta todo con los pies. Gestos tan cotidianos como encender un cigarrillo, sostener la taza del café, comer, cocinar, lanzar a sus dos hijos en volandas, llamar por teléfono, chequear el e-mail o abrir la puerta de su casa. ¿Hay algo que no haya conseguido hacer con los pies? Liarme un porrito, dice entre risas. Es broma, recula, seguramente tantas cosas como otra gente no podrá hacer nunca con las manos. Para mí era igual de complicado ir a la Facultad de Derecho y tomar apuntes con los pies que entregarme a mi auténtica pasión: la música.

Hoy se ha convertido en todo un modelo para jóvenes djs (como su primo, Greg Mod In) y para eminencias. El propio Laurent Garnier, con quien ha compartido cabina, sale en el documental cantando las excelencias sobre su habilidad para mezclar discos. Sin atender a minusvalías. Esta idea de vitalidad y ausencia de complejos recorre toda la película, donde vemos las cintas en Súper 8 de la infancia de Kleiman en Montauban, testimonios de sus ex novias y de su actual pareja, o a la masa movida por una de sus sesiones en una rave bajo la lluvia.

Cuando nos conocimos, en 1992, le dije a Pascal: Algún día haremos una película juntos, cuenta Ángel Loza. Fue en la discoteca Attica, de Madrid. Yo llevaba dos horas bailando como loco sin saber quién pinchaba. Nos presentó mi hermana y me bastó mirarle a los ojos para saber que podía ser un ejemplo para mucha gente, con o sin brazos, con o sin piernas. Creo que todos somos discapacitados: económica, psicológica o sentimentalmente.

Loza, que rodará el año que viene su primer largometraje de ficción en Brasil con Joaquim de Almeida como protagonista, quiere ampliar el proyecto Héroes a un largo. Estoy buscando a otras dos personas más para reflejar el mismo espíritu de Pascal. Me he entrevistado con 24 por el momento; el problema está en que en este mundo hay mucha más gente negativa que positiva.

De pequeño, Kleiman soñaba con ser Superman (precisamente porque no le hacían falta alas para volar) o El Hombre de los Seis Millones de Dólares (un austronauta de teleserie convertido en cyborg tras un accidente). Después quiso ser estrella del pop y jugador de tenis, dos cosas de las que está cerca. No sabes cómo juega al pimpón, advierte Loza. Hoy afronta su faceta como empresario con Psylove, su propia tienda de discos, y el futuro de una prole que bien podría acabar enganchada a los platos. Su hijo de un año y medio ya se pone él solo los cascos. ¿Por qué no?, se ríe. Ya me lo imagino: Mamá, me voy a una rave con papá. No nos esperes despierta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de julio de 2008