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Reportaje:EUROCOPA 2008 | Retrato de un futbolista espectacular

El funambulista que surgió del arrabal

Cristiano Ronaldo, el jugador más relevante del momento, se agarró al balón con locura para superar una dura infancia en Funchal

Seguidores de 10, 20, 30 y hasta 50 años abrazándose entre ellos y dando saltos de forma incontrolada. Las pocas mujeres que están presentes casi parecen asustadas. En la pantalla de televisión Cristiano Ronaldo, su amigo, su Dios, inicia una carrera salvaje antes de desplomarse en el césped empapado del estadio Luzhniki de Moscú. Es campeón de Europa. Tras haber marcado un fantástico gol de cabeza en el primer tiempo, falló su tiro en la ronda de penaltis que decidía el partido. Pero aún así, su equipo, el Manchester United, consiguió ponerse por delante del Chelsea en el marcador y ganar la Liga de Campeones (1-1, 6-5 en los penaltis).

El 21 de mayo, a 5.600 kilómetros de distancia, en la isla portuguesa de Madeira, los clientes habituales del billar Quinta do Falcão, en Funchal, habían entrado en un maravilloso y antes inaccesible mundo. Miguel Sousa, el dueño, está rebosante de alegría: "¡Ronaldo es como un hermano para nosotros! Él es de aquí. Nos ha situado en el mapa. ¡Gracias a él todo el mundo sabe donde está Madeira!". Sólo le queda un mes de espera antes de que acabe la Eurocopa y Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, de 23 años, una de las más grandes estrellas del fútbol mundial, vendrá a visitarlo cargado de regalos. Camisetas, por supuesto, y tal vez un flamante reloj y un billete de avión para Miami, como la última vez. Miguel cerrará el bar para evitar disturbios y así podrán tomarse una copa juntos tranquilamente: una cerveza Coral para él, y una Brisa Maracudja, el refresco típico de la zona, para Ronaldo.

"Si no fuese futbolista se habría dado a las drogas", afirma Dolores, su madre

"A ver si me llamas hombrecito cuando sea el mejor del mundo", riñó a un compañero

"Prefería los balones a los cochecitos que le regalaba" cuenta su padrino

Cuando se burlaron de él por su acento en Lidboa, amenazó el profesor con una silla

El actual favorito para convertirse en el jugador del año según France Football, el apuesto muchacho que gana 7,83 millones de euros por temporada en el Manchester (más las primas y los ingresos por los contratos publicitarios), creció aquí, en el mayor barrio de Funchal (110.000 habitantes), la principal ciudad de Madeira, una roca volcánica situada a más de 800 kilómetros de la costa de Marruecos. Gracias a las subvenciones de la Unión Europea, el barrio de Quinta do Falcão, construido en la ladera de una montaña, ya no es tan pobre como antes. En los últimos 10 años incluso ha comenzado a resultar atractivo para las familias de clase media, escandalizadas por el precio cada vez más elevado de las propiedades en la costa. Así que ya no sirve de nada intentar encontrar la casa en la que nació Cristiano Ronaldo. Al final de una calle pequeña flanqueada por macetas, un grupo de niños del barrio señalan hacia lo que ahora no es más que un solar rectangular cubierto de hierbajos. Hace unos meses, la vivienda de protección oficial de tres habitaciones hecha de humildes bloques y tablas de madera que tenía un tejado de uralita fue demolida sin miramientos, tanto para atajar el problema de los okupas como para librarse de los desagradables rastros de la primera casa de la estrella.

Dolores, la madre de Cristiano, vive ahora en el otro extremo de la ciudad, en el barrio de São Gonzalo. La mujer, que en su momento fue cocinera, limpiadora y operaria en una fábrica, descansa después de 30 años de duro trabajo en la elegante casa que su riquísimo hijo compró para ella. La casa de Dolores, un sobrio cubo de dos pisos con paredes blancas y una enorme terraza de teca, disfruta de una vista infinita sobre el Atlántico. En el garaje hay un Mercedes y un BMW. Nos sentamos con Dolores en su sala de estar provista de dos elegantes sofás de color gris. De las paredes cuelgan fotografías de su adorado hijo, la camiseta blanca y negra del Nacional Madeira Football Club y una pantalla gigante donde ve todos los partidos del Manchester.

Dolores, madre orgullosa, habla abiertamente de la infancia de Cristiano. "Soñaba con tener un hijo que jugase al fútbol, porque yo adoro ese deporte. A veces Ronaldo faltaba a clase para jugar. Su profesor me decía que tenía que regañarle por eso, pero yo no lo castigaba. Tenía que practicar mucho para convertirse en un gran jugador".

Tampoco le importa hablar sobre los malos tiempos pasados. "Trabajaba duro para que mis hijos pudieran comer todos los días. Tuve que pedir cemento y otros materiales al Ayuntamiento para arreglar nuestra casa. Cada vez que había una tormenta teníamos goteras". A los 20 años, abandonó la isla para irse a trabajar a París. Estuvo tres meses trabajando de limpiadora, pero como ella misma explica: "Mi marido iba a reunirse allí conmigo, pero no lo hizo. Entonces regresé a Madeira porque ya tenía dos hijos".

Cristiano nació el 5 de febrero de 1985 en Funchal. Era el menor de cuatro hermanos. La primogénita, Elma, de 34, regenta desde 2006 una tienda de ropa llamada CR7 en el moderno barrio de Ajuda. Con sus chillones diseños y coloridos conjuntos de marcas de prestigio, el lugar es un imán para las víctimas de la moda. La segunda hermana del futbolista, Catia, eligió Ronalda como nombre artístico para iniciar su carrera como cantante pop. Gracias en parte a la generosidad de su hermano, pudo trasladar su residencia a Lisboa y grabar dos discos: Pronta p'ra te amar (2005) y Esperanza (2007). En casa de su madre, Dolores, finalmente conocimos al hermano de Cristiano, Hugo Aveiro, de 33 años. Director de una fábrica de pinturas con unos 15 empleados, Hugo rechaza amablemente responder a nuestras preguntas. Tras una fachada construida por el éxito del hijo menor, se esconden antiguos secretos que actualmente llenan las páginas de los periódicos. Hace sólo unas semanas, la revista del corazón Maria publicaba un artículo sobre las experiencias pasadas de Hugo como adicto a las drogas. Cuando Dolores nos cuenta que "Ronaldo siempre ha hecho todo lo posible para ayudar a su familia", también se refiere, discretamente, a sus continuos esfuerzos por ayudar a su hermano. "Hugo recayó en las drogas varias veces. Pero Ronaldo siempre volvía a levantarlo. Insistía, a veces utilizando la fuerza, para que se pusiera en tratamiento. Y también era él quién lo pagaba", asegura una persona cercana a la familia. Hace tres años, tras varios internamientos en una clínica de rehabilitación, Hugo consiguió dejar su adicción.

Asimismo, Ronaldo intentó también ayudar a su padre, Dinis, alcohólico crónico, pero todo fue en vano. El corpulento hombre con barba y profunda voz, jardinero del Ayuntamiento, le puso el nombre a su hijo en honor de Ronald Reagan, el actor que acabó siendo presidente de Estados Unidos de 1981 a 1989. Y lo que tal vez sea más importante, él fue quien introdujo a la futura estrella del Manchester en el mundo del fútbol al llevarlo en repetidas ocasiones a las sesiones de entrenamiento del CF Andorinha, un pequeño equipo local en el que solía jugar antes de hacerse voluntario. A pesar de que su problema de hígado fue tratado en las más prestigiosas clínicas, una de ellas en Manchester, Dinis Aveiro falleció en septiembre de 2005 a la edad de 51 años.

"Sufrir una conmoción tan dura como ésa con tan sólo 20 años no es justo", comenta doña Dolores. "Mis cuatro hijos han conocido los peligros de las adicciones a las drogas de primera mano. Pero la única adicción de Cristiano era el fútbol. Si no se hubiese convertido en un futbolista profesional, se habría perdido. Probablemente se habría dado a la droga o le habría sucedido algo igualmente terrible. Muchos de sus amigos del barrio han caído en las drogas o en el alcohol. Hace poco, uno de ellos murió de sobredosis. A pesar de todos mis esfuerzos y, teniendo en cuenta la situación, habría sido difícil para él tener una vida estable... Afortunadamente, tenía un don".

Un don que se hizo patente muy pronto, no sólo por sus mágicas aptitudes con el balón, sino también (¡sí, ya por aquel entonces!) por su igualmente extraordinario ego. Los profesores y los compañeros del colegio que lo conocían en aquella época lo confirman. No había advertencia, queja o bronca que hiciera que el chaval dejase de jugar al fútbol o que dejara de creerse el mejor. Según declaraciones de Antonio Mendonca, entrenador de Cristiano cuando éste formaba parte del grupo de entre 10 y 12 años del equipo CD Nacional, "se sentía tan superior a los otros que nunca les pasaba el balón. Pero el resto de los jugadores lo aguantaban porque marcaba muchos goles. Ganamos todos los partidos 9 ó 10-0".

Hasta la llegada de Ronaldo, nunca había habido ningún jugador de la isla en la selección de Portugal. Madeira era demasiado pequeña, estaba demasiado lejos. Como si su clima templado durante todo el año ablandase a sus jugadores. Cuando tenía 11 años, Gonzalo Gomes destacaba en los terrenos de juego de tierra rojiza de la isla. Era considerado uno de los jugadores más prometedores de su categoría. Pero Gomes se quedó en Funchal. Un año mayor que Ronaldo, hoy en día vive con su madre, se levanta cada día a las 6 de la mañana, gana 700 euros al mes en una planta de embotellado y juega de centrocampista en Tercera por 500 euros al mes. Gomes está seguro de una cosa: "Por mucho empeño que le pusiera, si Ronaldo se hubiese quedado aquí unos años más probablemente habría acabado desistiendo y jugando en algún pequeño equipo de por aquí".

La gente que ahora critica a Ronaldo por su egocentrismo, probablemente no sabe todo eso. Que el hijo de Dolores y Dinis, el niño de la encantadora Madeira, tuvo que luchar para sobrevivir. Que su personalidad se forjó no sólo como una reacción contra el desafío que representaban sus adversarios, sino por el reto que representaba tener que ocuparse de los problemas de su propia familia. Que tuvo que alejarse de su excesivamente protectora madre y de su isla natal para escapar del aburrimiento, de las drogas y del alcohol y convertirse en el orgullo de todo un país. "Me asombra que Ronaldo sea el portugués más famoso del mundo. Sobre todo teniendo en cuenta sus orígenes", declara sonriendo Dolores.

Cristiano cambió Madeira por el continente. Por Portugal. El Rectángulo, como lo llaman en la isla. Esta dolorosa separación sin la cual, tal vez, nada habría sido posible, fue organizada de forma conjunta por dos personas. Una de ellas es Fernão Barros Sousa, un recio hombre de amable sonrisa de 50 años y padrino de Ronaldo. Dinis lo eligió a él porque era el capitán del CF Andorinha y estaba bien situado socialmente. Fernão siempre daba algún capricho a su ahijado en todos sus cumpleaños y en Navidad, desde la distancia. Le enviaba regalos, pero rara vez lo veía. "Hasta hace poco no supe que Ronaldo nunca jugaba con ninguno de ellos. Prefería los balones a los cochecitos y juguetes que yo le regalaba. Tenía balones de todos los colores y tamaños...".

El padrino de Ronaldo (que a veces debía de ser un poco despistado) era entrenador del equipo juvenil del Nacional, uno de los dos equipos profesionales de la isla, cuando se enteró de que había un chaval joven que era un fenómeno y estaba arrasando en el Andorinha. Intrigado, Fernão fue a echar un vistazo. "Descubrí con gran sorpresa que se trataba de mi ahijado. Sabía que jugaba al fútbol, pero no sabía que era tan bueno. Era muchísimo mejor que el resto. ¡Inmediatamente me di cuenta de que el niño podía ser la salvación para su familia!". Unos meses después, el joven Cristiano se iba del CF Andorinha al CD Nacional por unas cuantas camisetas y unas botas de fútbol.

En 1996, con 11 años, Ronaldo ganó el campeonato de Madeira con el equipo del grupo de su edad. Fernão Barros Sousa se puso en contacto con la segunda de las personas que iban a cambiar el destino del niño. El asistente del procurador general João Marques de Freitas era el representante en la isla del Sporting de Lisboa. "El Sporting envió a alguien a hablar con la familia. Poco después, Ronaldo se fue a Lisboa a hacer una prueba. Dos días más tarde me dijeron '¡Este niño es brillante!'. Lo que pasó después ya se sabe...". Aunque "lo que pasó después" no siempre es fácil de asimilar. En una entrevista publicada por L'Équipe Magazine en febrero de 2007, Ronaldo contaba cómo había sido su primer día en la escuela del Sporting. "Nos llamaban por nuestro número. El mío era el 5. Yo me levanté y dije: 'Cristiano Ronaldo'. Todos empezaron a reírse de mi acento. Se estaban burlando de mí. Empecé a enfadarme. No me sentó bien. Me enfadé". ¡Hasta tal punto que amenazó al profesor con una silla!

Sin embargo, los insultos no duraron mucho. "Gracias a su extraordinario talento se adaptó muy rápido. Los otros jugadores le pasaban el balón porque sabían que era el mejor", comenta Leonel Pontes, uno de los entrenadores del Sporting. También natural de Madeira, Pontes cuidó al temperamental Cristiano durante tres años y medio. "Ronaldo empezó a jugar en el primer equipo cuando tenía 17 años. Durante una sesión de entrenamiento en la que estaba yendo a por todas, en la que quería demostrar que valía la pena, un jugador mayor le dijo: 'Tranquilízate, hombrecito...'. Ronaldo respondió: 'A ver si me llamas así cuando sea el mejor jugador del mundo".

Para satisfacer sus ambiciones y vivir su sueño, el joven prodigio se vio obligado a exiliarse una vez más. Tras siete años en el Sporting -de 1996 a 2003- su actuación en un amistoso contra el Manchester impresionó profundamente a su entrenador, Alex Ferguson. Ronaldo había sido transferido del Nacional Madeira al Sporting por 25.000 euros, el equivalente a una antigua deuda contraída por los isleños con los lisboetas. El United pagó 18 millones de euros. O lo que es lo mismo, 720 veces más.

En Old Trafford, Ronaldo viste actualmente la famosa camiseta con el número 7 que anteriormente llevaron George Best, Eric Cantona y David Beckham. Cuatro años después de la derrota contra Grecia en la final de la Eurocopa 2004 (1-0), el hijo de Dolores y Dinis Aveiro clama venganza. No sólo sus adversarios, sino también sus compañeros de equipo, lo tendrán muy difícil para arrebatarle el balón. Él mismo lo reconoce: "Sí, en ocasiones intento demasiadas cosas y juego demasiado. Y lanzo fuera el balón (...) Lo admito. Yo soy así. Soy competitivo. He luchado durante toda mi vida para hacer mi sueño realidad, así que cuando hago un regate es porque quiero ganar".

© L'Equipe.

A Cristiano Ronaldo sólo le supera Beckham en lalistaWIP

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de junio de 2008