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Entrevista:EL RETROVISOR | STIELIKE | EUROCOPA 2008

"¡No nos lo creíamos!"

El medio recuerda el triunfo de 1980, cuando se dio a conocer Schuster

Mientras recuerda la "calidad de un chaval con el pelo cortado a tazón" llamado Schuster y de aquella Alemania que "sólo era un proyecto" y aun así conquistó la Eurocopa de 1980, Uli Stielike (Ketsch, 53 años) deja atrás, por unos momentos, la muerte hace cuatro meses de su hijo Michael, de 23 años, por una fibrosis pulmonar.

Pregunta. ¿Schuster era para tanto?

Respuesta. Era el más jovencito del equipo, con apenas 20 años. Llevaba el mensaje implícito de que el relevo generacional propuesto por Jüpp Derwall iba en serio. Esa Eurocopa fue la cuna del éxito de Bernd. Desde entonces todo el mundo conoce su nombre. De hecho, el Barça le fichó ese verano. Meses después, ganó el Balón de Plata.

"Mathäus se echó a llorar al convocarle. ¡Ya había hecho planes con la novia!"

P. Las malas lenguas cuentan que usted le llamó niño mimado, y que Schuster renunció con 23 años a la selección tras una bronca con Breitner.

R. Con Schuster tengo una buena relación, aunque no puede hablarse de amistad. En cuanto a Breitner, él sabrá. Pero la Eurocopa de 1980 no la jugó.

P. Usted retrasó su posición a la de líbero para dar entrada a Schuster en el centro del campo.

R. Aunque no me fue mal, yo prefería jugar más adelantado. ¡Lo divertido es tener contacto con el balón! De libre jugaba más con los ojos que con el pie. Me anticipaba, pero lo que es participar... En cuanto a Schuster, tras la imagen que dimos en el primer partido, en el que ganamos gracias a Rummenigge a Checoslovaquia (1-0), Derwall tenía que hacer algo. Y le sacó del banquillo.

P. ¡Pues vaya si acertó!

R. Bernd tenía una visión de juego magnífica, te enviaba un balón a 50 metros con precisión milimétrica. Eso te descongestionaba el tráfico que no veas. Su efecto fue instantáneo contra Holanda (3-2), a la que nos merendamos con un hat-trick inicial de Allofs. Luego nos confiamos un poquito.

P. El partido contra Grecia sobró.

R. Tuvimos suerte de que los últimos partidos de cada grupo no se jugasen a la vez. Como Holanda y Checoslovaquia habían empatado antes entre sí, incluso nos podíamos permitir el lujo de perder con los griegos. ¡Ya estábamos clasificados para la final! Entonces no había semifinales ni nada de eso. Lo de hoy es mucho más interesante y divertido. Te puedes permitir un fallo y, sin embargo, llegar lejos.

P. Con Bélgica enfrente, ¿se sentían campeones por adelantado?

R. ¡Para nada! En principio, todo era una prueba para el Mundial de España 82. Ni nosotros ni el entrenador creíamos que podíamos ganar aquella Eurocopa. Pero claro, éramos Alemania, y el sorpresón lo protagonizó Bélgica, con Vandereycken y Van der Elst. Quedar primera por encima de Italia, Inglaterra y España... ¡Buff!

P. Los belgas practicaban como nadie el fuera de juego. ¿Qué los hacía tan especiales?

R. Por entonces no estábamos tan acostumbrados a esa regla. Y era más difícil aplicarla, porque siempre tenías a alguien que jugaba de libre. Ellos lo estudiaron a conciencia.

P. Tuvo un final feliz, pero usted se llevó un buen disgusto...

R. Hrubesch nos adelantó, pero el árbitro, un rumano, Rainea, me pitó un penalti a Van der Elst a falta de 20 minutos. ¡La falta fue a dos metros del área! No me lo podía creer, la hice aposta, sabiendo que estaba fuera. Si llega a estar dentro, ni me atrevo... ¡Hoy día sería tarjeta roja! Menos mal que en el último minuto, tras un córner de Rummenigge, Hrubesch cabeceó a la red.

P. ¿Por qué tienen esa predisposición natural para marcar en el último minuto?

R. Cuestión de confianza y fortaleza física. Un ejemplo: Rummenige le dijo al fotógrafo que estaba sentado al lado del banderín "Ten cuidado, apártate, que ahora vamos a marcar". ¡Y gol de la jirafa Hrubesch!

P. Sí que tenía que ser alto...

R. Para lo que manejan ahora no mucho (1,89 m). El juego estaba centrado en la cabeza de Hrubesch, que con esos dos goles acalló las críticas. Por alto iba muy bien, pero técnicamente... Digamos que no era muy fino. Pero él, como todos, sabía cuáles eran sus debilidades. Como Briegel o Förster. Eran unos toros. Hacían lo que sabían, no se ponían a driblar o dar pases de 50 metros. La generación del 72 fue la que mejor fútbol desplegó. Era más técnica. ¿Nosotros? Más equipo.

P. ¿De verdad que no se esperaban ganar la Eurocopa?

R. ¡No nos lo creíamos! Para que se haga a la idea, Lothar Mathäus, que debutaba, se echó a llorar cuando supo que estaba convocado. ¡Ya había hecho reservas para irse con la novia!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de junio de 2008