Reportaje:EUROCOPA 2008 | Un debut prometedor

Villa, encantado con Torres

"Mis dos primeros goles se los debo a Fernando", asume el valencianista, el séptimo jugador que logra un triplete en el torneo

Villa es un hombre coqueto. El día de su triplete con la selección española no podía ser una excepción. Así es que, después de meter tres goles, un hecho histórico, nunca antes conseguido por un español en una fase final de la Eurocopa, se metió al vestuario, se duchó, se miró al espejo y con gel dio forma escultural a su cresta. Salió a los focos y, lejos de afirmar su individualismo, lo primero que hizo fue reivindicar la unidad del grupo: "Yo marqué, pero hoy, el que abrió la lata fue Fernando Torres".

Hizo Villa de su éxito una demostración de afecto hacia Torres. La puesta en escena resultó sorprendente. Sobre todo, porque a lo largo de los últimos meses, en los mentideros, se anunciaba un conflicto. Se decía que Torres y Villa eran incompatibles. Que no se entendían. Que no se hablaban. Que competían. Nada de eso ha ocurrido. Al revés. Entre ambos tumbaron a Rusia. El autor de los tres goles tuvo muy en cuenta la celebración. Sobre todo, después de rubricar el tercero. Se dirigió al banquillo y se lo dedicó a Torres, que se encontraba en él tras haber sustituido por Cesc. "Se ha hablado demasiado de que este grupo no estaba bien, que nos faltaba acoplamiento y unidad. No es verdad. Mis dos primeros goles, en un alto porcentaje, se los debo a Torres. El primero me lo sirvió él. Y en el segundo abrió los espacios que permitieron a Iniesta darme el pase. Me he beneficiado de Fernando y se lo quería agradecer".

'El Guaje' abrazó con tanta fuerza a su socio tras un gol que se lesionó dos dedos
"Yo sólo hago mi trabajo. El que decide es el entrenador. No hay más"
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Villa no dejó ningún detalle librado al azar. En la conciencia colectiva de la plantilla perdura el recuerdo del gol de Raúl a Túnez durante el Mundial de Alemania 2006. El ex capitán lo festejó autoexaltándose a sí mismo y a su camarilla, Míchel Salgado y Cañizares. Se abrazaron los tres alejados del resto, que contempló la coreografía con perplejidad. Ayer, Villa pretendió exorcizar esos fantasmas. Que su dorsal sea el 7, el número que Raúl siente como propio, tiene una simbología nada circunstancial.

El príncipe Felipe, que se presentó en Innsbruck antes del partido, felicitó a Villa por sus goles. El delantero, que se fue con el balón bajo el brazo, se mostró orgulloso. "Para mí, ha sido un honor", dijo. Sus tres tantos merecieron el homenaje. El último futbolista español que consiguió algo igual fue Michel en el Mundial de Italia 1990, contra Corea del Sur. Han pasado 18 años.

"Cuando empezó la concentración, se dijo que yo iría al banquillo y que Torres jugaría", recordó Villa; "yo sólo digo que hago mi trabajo. El que decide ponerme es el entrenador. No hay más. Ahora hemos terminado jugando con Fernando juntos. Él es fundamental para nosotros. Hoy hemos estado juntos para ayudar a dar el primer paso. Porque eso es lo que ha sido este partido. Todavía queda mucho por delante".

Tanto amor profesa Villa por Torres que, tras el primer gol, se abalanzó sobre su compañero del ataque y le abrazó con tanta fuerza que se rompió los dedos. "Me lo he hecho festejando", dijo El Guaje al salir de la ducha. En su mano izquierda, como un trofeo, lucía una venda blanca enroscada alrededor de sus dedos anular y corazón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de junio de 2008.

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