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La presión de los precios

El análisis de la economía española tiene que centrarse en el contexto económico internacional que, como es ya bien sabido, se caracteriza por dos hechos importantes. Uno es la crisis financiera que está teniendo efectos sobre las economías reales de los diferentes países, siendo éstos más graves en los países que tenían fuertes necesidades de financiación exterior, como España. Esta necesidad de financiación de la economía española estaba muy relacionada con la fuerte expansión del sector de la construcción, con lo que dicho sector ha entrado en un proceso de recesión agudo. Otro hecho relevante en el ámbito internacional es la fuerte subida de los precios de muchas materias primas, debido, entre otras cosas, pero fundamentalmente, a una mayor demanda mundial que la oferta no puede atender adecuadamente por el momento. Esto es especialmente importante en el caso de ciertos productos agrícolas y del petróleo. La consecuencia de todo ello es que se están generando presiones inflacionistas fuertes en muchos países. En el caso del petróleo la oferta está operando cerca del límite de su capacidad productiva y las subidas de precios están produciendo un cambio permanente en los precios relativos. Esto implica que en países que no son productores de petróleo como España va a ser necesario que se adapten las estructuras productivas y hábitos de consumo a esta nueva realidad en los precios, y que cuanto antes se haga, mejor.

Las medidas contra la inflación deben centrarse en propiciar mayor competencia

El contexto internacional es de fuerte desaceleración o incluso recesión de la economía de Estados Unidos y de desaceleración a escala global. Con los últimos datos algunos economistas parecen descartar la recesión en ese país. Para la economía de la zona euro se viene prediciendo igualmente una desaceleración, aunque de menor magnitud que la esperada para EE UU. Sin embargo, hay que destacar que con el dato de mayo del indicador de sentimiento económico, el Boletín de Inflación y Análisis Macroeconómico (BIAM) de la Universidad Carlos III ha revisado al alza sus previsiones de crecimiento dando para 2008 una tasa anual en el rango de 1,4%-2,0% y de 1,2%-2,0% en 2009. Este contexto de bajo crecimiento económico se produce en una situación en la que la inflación ha alcanzado en el pasado mes de mayo, según se ha conocido, una tasa muy elevada, del 3,6%, siendo previsible que el objetivo inflacionista del Banco Central Europeo no se alcance a lo largo de 2008 y 2009, con lo que el BCE será muy reticente a bajar su tipo de interés de referencia del nivel actual del 4%.

En cuanto al crecimiento económico en España, las predicciones del BIAM señalan que las tasas de crecimiento en 2008 y 2009 estarán en los rangos 1,6%-2,1% y 0,7%-2,0%, respectivamente. Comparadas con las predicciones para la zona euro se observa que la crisis en España va a ser más aguda, es decir, se va a reducir más el crecimiento sobre los niveles que se tenían en 2007, y va a durar algo más. Sobre el perfil de esta desaceleración económica el dato del indicador de sentimiento económico publicado este viernes es relativamente esperanzador en el sentido de que su caída ha sido exactamente en la magnitud esperada, es decir, según este indicador en mayo no se han producido innovaciones que agraven las expectativas de bajo crecimiento económico que ya se tenían. Así, trimestre a trimestre se espera que la economía española se desacelere fuertemente a lo largo de 2008 con tasas de crecimiento anual, de un trimestre sobre el mismo trimestre del año anterior, que pasarán de un máximo cíclico del 4,1% en el primer trimestre de 2007 a un mínimo de 0,9% en el último trimestre de 2008.

En cuanto a la inflación, es muy probable que en agosto se registre un pico inflacionista con una tasa superior al 5% y que valores por debajo del 4% no se registren hasta finales de este año. Para 2009 en el BIAM se predice una tasa de inflación en el intervalo 2,1%-3,5%. Este perfil de tasas de inflación en 2008 muy por encima de las de 2007 es común a la zona euro, pero entre España y dicha área se registra un diferencial importante entre las correspondientes inflaciones subyacentes, que procede de los precios de los servicios, ya que en los precios de los bienes, excluidos alimentos y energía, el diferencial de inflación es favorable para España. Parece, pues, que las medidas para luchar contra la inflación en España deben centrarse en propiciar mayor competencia y flexibilidad en el sector de servicios.

Antoni Espasa es catedrático de Econometría, director del Instituto Flores de Lemus.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 31 de mayo de 2008.