Reportaje:

Y el comprador era... Abramóvich

El multimillonario ruso adquirió dos obras de Freud y Bacon por 76,5 millones

A Roman Abramóvich, el multimillonario ruso erigido en uno de los hombres más ricos del planeta, le gusta hacer las cosas a lo grande, como revelan entre otros sus magníficas mansiones de Londres, la campiña inglesa y Saint Tropez, su flota de yates y aviones Boeing o un equipo de 40 guardaespaldas. Su reciente desembarco en el mundo del arte no podía ser menos: el magnate ha sido identificado como el misterioso comprador que la semana pasada pulverizaba récords en las subastas de Nueva York al desembolsar un total de 76,5 millones de euros por sendos cuadros de Lucian Freud y Francis Bacon. El martillo de Christie's sentenciaba el martes la venta de Benefits supervisor sleeping, un voluminoso desnudo femenino pintado por Freud en 1995, en 21,5 millones de euros, la cifra más alta pagada nunca por la obra de un artista vivo. Al día siguiente, los rivales de Sotheby's conseguían 55 millones de euros por un tríptico del fallecido Bacon, que registraba la cotización más elevada de un artista contemporáneo.

La autoría de tan fabulosa inversión -un valor sólido, en tiempos de crisis económica- ha sido desvelada por la prestigiosa revista The Art Newspaper, que cita fuentes del mercado del arte.

En los cenáculos de Londres, ciudad donde está afincado Abramóvich, se da por hecho que los dos cuadros decorarán su opulenta residencia en el barrio de Belgravia, donde vive con su novia, la ex modelo Daria Zhukova (25 años), una aficionada al arte que prepara la apertura de su propia galería en Moscú, el próximo septiembre. Esta relación sentimental desencadenó la ruptura del magnate con su segunda esposa y madre de sus cinco hijos, Irina, en un proceso de divorcio que el año pasado se tramitó en su Rusia natal, cuyas leyes, más benévolas que las británicas, matizaron la compensación económica a la ex cónyuge.

A sus 41 años, el magnate posee una fortuna estimada en 14.700 millones de euros, fruto de la explotación de los activos petroleros y del sector del aluminio de su país, negocios avalados por el ex presidente y ahora primer ministro Vladímir Putin. Este poderío le permitió firmar un cheque por 182 millones de euros para hacerse en 2003 con el Chelsea, uno de los equipos más emblemáticos del fútbol inglés, al que inyectó otros 640 millones para cancelar deudas y realizar nuevos fichajes. Abramóvich vive ahora pendiente de la final de la Liga de Campeones, que el Chelsea disputará mañana al Manchester United. Sólo los grandes hinchas del fútbol son capaces de dirimir si el gozo de obtener ese triunfo puede ser equiparable al de contemplar las obras de dos de los artistas más reconocidos del arte contemporáneo colgadas en las paredes de su casa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 19 de mayo de 2008.