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Necrológica:

Leyla Gencer, 'la diva turca'

La soprano cantó principalmente óperas de Verdi

La soprano turca Leyla Gencer falleció el 9 de mayo en su domicilio de Milán a causa de una insuficiencia cardiorrespiratoria. Tenía 79 años. De padre turco y madre polaca, recibió una educación de estilo europeo con estudios de Humanidades además de la formación de canto.

Debutó en la ópera en Ankara en 1950 interpretando a Santuzza, de Cavalleria rusticana, de Mascagni. Con el mismo personaje actuó por primera vez en Nápoles, donde a lo largo de su carrera fue admirada y estimada de una manera especial. En La Scala de Milán se presentó como Madame Lidoine en el estreno mundial de Diálogos de carmelitas, de Poulenc, en 1957. No fue el único estreno en el teatro milanés, pues también participó en Asesinato en la catedral, de Pizzetti. Fue precisamente en Milán donde la apodaron la diva turca, actuando en La Scala con regularidad hasta 1983 y aceptando, una vez retirada, la dirección de la academia de jóvenes intérpretes, gracias a una iniciativa de Riccardo Muti. En el Covent Garden de Londres debutó en 1962, y la penetración en el extenso circuito americano la hizo desde la Ópera de San Francisco.

Su repertorio básico fue el italiano, desde el belcantismo de Bellini y Donizetti hasta el verismo, con parada y fonda privilegiada en Verdi. Con Karajan, por ejemplo, cantó Violeta, de La traviata, en la Ópera de Viena. No solamente incorporó a su repertorio las grandes óperas verdianas como Aida, La forza del destino o Don Carlo. También contempló títulos de juventud del compositor como La battaglia di Legnano, I due Foscari, Attila, Jerusalem y otras. En las óperas de Verdi formó pareja con frecuencia con Carlo Bergonzi, al igual que en las de Donizetti lo hizo con Jaume Aragall. De la actividad operística se retiró en 1985 en La Fenice de Venecia, pero continuó dando recitales hasta 1992.

Contemporánea de Maria Callas y Renata Tebaldi, la soprano "de agilidad" Leyla Gencer no abdicó en ningún momento de su condición de oriental y musulmana. Se definía a sí misma como fatalista, gentil, pacífica e incluso conformista, pero cuando pisaba un escenario se transformaba y llenaba sus personajes de una fuerza, un carácter y una musicalidad arrolladoras. Todo ello ha contribuido en gran medida a que su valoración artística haya entrado en un territorio casi de leyenda, a pesar de que sus grabaciones discográficas no son excesivamente numerosas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de mayo de 2008