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Reportaje:

El triunfo de un futbolista de barrio

Cuéllar, elegido el mejor jugador de la Liga escocesa, disputa con el Glasgow Rangers el título de la Copa de la UEFA al Zenit

Del San Federico al Glasgow Rangers. De los campos de tierra del Santo Ángel a la pradera de Ibrox Park. Del distrito madrileño de Tetuán a Europa. De las ligas de barrio con el Pegaso y el Santa Ana a la final de la Copa de la UEFA de hoy (20.30, Antena 3) en Manchester, donde le espera el Zenit de San Petersburgo. Carlos Cuéllar (Madrid, 26 años), "un futbolista hecho a sí mismo", se ha ganado a la afición católica en menos de un año. Por el momento, la organización del campeonato escocés ya le ha nombrado el mejor jugador. "Y eso que soy un central y estos premios siempre se los llevan los delanteros", matiza Cuéllar dicharachero.

Fanático de Fernando Hierro y Paolo Maldini, la historia del defensa comprado a Osasuna por 3,5 millones de euros es "como la de la Cenicienta". "A Ferrol, de donde soy, no te van muchos ojeadores a mirar precisamente. Pero, aun así, Carlos se lo ha currado mucho más", interviene Nacho Novo. "Yo no llegué a jugar en Segunda y él estuvo dos años en la categoría con el Numancia y antes, cedido en el Calahorra, ¡jugó la fase de ascenso que se llevó el Poli Ejido! Pongo la mano en el fuego, o todas las partes del cuerpo que hagan falta, en que es un futbolista hecho a medida para un grande. Lástima de que no se llame Cuellarinho", sentencia el delantero del Rangers.

El central no superó "de chavalillo" las pruebas del Real Madrid

"La gente se alegra mucho por lo bien que me está yendo. Se sienten orgullosos de que alguien humilde pueda llegar a cotas tan altas. Hasta los hay que se identifican conmigo. Si todo el mundo supiera lo difícil que es salir de un equipo de barrio por ti mismo, sin jugar en la cantera de ningún club importante...", reflexiona Cuéllar, que "de chavalillo" no superó las pruebas del Madrid.

"Le descubrí por casualidad cuando era juvenil. Contra el Atlético, en el Cerro del Espino", asiente su agente, Pedro Bravo, que, más allá de las cualidades técnicas de su representado, valora que sea "un jugador de traspasos: el Numancia pagó por él un millón de las antiguas pesetas al San Federico y, dos años después, le fichó Osasuna por un millón de euros". "Ahora es muy fácil decirlo, pero tenía su técnica y se le veían unas condiciones físicas y psicológidas tremendas. Siempre está contento. Eso es fundamental en la vida y en el fútbol. Su desparpajo dentro y fuera del campo es salvaje", valora Pacheta, el director técnico del cuadro soriano. "Es muy sanote. Crea una atmósfera especial", añade Novo. "¿Eso dice el padrino?", responde divertido Cuéllar. "Es que recibo amenazas en el móvil, tipo 'ojalá los del IRA te peguen un tiro', de los hooligans del Celtic", replica el punta gallego.

"En el buen sentido, Carlos es un macarrilla de Madrid. Desde el primer instante se mete al vestuario en el bolsillo", cuenta Ángel Martín González. El secretario técnico del conjunto navarro sigue "sin entender" que ningún club español se lo llevara el pasado verano. "Es de locos, porque es un central como la copa de un pino. Va bien de cabeza, la sabe sacar jugada... Lo tiene todo", le alaba Izquierdo. "Antes era delantero, pero como desde enano medía 1,90 metros, me fueron retrasando y retrasando y terminé de defensa", se justifica Cuéllar. "El único problema es que quería demostrar lo bueno que era. Y claro, se metía en unos berenjenales, regateando en su propia área... Cuando asumió que no se debía complicar la existencia, se destapó", afirma Martín González. "Es muy buena persona, y eso le metía en líos en una posición difícil", explica Bravo.

"Creo en la anticipación antes que en una entrada dura. Y mira por dónde, en Escocia no te pitan falta a no ser que sea un escándalo", observa Cuéllar, que espera tranquilo el juego brioso del Zenit. "Ya es hora de que la Recopa de 1972 tenga compañía", se mentaliza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de mayo de 2008