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COLUMNA

Un modelo cuestionado

La crisis crediticia ha puesto de manifiesto la debilidad del modelo bancario de las últimas décadas. Tras varios años de fijación casi obsesiva del G7 y las instituciones financieras internacionales con el riesgo potencial de los hedge funds, el sistema financiero se rompió en cambio por su parte más débil (y más inesperada), en este caso los bancos. La combinación de un deterioro de la calidad de las hipotecas americanas, un aumento exagerado del apalancamiento del sistema bancario, el desarrollo de estrategias de arbitraje regulatorio destinadas a localizar una parte importante de las inversiones fuera de balance, y errores importantes en la evaluación del riesgo, culminaron en la crisis que ha puesto en duda la viabilidad de un modelo de banca cada vez más especulativo y menos líquido.

En un contexto de curvas de tipos planas que han reducido los márgenes, la estrategia se ha centrado en la generación de beneficios a través de operaciones de cartera por cuenta propia. Una de las razones de la rápida expansión del mercado de derivados crediticios ha sido la rentabilidad de la originación y comercialización de dichos productos. El atractivo de estas operaciones llevó a varias instituciones a primar el volumen por encima de la evaluación de los riesgos asociados con las mismas, resultando en las enormes pérdidas de los últimos trimestres. Además, el aumento de la importancia de las operaciones de cartera por cuenta propia en los resultados conllevó, en muchos casos, un aumento del apalancamiento camuflado durante un tiempo por los buenos beneficios, pero que ha sido letal cuando las estrategias han resultado equivocadas. Un informe de los bancos centrales confirma que las entidades que han sufrido las mayores pérdidas se caracterizan por un sistema de evaluación y gestión del riesgo ineficiente.

Ante tales sorpresas en entidades cuidadosamente supervisadas y reguladas, las autoridades se plantean un endurecimiento del control sobre el sector. El informe reciente del Fórum para la Estabilidad Financiera recomienda un reforzamiento de los requerimientos de capital, mayor control sobre operaciones fuera de balance y un análisis más estricto de las necesidades de liquidez. Este mayor control, combinado con un mercado de derivados crediticios que tardará en reabrirse y una actitud muy precavida derivada de las pérdidas todavía recientes en las operaciones de cartera, sugiere que las perspectivas de ingresos para el sistema bancario mundial no son halagüeñas y que su modelo de negocio necesita una profunda transformación.

Los bancos centrales han comprendido que, para garantizar la estabilidad financiera, necesitan tener un control más estricto sobre las entidades de mayor tamaño. Bear Stearns fue rescatado porque, siendo uno de los principales actores en el mercado de derivados crediticios, su desaparición hubiera tenido un efecto dominó de impacto incalculable para el sistema financiero. Pero toda garantía conlleva una contrapartida, y ésta será, probablemente, una menor rentabilidad, al menos a corto plazo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de mayo de 2008