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Necrológica:

Josetxo Anitua, un músico consecuente

Formó el grupo Cancer Moon y colaboró con Atom Rhumba

Josetxo Anitua, que ayer murió en Bilbao a los 43 años, será siempre para muchos el vocalista del grupo Cancer Moon, una de las formaciones que protagonizó la oleada más interesante de lo que se llamó el rock del norte, calificativo que en él se queda corto.

Dejó el grupo a mediados de los noventa, pero siguió teniendo sus momentos estelares. Hace tres años, y tras una década de retirada, se subió al escenario para grabar junto a Atom Rhumba el disco Anitua&Rhumba, en el Kafé Antzokia de Bilbao, con temas de Marc Bolan, Caetano Veloso o la Velvet Underground. Cuentan que fue una noche memorable.

Para otros, que le quisimos en escenarios diferentes, será siempre aquel tipo sensible, con una expresión de quien se siente abrumado por lo que le rodea, tímido hasta el sonrojo, "el buenazo de Josetxo", muy guapo y dotado de un atractivo peculiar, tan alto y desgarbado.... Su infancia, recordada por su amigo Ivon Unamuno, transcurrió entre Eibar, donde nació en 1964, y Zarautz, la casa de verano y fines de semana. Descendía de una familia industrial por los dos costados: la del padre, dedicada a las bicicletas; la de la madre, al sector armamentístico.

Pero él siempre sucumbió a su vena poética. Desde muy joven tocaba el piano, hablaba inglés y francés y en La Salle de Eibar sacaba sobresalientes. Algo cambió cuando se fue de campamento a Inglaterra: The Pretenders le inocularon la pasión por el rock durante un concierto. Y empezaron los ensayos en oscuros sótanos. Y también el mandato familiar de estudiar una carrera. Empezó Ingeniería y la dejó. Siguió con Económicas, que no acabó. Mientras, algunas tardes en el Colegio Mayor de Deusto le veíamos cómo se ponía un tupé a lo David Bowie, su ídolo y con quien compartía un físico similar, y se iba por ahí.

Consecuente con su vida -que a trancas y barrancas basculó entre un mundo "de pijos" y el del duro rock & roll- empezó a ganarse la vida con otra de sus vertientes creativas: el diseño de ropa para la firma Loreak Mendian, de la que era socio. Allí, la tienda de la Plaza Nueva de Bilbao era el lugar más accesible para quien quisiera compartir un rato con él. El día, los miércoles. Pero ayer no fue.

Será enterrado hoy en Eibar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de abril de 2008