Reportaje:MÚSICA

Intelectuales de Discopaf

GENÍS Segarra es un ser, y esto no es por faltar. Realmente es un ser incatalogable: ¿hombre? ¿cyborg?¿Homo andróginus? Su flema inquebrantable hace pensar en el Bowie clásico; aquella cosa impertérrita que nadie sabía como tomar. Genís Segarra es igual que Bowie, sólo que de Lleida, con bigotillo de espía, melena de Barón Rojo, y mitad del grupo de pop glorioso Astrud. Su pareja en Hidrogenesse, la banda paralela de Segarra, es Carlos Ballesteros, otro ser, y además extrañamente parecido a él. Como un skrull, como el Zelig de la película de Woody Allen, Ballesteros se ha mimetizado con su socio. O al revés. En cualquier caso, los dos son iguales, y tenerles delante da un poco de cosa. Es como la invasión de los ultramodernos.

Nos interesa el concepto de buscar la fama a

Juntos, café para dos, se llaman Hidrogenesse. Son un dúo de pop electrónico a la vez intelectual y mundano; como si dos sociólogos se pusieran a escuchar Tarzan boy o a Madonna durante un año. Porque Hidrogenesse son también nostálgicos, aunque de una manera amarga. No hay celebración ni aplauso en su añoranza, sino más bien un interés científico: los dos aplican sus bisturís al italo-disco, al pop chabacano de los ochenta, a grupos alemanes como Harmonia, y mezclan todo ello con alma populista y reflexión sociocultural. El resultado es Bestiola (2008), un disco de remezclas y descartes de su anterior elepé Animalitos (2007) que es tan refinado como discopafero.

La inspiración primigenia del dúo catalán en el 1997 en que se formaron era la fama. La fama como meta, como psicopatía y como espejo. El sonido de aquello no podía ser otra cosa que electropop de centro comercial, banda sonora de juanis y nens. El grupo era una cosa conceptual, comentan. Queríamos hablar sobre el éxito. Nos interesa el concepto de buscar la fama a cualquier precio: si no me hago famoso porque bailo es porque soy muy simpático; si no es por esto es porque Mira la señora esa que hizo explotar su casa en la Verneda (Barcelona): había estado muchas veces en platós por distintos motivos. Hay una cantidad de material de archivo sobre ella impresionante, porque se pasaba el día en debates televisivos.

Esa fascinación por la popularidad es la razón por la cual una de las primeras declaraciones de principios del grupo fue una versión de Morrisey en catalán, retitulada És odiós quan els amics triomfen (Es odioso cuando los amigos triunfan). Aquella canción estaba dedicada al rock català. De cómo durante una época no paraban de salir por TV-3 payeses con una guitarra tocando delante del Ayuntamiento de su pueblo. Nos parecía muy divertido. Donde Morrissey decía: Si son del norte es aún peor, nosotros poníamos: Si son de Lleida es aún peor. Por otra parte, hay gente que odia algo cuando empieza a ser muy conocido. Nos interesaba el concepto de celebridad, pero también cómo en algunos círculos algo es lo más si lo conocen 10 y el grupo toca en un bareto cualquiera, pero a la que los ficha un gran sello ya espassé.

Otra forma de definir a Hidrogenesse sería mediante una de las versiones de su anterior elepé. Es El Vestir den Pasqual, un clásico del cabaret catalán de los años treinta que es puro surrealismo en charlestón, y que repopularizó la cantante Guillermina Motta en los setenta. Esa versión es como Cabaret, apunta Segarra, un icono de los setenta que a su vez glorifica los años veinte. Es curioso cómo los punkis, la gauche divine y Bowie se pusieron de acuerdo sobre que lo que molaba era el Berlín de los veinte. Lo decidió Guillermina, pero también Siouxsie.

Esa ambivalencia es puro Hidrogenesse: electrónica prusiana y Mary Santpere, juntos. Catalanes universales pero raros, como Dalí. Hidrogenesse es bailar con resquemor, como bailaba Eva Braün en los últimos días del búnker hitleriano. Si existe el easy listening, Hidrogenesse son uneasy listening. MFA: Música de Fondo Activa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 18 de abril de 2008.

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