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Reportaje:

La República de los maestros

La Complutense homenajea a la escuela de la Segunda República

El Jardín Botánico de la Complutense acoge hasta el 9 de mayo un interesante repaso al tremendo esfuerzo de alfabetización y educación realizado durante los ocho años de Segunda República española, cuyo 77º aniversario se celebraba ayer. Olvidados durante casi medio siglo, la exposición recuerda también a los miles de maestros represaliados durante la guerra y el franquismo, verdaderos protagonistas de una política educativa ambiciosa truncada por la sublevación militar.

En el momento de la proclamación de la República existían aproximadamente un millón de niños no escolarizados, la tasa general de analfabetismo se situaba en el 43% de la población y en más del 50% en las mujeres. España contaba con 32.000 escuelas, en su mayoría hechas trizas: "Con mesitas rotas, bancos cojos, tinteros mellados, polvo, manchas de humedad... No es amable ni grata la escuela de hoy", describía en la época el periodista, pedagogo y escritor Luis Bello en su Viaje por las escuelas de España.

Una de las primeras medidas instauradas en la República fue lanzar un plan para duplicar el número de escuelas, con un gasto de 600 millones de pesetas. Pese a la crisis económica, España quería realizar la mayor inversión educativa del mundo. La idea era construir 5.000 escuelas por año. En el primer bienio, sólo en Madrid se construyeron 514. En toda España, los profesores, que recibieron un notable aumento de sueldo hasta las 3.000 pesetas, pasaron de 35.000 a 46.000. "Era la República de los maestros", según palabras de Juan Jorganes, presidente de la Fundación de Investigaciones Educativas y Sindicales, de Comisiones Obreras, que ha organizado la exposición.

Al esfuerzo económico se le unió el pedagógico. Se instauró un modelo de enseñanza no memorística, más basada en la experiencia directa de los alumnos que en los libros. En la Constitución de 1931 se recogía además la gratuidad de la educación primaria, la libertad de cátedra y la laicidad de la enseñanza, que se debía inspirar en "ideales de solidaridad humana". Se eliminaba la discriminación en aulas por sexos.

Tales ideales provocaron la reacción de la Iglesia y los sectores conservadores, que alertaban contra los peligros de la Escuela Única, a la que tachaban de "dictadura de los maestros ateos". Después vendría la sublevación militar y el triunfo de Franco. A los frecuentes asesinatos de maestros durante la contienda y al exilio, se les sumó la purga posterior. El nuevo régimen creó una Comisión de Depuración del Magisterio Nacional, con José María Pemán a la cabeza: 16.000 maestros fueron inhabilitados por la fuerza. "Creímos que la República inauguraba en España una época de independencia espiritual y respeto al pensamiento", había dicho antes Manuel Azaña.

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