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Reportaje:moda

Escaleras hacia el cielo

Las pasarelas apuestan por los tacones de vértigo, y esta vez no es un cliché

Más altos, más salvajes, histriónicos y escandalosos. Lo último en zapatos es la exageración de sus atributos. Especialmente, claro, la altura. Tampoco es nuevo. Nada era tan moderno en la Venecia del siglo XVI como los chapines, plataformas que podían alcanzar medio metro. Los taburetes andantes se pasaron de moda dos siglos más tarde, pero el sueño de una vida más alta no ha estado precisamente aparcado desde entonces.

Los 16 centímetros de tacón del zapato Powder, que Louis Vuitton mostró en la pasarela de París el pasado marzo, hablan de una nueva y vertiginosa era. "Este año los tacones son más altos que nunca", observa Imanol Martínez, director comercial de la Federación de Industrias del Calzado Español (FICE). "Aunque hay modelos que se diseñan por imagen y luego no se van a vender". Porque, a diferencia de las damas venecianas, las mujeres de hoy no suelen tener a mano un par de sirvientes que les asistan en sus desplazamientos.

"En mi colección hay tacones de hasta 12 centímetros", explica el diseñador Juan Antonio López. "Es una altura incómoda, no nos engañemos. Ofrecemos una comodidad muy razonable hasta los 7,5 centímetros. A partir de eso, depende de la costumbre. El tacón clínicamente ideal, de unos tres centímetros, está muy en desuso. Se llevan taconazos o el plano absoluto. Pero es que los extremos siempre son más atractivos".

Uno de los creadores que más cómodo se siente en el extremo elevado es el francés Christian Louboutin. Al tiempo que sus fantasiosos diseños son objetos de una exposición en el Fashion Institute of Technology de Nueva York, sus características suelas rojas son objeto de un renovado culto. Lo saben bien en Ekseption. El calzado más vendido en estos momentos en la lujosa tienda madrileña es una doble plataforma suya que trepa hasta los 14 centímetros. "El tacón de Louboutin se vende muchísimo porque la gente viene específicamente a por él. En general, somos afortunados: siempre hemos vendido muy bien los zapatos altos", explica Celine Beteinber, propietaria. Para el próximo invierno, ya han hecho un modelo de 16 centímetros.

Semejante altura no es ni práctica ni buena para la salud, eso es evidente. Un futuro de muy poco glamourosos juanetes y dedos martillo espera a aquellas mujeres que se entreguen a ella sin medida. Pero, tal vez, el afán torturador de los diseñadores no sea pura crueldad. O no solamente. Hay en él necesidad comercial. Subir los tacones y aumentar el voltaje creativo es una forma de distinguirse de la oferta más barata, pero de peor calidad. "Hay un derroche de imaginación de los creadores españoles e italianos frente al desembarco del producto asiático. Es una estrategia para defender un sector artesano", razona Martínez. "Un zapato de 12 centímetros nunca será para andar todo el día, pero ahí es cuando nota si está bien hecho. Es una pequeña obra de ingeniería".

La escalada en el tamaño va acompañada de una popularización en el uso. Aunque muchas de las piezas más llamativas de la pasarela, con un atractivo casi fetichista, llegarán a la calle en versiones más moderadas, la altura ha perdido su carácter excepcional, ya no se limita a bodas y ocasiones festivas en general. "En el extranjero vendemos más zapatos de 12 centímetros", admite Juan Antonio López. "Aquí estamos todavía empezando a asimilar los de ocho, pero hay que tener en cuenta que el estándar de la industria hace poco eran cuatro". Pasos en pendiente que ya se han dado antes. Carmen Miranda en 1955, encaramada en plataformas de 20 centímetros, cantaba: "Me gusta ser alta". Y eso que medía metro y medio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de abril de 2008