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Columna
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'Efectiviwonder'

"No se puede llamar Lucas", le decía hace poco un amigo a su mujer sobre el nombre de su hijo, a punto de nacer. A ella le encantaba Lucas, pero mi amigo insistió: "No se puede llamar así. Piensa en el colegio". Su mujer seguía sin comprender. El miedo de él se constituía en que Chiquito de la Calzada sigue vigente muchos años después de su éxito televisivo y no se sabe cuándo pasará de moda. Quizás dentro de dos, cinco o diez años la expresión "hasta luego Lucas" siga en boga y los compañeros de clase de Lucas hagan de la infancia del chiquillo un infierno.

Es importante tener en cuenta todos los factores, pues nunca se sabe. Hay cosas que pasan de moda rápidamente y otras permanecen de manera inexplicable. Imagino que nadie en los 80 imaginaría que la palabra "guay" siguiera vigente más de 20 años después. Bien es cierto que ya no se dice "guay del Paraguay", pero su desuso es en mi opinión más que razonable. Hay otras expresiones utilizadas hace años que también han perdido vigencia por motivos que hoy parecen obvios (la ridiculez o el chiste fácil) pero que hace tiempo se usaban con toda naturalidad. Alguien, en vez de decir "sí" o "por supuesto", a lo mejor te salía con un "efectiviwonder" o incluso un "yes very well fandango", por poner un par de ejemplos. Todavía hay padres de familia que se ven a sí mismos como enrollados que utilizan estas palabras para congeniar con sus hijos y los amigos de estos. Ver a un señor cercano a los 50 diciendo "chachi piruli" o "qué pasa colegui" es una de las cumbres de la vergüenza ajena. Algo muy duro de observar, lo aseguro.

Recuerdo que antes de ser un asiduo visitante de Madrid, creía que eso de "vale, tronco" era un chiste exagerado, una parodia, que era imposible que alguien llamase "tronco" a un semejante. Imaginaba que era una exageración de la tele, de cuando Emilio Aragón imitaba a un macarra en el VIP Noche. Pues no. En Madrid se decía y se dice "tronco" con una naturalidad pasmosa y que perdura.

El problema radica en que aún hoy convivimos con expresiones que están en la calle pero a las que evidentemente se les pasará el arroz. ¿Quién dirá dentro de diez años "qué desfás", "vaya movida más jarta" o "esto es mazo rayante"? ¿Cuando alguien te pide algo "porfaplís" está bordeando el ridículo o está instalado en él de manera permanente? Y desde luego, si te dicen que te traerán un café en "cero coma" estamos ante una persona que se halla en un difuso límite entre lo pertinente y lo vergonzante.

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