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Entrevista:MÚSICA

La cara B de Nacho Cano

Cumplió 45 años hace tres días. Como regalo, un disco recopila su trabajo como productor. Desde La Unión, hasta un himno para el Madrid olímpico. Le entrevistamos en exclusiva en su estudio y nos revela algunas pistas del musical que está preparando.

Nacho Cano ya es un hombre de mediana edad. Y él lo reconoce entre risas en su estudio del centro de Madrid. Un lugar que este Rey Midas se ha hecho a medida y a su gusto. Todo es dorado y con motivos egipcios. Las columnas, el acolchado de las paredes… hasta los vasos. Excepto la mesa de mezclas, enorme y flanqueada por dos estilizados budas. El motivo de que abra este lugar a dos visitantes es la publicación de Otras miradas, un disco que recopila su trabajo como productor, pero la conversación pronto va por otros caminos. Es inevitable: después de casi 30 años, el menor de los Cano sigue siendo uno de esos personajes que viven entre el éxito y la polémica. Hace pocos meses se le prohibió el acceso al teatro donde se representa Hoy no me puedo levantar. Así abandonaba por la puerta de atrás un musical del que es creador y director y que durante cuatro temporadas ha atraído a más de un millón de espectadores en Madrid. Pero ya tiene recambio: una elefantiásica obra de imposible estética de la que prefiere que se sepa lo menos posible: "Lo que no quiero es desvelar nada. Si quieres, cuenta, pero sin dar especificaciones que me jodan la sorpresa", dice después de visionar un tráiler. Resulta complicado cumplir con la palabra después de ver semejante despliegue de medios. Pero, en fin…

"Tuve una operación en México hace dos años. Y salí como las maracas de Machín"

Nacho Cano. Tuve una operación en México hace dos años. Tenía la mitad del estómago entre el esternón y el corazón y me lo bajaron. Me hicieron una biopsia y vieron que tenía displasia y las células empezaban a hacerse cancerígenas. El tío me dijo: "Te quedan entre cinco y 10 años". Y salí como las maracas de Machín. Ya lo estaba, pero tenía unas ansiedades de la hostia. Y como soy más bruto que un arado, lo único que me calmaba era tocar 14 horas al día. Así que me puse a hacer este musical. La idea del libreto es que el desequilibrio ecológico empezó cuando a la mujer en la Edad Media le quitaron del poder. Así que los problemas se resolverán cuando a la mujer se le empiece a dar más bola. La inversión es brutal. Es un disparate. Va a ser el musical más caro de la historia, ¿eh? Ni El Señor de los Anillos. La punta de lanza será Madrid, pero ya tenemos a gente interesada en China y en Dubai. Por eso la inversión es rentable. La reacción de la gente cuando ve el vídeo es que todo el mundo quiere verlo. Yo creo que por el pitote que se va a montar.

EP3. ¿El éxito de Hoy no me puedo levantar mete presión?

N. C. No. A mí la presión me la dan los malos rollos; el éxito, nunca. De hecho, el problema de Hoy no me puedo levantar ha sido que la gente, cuando se mete en estas movidas, está preparada para el fracaso, pero no para el éxito. Yo, por ejemplo, estoy perfectamente preparado. A mí no me altera, voy a seguir haciendo lo mismo. Mi esquema vital va a ser igual. Pero ha habido personas que no han sabido asimilarlo y no se han conformado con lo que había, que era mucho dinero. Han querido entrar en otros parámetros que no eran los suyos. Cuando un accionista es accionista, tiene que ser accionista. No decirte a ti cómo tienes que… Máxime cuando lo que tú estás haciendo le está haciendo ganar a él. Ya estábamos en negociaciones para estrenar en Broadway y en París. Y la obra se hubiera tirado aquí, pues, no sé, ¿10 años o así? Ahora que me he ido, la cosa ha caído un poco, pero hasta la cuarta temporada subíamos en número de espectadores. Yo he desarrollado empatía con el público. Sé ver cómo se siente y llevarlo a la emoción. Es algo que desde los cinco años hasta los 17 hice sin éxito y luego con éxito.

EP3. ¿Qué ha cambiado en la música en España desde que tú tenías 17 años?

N.C. Para empezar, los discos se vendían. Sabías que había un millón de personas que había dejado de ir a su cine o a su tal para comprar tu disco. Y lo valoraban más, porque el ser humano es así: cuando algo te cuesta… Tú llegas a un bar y te ligas a una tía con mirarla, y pasas. Pero como te cueste una semana de cenas, cuando te la llevas al huerto, dices: "Soy un campeón de cojones". Los artistas no estaban pensando tanto en el dinero porque el dinero ya estaba ahí. El que más molaba era el que hacía algo anticantable o anticomercial. Nosotros teníamos detractores. Como vendíamos muchos discos…

EP3. ¿Cómo llevabais ser despreciados por la movida?

N. C. Pues ni bien ni mal, porque la movida tenía una cosa mala: era madrileña, y nosotros no tuvimos un sentido localista nunca. Desde que empezamos, todo fue tan rodado que no paramos mucho en los bares, no teníamos tiempo. Y en la movida había que estar, chupar barra, ir a La Vía Láctea. Yo iba mucho, pero cuando llegaba estaba tan pedo que no me enteraba. Me he enterado ahora. Hace poco he dicho: "¡Joé, lo recordaba de otra forma! O a lo mejor es que era distinta".

EP3. Sí, el bar era un poco distinto.

N. C. Entonces no iba tan pedo. La verdad: no nos importaba mucho. Era envidia. Hubo un momento en que sólo en España vendíamos 1,5 millones de discos, y el siguiente era El Último De La Fila, que vendía 500.000. ¿Cómo no vas a poner verde a Mecano? Tampoco duró mucho. Cuando la cosa se hizo masiva fue como: "¿Qué pasa? ¿Que el público no cuenta?". La música la grabas para la gente. A la crítica yo nunca la respeté demasiado. En la radio había un sector que decía que sabía, pero no, porque ponían cosas que eran malas de cojones. Y no me cuentes más… La movida tenía un tono de: "Yo soy más listo que nadie y me entero de cosas que el público no". Y mucho era pose: yo me he cogido borracheras con todos los movideros.

EP3. ¿Qué música escuchas?

N. C. Bastante Jazz: Bill Evans, Billie Holiday… También cosas como Rufus [Wainwright]. Investigo mucho. Tengo un tío en Madrid y otro en Ibiza que están todo el día escuchando música y acudo a ellos. De pronto me ha dado por Caetano Veloso, que yo creo que es una cosa de tías, que les encanta. Y me gusta mucho la chiquita ésta que salió el otro día en sujetador por la calle.

EP3 ¿Amy Winehouse?

N. C. Sí. Tengo dos discos suyos y son cojonudos.

EP3 ¿Volverá Mecano?

N. C. Hombre, no sé si cuando tengamos la edad de los Rolling Stones. Cada uno está nadando en distintos mares: José María está con la pintura; Ana, con lo suyo, y yo, con los musicales. Nos llevamos bien, pero date cuenta de que la etapa de Mecano fue de 12 o 13 años de continuo trabajo, giras, discos, presión. Y entonces, después de una de ésas… pues ya. A mí una gira me hace ilusión, pero ya lo he hecho. No tiro la casa por la ventana. En la etapa de Mecano conseguimos cosas muy por encima de nuestras expectativas. Le dimos una vuelta de tuerca a la música en castellano que, hasta que nosotros llegamos, era como de segunda categoría en el extranjero. Del pasado, lo importante es recoger las enseñanzas para que lo chungo no te vuelva a pasar más. Y estuvo bien lo de Mecano.

Otras miradas, de Nacho Cano, está editado por Popadrados / Ramalama. www.nachocano.net

EL SEÑOR DEL ESTUDIO

¿Qué tienen en común La Unión, la moda de España y la boda del príncipe Felipe y Letizia Ortiz? Que en todas estuvo implicado Nacho Cano.

"Cuando me enseñaron el disco, lo primero que pensé fue: '¡Hostias, qué de cosas he hecho! De la mitad ya ni me acordaba", dice Cano del listado de canciones que se incluye en Otras miradas. "Empecé a producir porque no sabía qué hacer con el tiempo libre. Aquella época tenía el planteamiento de trabajar continuamente, y a mí siempre me interesaron las máquinas y el sonido. Todas las que llegaban a la tienda me las mandaban a mí directamente. Hice que mi padre pidiera un préstamo para comprar mi primer sintetizador", recuerda sin atisbo de nostalgia en la voz. "Yo he tenido un estudio de grabación desde 1983. Y creo que por eso empecé a producir. Bueno, comencé un poco antes, pero la cosa se disparó cuando me hice con el estudio. Si miro con una cámara cómo era mi vida en aquella época, no tenía ningún planteamiento determinado. El que entraba por la puerta, si me caía bien y había sintonía, pues me enrollaba. Y quieras o no, cuando tienes un estudio hay mucho movimiento". Buena explicación para un listado de artistas que va desde esas excentricidades que son tan propias de Cano —La moda de España o Dame un chupito de amor, el maxisingle que grabó a medias con Germán Coppini, cantante de Golpes Bajos—, pasando por gentes que han desaparecido sin dejar ni rastro ni memoria —Zanna, Danna Wood, Magenta—, a iconos inseparables de la música de los ochenta en España, como Lobo hombre en París, de La Unión, o No controles, de los Olé originales, mucho antes de la aparición de Marta Sánchez. "El caso de fue algo que el productor y yo habíamos planificado. En el de La Unión uno de ellos había ido conmigo al colegio. De hecho, el estudio de grabación durante un tiempo me lo llevó Íñigo Zabala, que era uno de los miembros originales del grupo y ahora es presidente de Warner en Miami. El planteamiento era hacer cosas, no intentaba que fuera un negocio. Al final lo tuve que cerrar porque un día fui al banco y debía no sé cuántos millones. Habíamos tenido beneficios y yo no lo entendía. Y es que había un músico al que mi contable le dio un adelanto de un millón de pesetas para que se comprara un teclado; luego, otro… Era un disparate. Lo cerré porque era un disparate".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de febrero de 2008

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