ELECCIONES 2008

¿Quién cuida a la niña de Rajoy?

El ataque a los inmigrantes olvida que ya son los que atienden a hijos y abuelos

Hay una pregunta que los periodistas de la caravana electoral del PP tal vez deberían plantear a Mariano Rajoy: ¿Quién cuida a sus hijos cuando usted y su esposa están trabajando? Seguro que el líder del PP, tan campechano él, respondería sin dar mayor importancia a la pregunta, pero si la considera demasiado personal -y está en su derecho- no habría mayor problema en replantearla así:

El 90% de los cuidadores de dependientes son extranjeros
El PP ha mezclado los conceptos de inmigración y delito

-Señor Rajoy, ¿quién cree usted que está cuidando ahora en España a esa hipotética niña ideal a la que usted se refirió el lunes pasado al final del debate? ¿Quién lleva al colegio a esa niña hacendosa que estudia idiomas y que un día será un "heraldo de la libertad" y sentirá "un hondo orgullo" de ser española? ¿Quién le plancha el uniforme del colegio religioso concertado, friega su cuarto y tal vez se ocupe de que su abuela no se caiga al salir del baño? ¿Quién lo hace en muchos casos por nueve euros a la hora y sin contrato?

Hay quien está convencido -maliciosos los hay en todos los sitios- de que Rajoy saldría del atolladero con una respuesta evasiva seguida de una sonrisa del tipo "¿un bonobús, y eso qué es?, je je je...", pero seguramente están equivocados. Rajoy sabe, como sabe cualquiera que salga de vez en cuando a la calle, que un número considerable de niños y también de ancianos son atendidos a diario por mujeres de otros países. No es una realidad oculta ni subterránea, está ahí, y fluye con toda naturalidad. Cada vez más familias españolas, por encima de su color político, confían lo más frágil y lo más querido de la casa -los niños, los abuelos, los enfermos...- a mujeres de otros países que llegaron al nuestro para intentar mejorar su vida y la de sus familiares. En muchos casos niños pequeños que, no sin desgarro, se quedaron en la otra orilla del Estrecho, del Atlántico o del antiguo telón de acero. Los locutorios que inundan nuestras ciudades se llenan al atardecer de hombres y mujeres que ponen conferencias para saber si sus niños se encuentran bien, estudian lo adecuado o tienen malas compañías.

Seguramente Rajoy ya sabrá -porque el dato procede de un informe reciente del Ministerio de Trabajo- que dos de cada tres niñeras son extranjeras. Y que la mayoría de las mujeres que cuidan niños o son empleadas de hogar proceden de países que no pertenecen a la UE. También sabrá -en el debate se le vio muy bien documentado, más documentado que Zapatero- que, según la revista Consumer, "el 90% de los cuidadores de personas dependientes son inmigrantes que aceptan cobrar salarios más económicos y realizan largas jornadas de trabajo". ¿Qué pasaría si, de la noche a la mañana, este país prescindiera de los inmigrantes?

El PP, en sus últimas intervenciones de campaña, no ha puesto el foco en esa realidad, sino en la que afecta al lado oscuro. Y es verdad que a veces, desde esos locutorios, se hacen llamadas que no buscan el afecto de los hijos que crecen tan lejos sino noticias sobre un cargamento de hachís o las últimas consignas para dar un buen golpe, pero el hecho de que, desde la tribuna acalorada de un mitin, se intente mezclar ambas realidades, salpicar lo general con lo anecdótico, es peligroso y tal vez inmoral. De ahí que en las últimas horas se esté produciendo una reacción muy contundente -por parte de colectivos muy variados- a las palabras del líder del PP. La respuesta tibia de Zapatero -quizá por sorpresa o quién sabe si por cálculo electoral- también está siendo analizadas por su círculo de asesores. El lunes -en el segundo y último encuentro- se podrá ver hasta dónde Zapatero y Rajoy están dispuestos a llegar.

Hace un tiempo la escritora Elvira Lindo publicó un artículo emocionante en este periódico. Seguro que Rajoy lo leyó, y que a él también le emocionó. Se titulaba Sin miedo y hablaba de los hijos de las inmigrantes que van por la calle solos porque sus madres están cuidando a otros niños. "Los veo marchar de la mano, controlando cada paso, llegando a la hora prevista. Van solos al colegio, a hacer recados, a buscar a mamá a barrios lejanos. No tienen miedo, ni su madre ni ellos. Ahí los tienes, parece que van a comerse el mundo".

No es justo que ahora empezaran a tener miedo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 28 de febrero de 2008.

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