Columna
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Andalucismo

Es curioso ver al PSOE y al PP disputarse los despojos del andalucismo. Un partido que llegó al 10% de los votos, que gobernó en coalición con el Partido Socialista la Junta de Andalucía, que ha tenido alcaldías importantes ahora está en caída libre. No es que su caudal electoral sea importante, ya que apenas pasa del 6%, pero las encuestas le dan un retroceso paulatino que la actuación de sus líderes no hace sino acrecentar. En una situación de competición feroz por cada voto es normal que los partidos grandes se esfuercen por cada grupo de votantes: que Arenas intente atraerse a los independientes desgajados del PP en Almería, que el PSOE busque el voto útil de la izquierda y que ambos se disputen el apoyo andalucista. Lo que no es normal es que la dirección del PA haya actuado de manera tan errática estos años. Los ciudadanos castigan los enfrentamientos internos en los partidos y aquel congreso que Julián Álvarez ganó por estrecho margen a Antonio Ortega significó el enésimo enfrentamiento dentro del andalucismo político, tras los históricos encontronazos de Rojas Marcos con los críticos en los 70, luego de Rojas Marcos con Pacheco, luego de Antonio Ortega con el Nuevo Andalucismo de Julián Álvarez y Antonio Moreno y al final la derrota de Antonio Ortega frente a Álvarez. Este cainismo sólo es comparable con el que se da en el Partido Comunista y en Izquierda Unida. Se ve que el poder desgasta al que no lo tiene, según la cínica frase de Giulio Andreotti.

Los partidos son instrumentos políticos para llevar ideas a la práctica y el ideario andalucista ya ha sido satisfecho con creces. El andalucismo nunca fue soberanista ni independentista. Desde Blas Infante tuvo un carácter regeneracionista y cultural. Sus ideales iban dirigidos a la recuperación de la historia, del habla y a la reforma agrícola ya que su origen era fisiócrata. El acercamiento al andalucismo tenía siempre el componente cultural casi de una sociedad de amigos del país: una reivindicación de la tradición y la simbología. En cualquier caso, ni en sueños Blas Infante pudo pensar un nivel de autogobierno como el que ha logrado Andalucía tras la reforma estatutaria. Los objetivos últimos que pudo haber tenido el regionalismo andaluz están alcanzados. De ahí que el PA como movimiento político ya no sirva a un ideario concreto y sus dirigentes no encuentren el tono ni la estrategia adecuada. Está amortizado. Su comportamiento electoral podría estar próximo al de un partido de centro, pero con la polaridad política existente es difícil encontrar ahí un hueco. Pudo permanecer con respiración asistida mientras estaba en el gobierno o el tiempo en el que podría llegar al electorado el mensaje del agravio con Cataluña. Con los niveles de competencias e inversiones que se han conseguido en los últimos años esta idea ya no llega. Así que es complicado encontrar un mensaje claro y directo con el que penetrar en el electorado. Julián Álvarez lo ha encontrado en la crítica feroz al PSOE, renegando de sus años de gobierno en coalición. Estaría bien si eso le diera réditos a su partido, pero se ve que no es así, por lo que la situación alcanza tintes dramáticos que la coalición con el partido de Pedro Pacheco no parece que vaya a remediar. Sobre todo si en Cádiz, su circunscripción con mayor fortaleza, han cambiado a su candidato Antonio Moreno, antiguo alcalde de San Fernando, mediante una argucia administrativa. En esta provincia han perdido las alcaldías más importantes y las encuestan no son favorables.

El hundimiento del PA parece que beneficia al PP, como se ha visto en Sevilla. Por muchos cantos al andalucismo que haga el PSOE quizás tan sólo en alguna población de la provincia de Cádiz, como Jerez, San Fernando y Algeciras pueda beneficiarles el mensaje. En cambio, Arenas ha sido listo a la hora de apoyar la reforma del Estatuto e inventarse eso del "andalucismo constitucional". Tiene ahí un pequeño sector de votos que captar para luego poder decir la noche electoral que aunque haya perdido las elecciones ha subido en votos y el cambio habría dado comienzo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 13 de enero de 2008.

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