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Crónica:19ª jornada de Liga

El Athletic descubre la calma

La expulsión de Escudé acabó de arruinar a un Sevilla muy inferior al equipo rojiblanco

A priori, no parecía el Sevilla la horma que necesitaba el zapato del Athletic. Un zapato tosco, acostumbrado a los caminos estrechos y embarrados y a buscar los atajos antes que las rutas recomendadas. Ciertamente, al Sevilla le fallaban muchos matadores: el gol de Kanouté, el fútbol total de Keita, la fortaleza de Koné, la sutileza de Luis Fabiano (amén de Palop o Dragutinovic). Demasiado incluso para el Sevilla al que se le nota un punto taciturno, entregado como acostumbra pero no tan lúcido como se le supone.

Quizá influyó la capacidad de presión del Athletic que desinfló a futbolistas singulares como Capel o Navas, que hizo desaparecer a un inapetente Renato y por lo tanto a condenar a Chevantón a noventa minutos de soledad. Sobre esa base construyó el Athletic su partido: con la defensa adelantada, un Orbaiz omnipresente y cuatro guerrilleros por delante, más valientes que precisos, a veces confusos en su afán por llegar a la portería, pero siempre dispuestos a la batalla.

ATHLETIC 2 - SEVILLA 0

Athletic: Iraizoz (Aranzubia, m. 42); Iraola, Ocio, Amorebieta, Koikili; Orbaiz (Muñoz, m. 60), Javi Martínez; Susaeta, Yeste, David López; y Aduriz (Llorente, m. 83). No utilizados: Ustaritz, Del Horno, Prieto y Garmendia.

Sevilla: De Sanctis; Alves, Facio, Escudé, Crespo (Adriano, m. 45); Poulsen, Maresca; Navas, Renato, Capel (Duda, m. 63); y Chevanton (Juanjo, m. 52). No utilizados: Vargas, Mosquera, Lolo y Martí.

Goles: 1-0. M. 28. Contragolpe fulgurante del Athletic, David López mete un balón interior, Yeste se anticipa a Escudé y bate a De Sanctis. 2-0. M. 68. Susaeta empuja un rechace del portero.

Árbitro: Ontanaya López. Expulsó a Escudé por roja directa (m. 52) y amonestó a Chevanton y Muñoz.

Unos 35.000 espectadores en San Mamés.

Y eso que el Athletic anunció su peor suerte cuando Susaeta, listo, se plantó ante De Sanctis y por sexta vez en tres partidos, un jugador del Athletic malgastó el bolsín. San Mamés torció el morro y se dispuso para lo peor. Más aún cuando Iraizoz, que reaparecía, avisó al banquillo que recaía de su lesión, que no le cedieran balones a los pies y que fuera calentando el discutidísismo Aranzubia.

Entre medio, Yeste y David López se quitaron la chistera. En un contragolpe fulgurante, el balón cayó a los pies del riojano que, inteligente, lo prolongó hacia Yeste que ejecutó con su zurdazo habitual. No eran fácil ni el pase, ni el remate. Y no era fácil que el Athletic, anímicamente superior, se pusiera por delante con su fútbol físico, directo, a veces atolondrado, siempre generoso.

No cabe duda de que el Athletic no tiene gol, pero menos duda cabe de que al Sevilla se le ha caído el alma a los pies. Le queda un poco de Alves, algo de Navas. Ni Maresca, ni Poulsen, ni Capel medían su estatura futbolística.

El gol le cayó al Sevilla como una losa, apenas se había acercado en dos ocasiones a la portería rojiblanca: una para probar que Iraizoz sigue con reflejos (aunque luego se lesionara), otra para malgastar un tres contra dos que Navas no pudo aprovechar.

La única duda del Athletic, con el gol a favor estaba consigo mismo. No es un equipo que sepa administrar sus ventajas. La locura futbolística le persigue con saña. Y más crecieron las dudas cuando en una de las múltiples pendencias entre Aduriz y Escudé, el defensa argentino le pegó un codazo en la cara al delantero rojiblanco. Ontanaya decidió que era agresión y lo mandó a la ducha.

Segundo problema para el Athletic que tiene el hábito de perder en cuanto se desequilibra la igualdad numérica. Igual le da que sea favor que en contra.

No era el caso ayer, donde puso por delante su ímpetu, su estado de necesidad ante un Sevilla apocado que no parece haber interiorizado su nuevo papel en la Liga. La expulsión de Escudé apenas le insufló un poco de aire tras el descanso, cuando el Athletic se aculó en su área y parecía invitar al equipo andaluz a que visitara sus posesiones. Lo hizo el Sevilla pero con la timidez del amigo del amigo del que se coló en la fiesta.

Y renació el Athletic, que sufrió la lesión de Orbaiz, otra llamada alarmante para el futuro. Un saque de banda se convirtió en gol. No, directamente no vale, pero intermedió Yeste, intermitente y cansino, para meter un sombrero que acabó con un despeje de De Sanctis que empujó Susaeta, que ya venía rondando el gol. Aún se pregunta San Mamés por qué le puso Caparrós en un pedestal y luego lo descolgó de un plumazo hasta el equipo filial.

El gol permitió la primera fiesta rojiblanca. Dos goles de ventaja, un futbolista de ventaja, un campo de ventaja y muchas ausencias de ventaja en el Sevilla, construyeron quizás el partido más cómodo de toda la temporada en la catedral. Lo poquito que se acercó el Sevilla fue para hacer acto de presencia, para no pasar desapercibido. Por fin San Mamés vivió un partido tranquilo. El primero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de enero de 2008