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Reportaje:Quedan 207 días para los Juegos de 2008

Pekín, año 0

El COI considera "impresionantes" los preparativos, pero siguen las críticas a la contaminación y a la violación de los derechos humanos y la libertad de prensa

EL PAÍS inicia una serie de reportajes sobre los 29º Juegos Olímpicos, que comenzarán el 8 de agosto en Pekín. Cada domingo, EL PAÍS tratará la preparación de los atletas españoles para la cita olímpica. La serie se abre hoy con el estado de la ciudad a siete meses de la competición.

La pasada Nochevieja, Pekín celebró una gran gala para marcar el inicio del año olímpico. Durante el acto, al que asistieron políticos, directivos del Comité Organizador de los Juegos (BOCOG), estrellas de la televisión y 4.000 invitados, un coro entonó la canción We are ready (Estamos preparados). Fue el chupinazo del que será el año más importante para China de su historia reciente, ya que el próximo agosto verá cumplido un sueño anhelado durante mucho tiempo: acoger unos Juegos Olímpicos.

Para el país asiático, se trata de mucho más que organizar la mayor competición deportiva del mundo, que tiene lugar cada cuatro años. Según ha dicho Liu Qi, miembro del Politburó del Comité Central del Partido Comunista Chino y presidente del BOCOG, con la gran fiesta olímpica el Gobierno pretende "validar el poder y la influencia internacionales de China".

Será una puesta de largo, una demostración de la capacidad gestora de este país cuya economía ha crecido a una media anual del 9,7% desde que Deng Xiaoping lanzó el proceso de apertura y reforma hace 29 años, y una reivindicación del papel que pretende ocupar en el mundo en el siglo XXI. De paso, espera insuflar una bocanada de orgullo nacionalista a la población.

Para ello, no ha escatimado esfuerzos ni dinero. A diferencia de las prisas de última hora que marcaron los Juegos de Atenas (2004), en China prácticamente todas las instalaciones olímpicas están ya finalizadas, y los trabajos de construcción de las infraestructuras anexas avanzan a un ritmo veloz. Hasta tal punto que el Comité Olímpico Internacional (COI) ha señalado en varias ocasiones que "los preparativos son impresionantes".

Pero por delante Pekín tiene aún desafíos, como la persistente contaminación y la congestión de tráfico que afectan a la capital china. Los más delicados, sin embargo, y que diferencian a estos Juegos de los últimos celebrados, son la presión de las organizaciones no gubernamentales (ONG) por las violaciones de los derechos humanos, las potenciales protestas sociales, la falta de libertad de prensa y las fricciones políticas con Taiwan. De cómo sean manejados dependerá la imagen que China proyecte al mundo, y que Pekín logre su objetivo declarado de celebrar "los mejores Juegos de la historia".

Las autoridades están convencidas de que lo conseguirán. "Sabemos que hay muchas dificultades y desafíos por delante y debemos estar preparados para muchas contingencias y potenciales problemas", dijo hace unos días Jiang Xiaoyu, vicepresidente ejecutivo del comité organizador. "Pero confío en que, con el apoyo de los 1.300 millones de ciudadanos chinos, seremos capaces de superarlos". Los Juegos arrancarán a las ocho horas y ocho minutos de la tarde del 8 de agosto de 2008, ante 80.000 personas -el ocho es el número de la suerte en China-. Así están el país y el deporte chino en ocho puntos básicos:

1. La competición

Un total de 10.500 atletas participarán en 28 deportes en el evento, que finalizará el 24 de agosto. La ceremonia de apertura, de tres horas y media de duración, ha sido organizada por el popular director de cine Zhang Yimou. Con un objetivo, que sea "espectacular". Habrá fuegos artificiales, ópera china, efectos especiales de alta tecnología, interacción con la audiencia y "un misterioso final". Aunque los dirigentes chinos no lo han dicho abiertamente, a nadie escapa que entrenadores y deportistas del país anfitrión están sometidos a una gran presión para superar a Estados Unidos en medallas. Un estudio de la Asociación Olímpica británica calculó el año pasado que China ganará 48 metales de oro de un total de 84 incluidos plata y bronce; frente a 37 Estados Unidos (93 en total). En Atenas, EE UU logró 35 y 103, y China 32 y 63. Una de las prioridades, según ha dicho Chen Zhili, consejera de Estado, es "luchar para cosechar resultados en la competición" y "luchar contra el dopaje".

2. Las instalaciones

Los organizadores no quieren dejar nada al azar. Los 31 estadios e instalaciones olímpicas de Pekín, salvo el Estadio Nacional, conocido como El Nido de Pájaro debido a la forma de su estructura exterior, han sido ya finalizados y están en fase de ensayos. Fuera de la capital, otras seis ciudades acogerán la competición: Shanghai, Qingdao, Tianjin, Shenyang, Qinhuangdao y Hong Kong. Se celebrarán 302 eventos. La capital china espera recibir más de dos millones de visitantes, 550.000 de ellos extranjeros. Un público que será atendido por 100.000 voluntarios. Para agosto, la ciudad contará con 800 hoteles con estrellas (130.000 habitaciones), y otros 4.000 no clasificados. La seguridad será clave. La policía realiza ensayos antiterroristas y ha comenzado a desplegar en el metro perros capaces de detectar explosivos.

3. La ciudad

Pekín ha destinado más de 40.000 millones de dólares (27.000 millones de euros) para presentar su mejor cara, de los cuales los estadios sólo se han llevado una parte. Líneas adicionales de metro; una nueva terminal de aeropuerto, obra del arquitecto británico Norman Foster; un teatro de la ópera, del francés Paul Andreu, parques, ampliaciones de avenidas y renovación de fachadas son sólo parte del plan de embellecimiento de la ciudad. Un plan que ha forzado el desalojo de miles (hasta 1,5 millones, según algunas ONG) de personas de sus viviendas, en muchos casos en medio de las protestas de los afectados. Las autoridades municipales pretenden expulsar de Pekín a los elementos "incivilizados", como vagabundos, traficantes de drogas y taxistas ilegales, y han incrementado la lucha contra los productos piratas.

4. Movilización de la población

El pasado 1 de enero, el canal de deportes de la televisión pública, CCTV5, pasó a emitir información únicamente relacionada con los Juegos Olímpicos. Es tan sólo una muestra de la labor de movilización que está realizando el Gobierno entre la población, y que incluye desde programas de concienciación en los colegios a pancartas con eslóganes repartidas por la ciudad. Además, ha emprendido campañas de educación ciudadana para intentar pulir algunas tosquedades muy enraizadas en una parte de la sociedad, como saltarse las colas o escupir. Objetivo prioritario son los taxistas, primer contacto que se tiene a menudo con la población local cuando se llega a un país. Pekín les ha prohibido raparse la cabeza y dejarse barba porque considera que da mala imagen, y comer ajo crudo, para evitar los efluvios que flotan a menudo en los taxis de la capital. El respaldo popular a los Juegos estará ahí. De momento, 3.500 bebés han sido llamados Olímpico/a (Aoyun) por sus padres, y más se espera que reciban el mismo nombre durante este año.

5. Polución

Una de las prioridades del comité organizador es asegurar que la contaminación que habitualmente sufre Pekín no esté presente en agosto, cuando, además, las temperaturas superan los 30 grados y la humedad es muy alta. La capital china es una de las ciudades con más polución del mundo, y algunos comités olímpicos han advertido que las enfermedades respiratorias pueden ser un problema para los deportistas. El presidente del COI, Jacques Rogge, volvió a tirar de la alarma el pasado agosto, cuando aseguró que algunas pruebas de resistencia, como el maratón, podrían ser retrasadas o canceladas para evitar daños a los atletas. Pekín se ha tomado el asunto en serio, y ha garantizado que la contaminación no será un problema. Las autoridades han expulsado de la ciudad centrales energéticas y fábricas, han cambiado miles de calderas de carbón a gas natural y han jubilado más de 50.000 taxis y autobuses contaminantes. Además, hay planes de contingencia, que incluyen la paralización de otras factorías durante la competición y la restricción del uso del automóvil, lo que de paso aliviaría los habituales embotellamientos.

6. Seguridad alimentaria

Los responsables olímpicos no quieren correr riesgos con la alimentación de los deportistas. Y menos después de los escándalos sobre la seguridad de los productos chinos que salpicaron el año 2007 y que asestaron un buen golpe a la imagen del país. Durante los Juegos, los organismos de inspección y cuarentena harán un seguimiento estricto de las redes de suministro y supervisarán cada producto, con objeto de garantizar su inocuidad. Vigilantes estarán permanentemente de guardia en las cocinas olímpicas, las zonas de almacenamiento serán controladas con cámaras, y los vehículos de transporte de alimentos serán seguidos mediante GPS (sistemas de posicionamiento por satélite). Además, serán utilizados ratoncillos blancos para probar la comida destinada a los atletas. Algunos especialistas han evocado la posibilidad de que la potencial existencia de restos de antibióticos y estimulantes del crecimiento en la carne de animales utilizados en los menús pueda causar un positivo en los controles de dopaje.

7. Potenciales protestas

Lo que más preocupa a las autoridades chinas es cómo hacer frente con tacto a las posibles protestas ante las cámaras de televisión de todo el mundo de activistas, ONG de defensa de derechos humanos y ciudadanos que han sufrido expropiaciones, que quieran aprovechar el evento deportivo para hacer avanzar sus causas. Además, están colectivos como el movimiento de inspiración budista Falun Gong -ilegal en China- y grupos partidarios de la independencia de Tíbet. Los servicios de inteligencia chinos están elaborando listas de ONG y extranjeros que pueden ser fuente de problemas. Algunos grupos han anunciado ya movilizaciones durante el recorrido de la antorcha olímpica, que será encendida el 24 de marzo en Olimpia (Grecia) y que cubrirá 137.000 kilómetros, con ascenso incluido al Monte Everest.

8. Prensa

Alrededor de 30.000 periodistas, de ellos unos 21.000 acreditados, serán los encargados de llevar al mundo las gestas de los deportistas en Pekín. Instalaciones con los últimos adelantos técnicos y un Internet sin censura, según han garantizado los organizadores, recibirán a los informadores. Para entonces, estará en marcha la nueva sede de la televisión pública, un macizo rascacielos, en forma de tres L entrelazadas, obra del arquitecto holandés Rem Koolhaas, que albergará el centro internacional de emisión televisiva durante la competición. Falta por ver cómo manejarán este flujo de observadores las autoridades, que habían prometido que los periodistas extranjeros tendrían libertad total de movimiento durante los Juegos y en el periodo previo, aunque todavía siguen siendo detenidos en ocasiones e interrogados. Porque muchos periodistas no se limitarán a Pekín y las otras ciudades sede y al deporte, sino que viajarán por el país para pasar bajo la lupa todos los aspectos de la sociedad china.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de enero de 2008