Crítica:TEATRO
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

¿En qué piensan los hombres?

No recordaba que la novela homónima de Hanif Kureishi en la que se basa este montaje fuera tan divertida. Ni que lo fuera tampoco la versión cinematográfica de Patrice Chéreau. La primera, el relato en primera persona de un escritor de mediana edad en plena crisis existencial que abandona a su mujer e hijos por la ilusión de una amante más joven, se hacía dolorosa y triste, de tan personal y analítica. La segunda era tremendamente intensa, seria, y recuerdo que llegaba incluso a incomodar de tan realista, casi pornográfica aunque sin la artificiosidad del género. No vi el montaje de Gabriela Izcovich en el Lliure, responsable también de la adaptación escénica de Intimacy, y no sé si la tronchante escena de la pareja protagonista en la consulta de la psicóloga es del todo suya o si Javier Daulte, director de esta nueva puesta en escena, ha puesto algo de su parte. Sospecho que las carcajadas se las debemos a él, cosa muy de agradecer entre tanta intelectualización de sentimientos y emociones.

Intimitat

De Hanif Kureishi. Adaptación: Gabriela Izcovich. Traducción: Joan Sellent. Dirección: Javier Daulte. Intérpretes: Joel Joan, Clara Segura, Josep Julián, Pepo Blaco, Elena Fortuny. Escenografía e iluminación: Ramon Simó. Teatre Villarroel. Barcelona, 7 de noviembre.

"El significado es lo que uno aporta, no lo que uno extrae". Algo así viene a decir Jay, el protagonista de la novela en un momento de su exposición. Izcovich, sin aportar nuevos significados, deja bien claro el de Kureishi, que no es sino el de otro Peter Pan, un tipo egocéntrico e inmaduro que nos presenta los hechos desde su punto de vista; de ahí que el personaje de Susan, su mujer, salga tan mal parado. "La creación del mundo depende de nuestra imaginación", otra de las reflexiones de Jay, que encadena lo racional con lo instintivo, la filosofía con el sexo para citar a Ricardo III y ofrecer su reino a cambio de una corrida. Izcovich resta carga sexual y hace que los personajes entren y salgan de la obra para plasmar que la representación se da en la mente de Xavier, el Jay escénico, en un ejercicio brillante. Por su parte, Daulte aporta una serie de gags que sirven para romper con la intensidad de un discurso, el de Xavier, que no deja de dar vueltas sobre sí mismo.

Después están los protagonistas de este fluido encaje de bolillos. Joel Joan da muy bien con el personaje de Xavier: por un lado es tan honesto y directo que hiere, mientras por otro resulta de lo más atractivo, y llega a suscitar la empatía del público. Clara Segura, su sufrida mujer, está magnífica, capaz de pasar de la risa al llanto, o al revés, con una naturalidad pasmosa.

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