DON DE GENTES | OPINIÓNColumna
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El culo en pompa

Bienvenida Pérez saca novela. Utilizo esta expresión fea y antipática que, paradójicamente, inventaron aquellos que tienen por oficio mejorar el mundo con las palabras. "Saca novela", así se dice, con ese horrendo verbo "sacar", y sin artículos que adornen la cosa. Yo, que detesto la nostalgia, confieso padecer una fuerte nostalgia de los artículos, de cuando se decía la Moncloa, la Zarzuela o incluso la ETA. Saca novela. La frase tiene un aire técnico, y el que la pronuncia está queriendo expresar que pertenece al mundillo. A estas alturas, lo único que le pido al Niño Jesús es que la frasecilla que anda en boca de críticos, escritores y editores no se acabe colando en el habla de la gente. Yo, a partir de ahora, me comprometo a pronunciarla sólo en casos como en el que nos ocupa, el de Bienvenida, que saca novela. ¿Que quién es Bienvenida? No se hagan ustedes los tontos. Lo mismo me preguntó el otro día un escritor que también ha sacado novela (sólo una en su vida) y quería aparentar que era como ese personaje de Proust que decía aquello de "vivo tan apartado de las contingencias físicas que mis sentidos ya no se molestan en comunicármelas". Así que le tuve que explicar lo que seguramente ya sabía, que la señora Pérez se hizo célebre por hacer el amor (que no la guerra, juajuá) con el secretario de Defensa inglés del Gobierno de la Thatcher. Desde entonces ha paseado esos polvos por revistas y platós. Ahora lo cuenta en esa novela que saca. Con semejante novedad, el panorama literario invernal se presenta caliente. O calentorro, para ser más precisos. Yo, que tengo una de esas mentes en las que cabe todo -"te cabe el AVE", que diría Javier Cámara-, me esfuerzo por ver sólo la pila de libros que los establecimientos exponen de Vida y destino, pero mis ojos se van a la basura aledaña sin que mi voluntad pueda impedirlo. Por cierto, cada vez que me encuentro a punto de borrarme de España, pienso que éste es el país en el que la novela de Vasili Grossman se ha convertido en un best seller y me recompongo. Pero a lo que iba, que de ese tipo de mentes en las que cabe todo, hablamos la otra tarde en la librería Berkana (¡qué bonita es!), en una tertulia en torno al libro Gay, un estudio sobre la iconografía y los gustos culturales que han rondado el mundo homosexual desde los griegos hasta Greta Garbo. Decían los expertos que este libro llega a un país, el nuestro, en el que ya se ha publicado mucho sobre el asunto. Afortunadamente para el libro, yo soy una de esas lectoras que han ignorado los estudios anteriores y éste me ha resultado interesante e informativo. El autor, un italiano llamado Paolo Zanotti, se declaró allí mismo heterosexual (¿eso se llamaría entrar al armario?) y se defendió con inteligencia ante un público que se lo sabía todo. Yo también le defendí; no ya por él, no ya por el libro, sino porque se había traído a sus padres para la presentación y los tenía allí, en primera fila: una parejilla del norte de Italia, inmersos de pronto en el mundo Chueca, hospedados en un hotel megagay en el que su estampa de matrimonio convencional se recortaba sobre un gran cartel, "SEX", que hay en el hall. El pobre Zanotti estaba nervioso, sobre todo por la presencia de sus padres, y es que, mientras en el mundo de los actores esa presencia ha sido algo natural (la figura de la madre de la artista es todo un clásico), los escritores no saben cómo encajar eso de tener al padre o a la madre entre el público, contándole al del asiento de al lado lo orgullosos que están del niño/a o, aún peor, deleitándose en un episodio infantil que te deja como un auténtico idiota. Comprobado: en España, un acto cultural al que asiste la familia se convierte en boda. Acabas haciéndote fotos con unos y con otros. En una de esas bodas culturales me encontraba yo el otro día en Jaén (bien cerca de mi Úbeda querida) cuando se me acercó una señora y me dijo: "Pero, oiga, ¿su marido no estaba casado con Almudena Grandes?". Yo la intenté sacar de su error, pero la señora se me quedó mirando como si yo fuera una impostora y a ella no la engañara nadie. No la convencí. Ay, los padres, las madres y los escritores, que habitualmente tenemos un palo metido en el culo y nos cuesta digerir ciertas situaciones sin tensión. Deberíamos aprender de Pilar Pacheco, esa soldado del ejército español que ha salido con el culo en pompa en Interviú. Era cómico cómo los comentaristas del corazón proclamaban el otro día que el trasero de Pacheco ha contribuido, de alguna manera, a liberar un cuerpo tan retrógrado como el ejército. De nada valen los soldados destinados a misiones de paz ni el cambio radical del ejército en estos últimos treinta años. Aquí seguimos liberándonos por la vía rápida: enseñando el culo. Pero lo más fascinante de la historia es que las cámaras se acercaron al pueblo de esta señorita y le preguntaron al padre, guardia civil jubilado, que qué le parecía el desnudo de su niña. El hombre contestó algo así como "pues estoy encantao, a ver qué padre puede presumir de tener una hija con un cuerpo como el de la mía". Pensé aquello del chiste: "Coño, cómo ha cambiado el cuento".

Con la novela de la señora Pérez, el panorama literario invernal se presenta caliente o calentorro
Me recompongo al pensar que éste es el país en el que 'Vida y destino', de Grossman, es un 'best seller'
Bienvenida Pérez, con sir Anthony Buck, el día de su boda, en marzo de 1990, pocos días después de dimitir como secretario de Defensa británico.
Bienvenida Pérez, con sir Anthony Buck, el día de su boda, en marzo de 1990, pocos días después de dimitir como secretario de Defensa británico.AP

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 10 de noviembre de 2007.

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