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Reportaje:

El desconocido salta a las tablas

La conselleira Bugallo no felicitó al nuevo Premio Nacional de Literatura Dramática

"No estoy en paro", insiste Rubén Ruibal. El autor de Limpeza de sangue, texto ganador del último Premio Nacional de Literatura Dramática, matiza las biografías apresuradas que se han podido leer los últimos días. "Otra cosa es que pueda escribir teatro porque mi mujer sacó unas oposiciones, y así de paso cuido a mis dos gemelos", dice, "que ése sí que es un trabajo". En el palmarés del premio estatal, Ruibal (Ribadeo, 1970) figura ya como el dramaturgo más joven después del catalán Sergi Belbel, ganador en 1996, un año antes que Manuel Lourenzo, el único gallego desde 1992.

Antes de Limpeza de sangue, editada por Xerais y el Instituto Galego de Artes Escénicas e Musicais en 2006, tras haber ganado un año antes el Premio Cunqueiro, Ruibal escribió Nunca durmo, publicada por entregas en la Revista Galega de Teatro. Nunca durmo y su debú en 2000, Fume, éste todavía inédito, fueron representados por la compañía Teatro do Cachuzo, en proyecto compartido con Carlos Losada. Con Patatín e Patatán Súper Productions también consiguió representar el proyecto personal Arroz mubi.

"Ahora mismo hay herederos de Vázquez Portomeñe haciendo política teatral"

Ruibal desmiente las biografías de estos últimos días: "No estoy en paro"

La que no se montó todavía es Limpeza de sangue, pese a que en las bases del Premio Cunqueiro se recogía sacar a concurso la puesta en escena del texto. "Estoy un poco quemado de insistir", dice Ruibal sobre este punto, "perdí el tiempo yendo a ver al director de Creación y Difusión Cultural". "Aparte de esto, un cierto cabreo sí tengo, porque supongo que desde el punto de vista protocolario habría estado bien una llamada telefónica de la Consellería de Cultura". "Digo yo", ironiza, "porque hay silencios atronadores, pero yo con la llamada del ministro me conformo". "También es cierto", sigue, "que a mí me está costando mucho amueblar mi casa en Oza dos Ríos, así que me puedo imaginar lo que puede ser llenar de cosas la Cidade da Cultura".

Tras una década en el teatro aficionado en Santiago y a Coruña, Ruibal acabó de aprender en la compañía de Roberto Vidal Bolaño, Teatro do Aquí, desde 1994 hasta la muerte en 2002 de Roberto, personaje cardinal del teatro gallego contemporáneo. "Mi deuda con él es absoluta", reconoce Ruibal, que pensó Limpeza de sangue, la historia de un arquitecto y un toxicómano que entablan amistad en una sala de diálisis, como un homenaje "a alguien que amaba discutir". "En este país somos injustos con él", lamenta Ruibal. "Hace cinco años que murió y no hemos vuelto a ver un texto suyo en escena. Y eso que recomendaba algún viejo manual de dirección: mejor hacer autores muertos, porque los vivos igual protestan".

Ruibal, entablillado con Roberto Salgueiro entre una generación joven (Xan Carlos Mejuto o Vanesa Soutelo) y nombres clásicos como Manuel Lourenzo, Xesús Pisón o Gustavo Pernas, rescata la vieja cuita de Vidal Bolaño a respecto de las dificultades de los autores jóvenes en Galicia. "Siendo autor gallego, la única solución para llevar tus textos a escena es tener compañía propia", resume. "Somos un país pequeño con un mercado pequeño y demasiadas empresas de teatro, y no nos estamos preocupando de crear público". Aquí identifica rémoras "del pasado". "Ahora mismo hay herederos de Vázquez Portomeñe haciendo política teatral", afirma. "Yo siempre digo una animalada: si un año se les ocurriese ponernos a hacer dinamización teatral en parroquias, ayuntamientos, escuelas e institutos, posiblemente todo iría mejor para el teatro del país". Citando como ejemplo la generación Abrente, que inauguró a comienzos de los 70 el teatro profesional gallego, Ruibal habla de "buscar nuevos modos gallegos de teatralizar la vida". "A mí", dice, "no se me ocurren más cosas que hablar de nosotros".

Sobre la visibilidad de la cultura gallega, dice no confiar en los "milagros". "Las posibilidades pasarían por un cambio radical en la posición de la prensa y las televisiones con respecto a la cultura y el idioma. ¿Alguien cree que si la mitad de las horas que dedica nuestra televisión a orquestas y fiestas gastronómicas las dedicase al teatro, al cine por inventar o a la literatura propias, la visibilidad de la cultura gallega sería la misma?", se pregunta.

Ruibal alterna ahora la escritura de Drama A3 para el Centro Dramático Galego, a tres manos con Vanesa Soutelo y Jacobo Paz bajo dirección de Dani Salgado, con una novela cómica y una obra para títeres. Para el día a día mantiene el blog Alicia Crece.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de octubre de 2007