Reportaje:

Regatas en la mina de As Pontes

Endesa captará agua del Eume desde enero y hasta 2012 para rellenar la explotación y convertirla en un lago tan grande como A Illa de Arousa

Pasmado se quedó aquel operario de As Pontes que hace unos años encontró un cocodrilo entre el carbón que extraía de la Mina do Tesouro. Los restos fósiles de aquel reptil dan fe de que en tiempos antediluvianos el hueco de lignito explotado por Endesa estuvo relleno de agua. Los expertos calculan que el animal, que habita ahora una vitrina de las oficinas del complejo con la etiqueta de cocodrilia dyplocinodon, deambulaba por la zona hace 28 millones de años.

En As Pontes desaparecieron primero los cocodrilos y, después, a mediados del siglo XX, los valles y arroyos que se extendían junto al núcleo urbano del municipio. Rudimentarias máquinas ocuparon el lugar para explotar la mina de lignito a cielo abierto, de cuya riqueza ya se tenía noticia en el siglo XVIII. Los riachuelos fueron desviados y la planicie, excavada. Desde la década de los 70, cuando se intensificó la extracción, del subsuelo del municipio han salido 259 millones de toneladas de carbón para alimentar la central térmica que se levanta junto al yacimiento. El filón se ha agotado y el 31 de diciembre la Mina do Tesouro echará el candado.

Endesa, la empresa que ha explotado el carbón de As Pontes durante todo este tiempo, está obligada por ley a restaurar los destrozos que el negocio del lignito ha provocado en el entorno y que han convertido este punto de Galicia en el que más emisiones contaminantes registra de toda España. La eléctrica ha optado por transformar el hueco de la explotación en un lago, como se ha hecho en Alemania con muchas de las minas abiertas en el este del país durante el régimen comunista.

El agujero de la antigua mina es tan grande como A Illa de Arousa. El proyecto prevé crear una playa artificial, una isla ornitológica y un muelle para embarcaciones recreativas y adaptar los túneles de la explotación para que den cobijo a murciélagos. Para llenar de agua estos 8 kilómetros cuadrados, Endesa realizará un trasvase desde el río Eume durante cuatro años.

La primera cascada caerá sobre el yacimiento a primeros del próximo mes de enero. Un canal de 5.694 metros, que está prácticamente terminado, llevará parte del caudal de este cauce hasta el hueco de la explotación. En la fase final del proceso, el agua inundará también, por rebose el cauce del desaparecido río Carracedo, que a partir de entonces desembocará y nutrirá el lago artificial.

La captación del Eume se prolongará de enero a junio y de octubre a diciembre. Suspender el trasvase en los meses estivales es una de las condiciones impuestas por la Xunta en la declaración de impacto ambiental del proyecto. La Consellería de Medio Ambiente establece además los caudales mínimos que debe mantener el Eume durante la operación para no ver dañada su flora y fauna, una de las consecuencias del llenado de la mina que han denunciado los ecologistas. Francisco Aréchaga, director de la explotación de As Pontes desde 1991, defiende que la captación de agua no perjudicará ni al río ni al parque natural que abraza. Asegura que los límites establecidos por la Xunta están por encima del caudal ecológico, el mínimo que necesita el cauce para preservar su hábitat y funciones ambientales. El estudio de impacto ambiental, añade, ha sido dirigido por Felipe Macías, catedrático de Edafología de la Universidad de Santiago. "Colabora con nosotros desde hace tiempo y conoce muy bien el río", esgrime Aréchaga. El director de la mina muestra un estudio sobre el caudal del Eume desde 1989. Según esta serie, arguye, la lengua fluvial que recorre las Fragas do Eume acoge varias veces al año menos agua de la mínima que les exige a ellos la Xunta.

La Sociedade Galega de Historia Natural, el único colectivo que alegó contra el proyecto, cree que "la velocidad a la que Endesa pretende ejecutar el llenado es grande de más como para pretender que el río Eume y toda la riqueza natural que atesora no se vayan a ver afectados de una manera drástica". Considera que la acidez y toxicidad del suelo de la mina impedirán que el lago consiga "unos niveles mínimos de habitabilidad, lo que, por rebose, extendería los problemas hacia el río Eume".

La acidez de aguas a la que se refieren los ecologistas tiene su origen en la pirita presente en lo que será el fondo de la gran charca. Cuando este mineral se mezcla con agua y oxígeno se desencadena un proceso químico de acidificación que los responsables del proyecto deben atajar. Endesa defiende que el llenado de la mina debe ser "rápido". "Es determinante para que la calidad de agua en el lago sea la idónea", explica Aréchaga, quien vaticina que en el lugar habrá vida "inmediatamente". El carbonoso suelo del yacimiento está siendo recubierto de arcillas blancas para disminuir el contacto con la pirita.

La empresa se muestra convencida de que los cuatro años de trasvase del Eume serán suficientes para lograr los 540 hectómetros cúbicos de agua con los que rellenará el hueco, una meta que los ecologistas ponen en duda. Endesa asegura que la Xunta les ha impuesto unos requisitos de calidad de las aguas "tremendamente exigentes". "Pero los vamos a cumplir", insiste el director de la mina, quien asegura que el lago "se cederá gratuitamente" a la Xunta en cuanto se termine.

La autorización ambiental del proyecto, que le costará a Endesa 35 millones, fue aprobada por la anterior Xunta cuando estaba en funciones. La actual Consellería de Medio Ambiente ha revisado las consecuencias ecológicas del llenado. Fuentes de este departamento admiten que hay técnicos que reclaman más controles medioambientales para proteger el Eume durante el trasvase. El conselleiro, el socialista Manuel Vázquez, tiene previsto visitar As Pontes el próximo viernes para conocer de cerca lo que será el primer lago de España que se crea en el hueco de una mina y tomar una decisión.

Cisnes cantores en el vertedero

En los más de 30 años que lleva activa la mina de As Pontes se levantó una montaña de escombros junto a la explotación. En este vertedero se acumularon 720 millones de metros cúbicos de estériles, es decir, las arcillas que tuvieron que sacar los operarios del yacimiento para acceder al lignito. Endesa inició en 1987 un proyecto de restauración de esta enorme pila de residuos para convertirla en una colina boscosa.

Veinte años después de limpieza y plantaciones, en esta escombrera han crecido 600.000 árboles. Por ella circulan 172 especies de invertebrados, entre ellos corzos, zorros y lobos. En sus 12 charcas y lagos residen patos de forma permanente y cisnes cantores que están de paso.

"Es la mayor acumulación de tierra artificial de la Península Ibérica y una de las mayores de Europa", sostiene Francisco Aréchaga, director de la mina de As Pontes, quien no escatima récords cuando se refiere a este proyecto. "Es uno de los sitios de fauna más ricos de Galicia y una de las mayores poblaciones de corzo de la península". Endesa prepara el libro Los habitantes de la escombrera, en el que se hará un recorrido por las 172 especies de invertebrados que ha inventariado un zoólogo de la Universidad de Santiago.

El lago que se pretende ejecutar junto a esta montaña será cedido por Endesa a la Xunta, la administración que tiene la competencia sobre las aguas continentales de esa zona. La escombrera convertida en bosque quedará, sin embargo, en manos de la eléctrica. Los responsables de la empresa estudian qué uso darle a esta propiedad. Una de las posibilidades consiste en dedicarla a la producción de biomasa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 30 de septiembre de 2007.

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