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Reportaje:Fútbol | Segunda jornada de la Liga de Campeones: Valencia-Chelsea y Sevilla-Slavia

El Chelsea vuelve a ser el Chelsea

Todo parece conspirar contra el club londinense desde que Abramovich despidió a Mourinho

Todo parece conspirar contra el Chelsea desde que, hace 11 días, su dueño, Roman Abramovich, destituyó al entrenador, José Mourinho. En el palco de Stamford Bridge, el multimillonario ruso sufrió el sábado los abucheos de sus aficionados; el capitán, John Terry, se rompió el pómulo en un encontronazo; la principal estrella, Drogba, fue expulsada al poco de regresar de una lesión; el nuevo técnico, Avram Grant, no ha sumado ningún gol en dos partidos. Y el vestuario ha saltado en pedazos por los celos entre los jugadores, controlados hasta entonces por el técnico luso. La era post-Mourinho chapotea en aguas turbulentas.

Abramovich irrumpió hace cuatro años en el universo futbolístico haciéndose cargo de los 200 millones de deuda del Chelsea, que estaba al borde de la quiebra: se lo comían los gastos de expansión del estadio y los salarios de los jugadores -Gullit, Zola, Verón- que, de otra manera, no habrían querido jugar en Stamford Bridge. Abramovich se propuso convertir al Chelsea en el club más rico y más popular del planeta. Para eso fichó como director general a Peter Kenyon, el artífice de que el Manchester United fuera durante años el gigante con más ingresos. Kenyon se fijó un plazo de 10 años para conseguirlo. Y Abramovich invirtió 530 millones en futbolistas. El siguiente paso fue contratar a un entrenador ganador, Mourinho, que venía de conquistar la Copa de la UEFA y la Champions con el Oporto. Empezaron los éxitos y las giras por Estados Unidos para promocionarse. Ayudaron las tres semifinales de la Champions en los últimos cuatro años, así como los dos campeonatos de Liga. Y, sí, aumentaron los ingresos, pero no tanto como había previsto Kenyon. La asistencia al último encuentro de la Champions, ante el Rosenborg, desencadenante del despido, resultó sintomática: 25.000 espectadores de una capacidad de 43.000, la menor de los grandes estadios europeos. Desde este punto de vista, el Chelsea no puede competir ni siquiera con sus principales rivales ingleses: el Manchester United, el Arsenal y el Liverpool. Así se apresuró a afirmarlo uno de los dirigentes de los gunners, Peter Hill-Wood, pocos días después de la caída de Mourinho.

Los 'Blues', con una historia discreta, no pueden competir en ingresos con sus rivales

También los hinchas del Manchester hicieron sangre en Old Trafford al mostrar una efigie de su entrenador, Alex Ferguson, con la leyenda "The Special One [El especial]" y otra de Mourinho con otra, "The Sacked One [El despedido]".

Mourinho tuvo la receta del éxito: un equipo eficaz, dinámico y combativo, a la vez que cínico y odiado. Y no quería estrellas: rechazó a Shevchenko y Ballack; la estrella era él. Abramovich, en cambio, envidiaba el espectáculo del Manchester y el Barça. Quería un juego más atractivo.

En los últimos días, el oligarca ruso se ha convertido en un habitual de los campos de entrenamiento. Sugiere las alineaciones a su amigo Grant, más receptivo a los planteamientos tácticos del magnate. Ex técnico del Maccabi Haifa y de la selección israelí, Grant aterrizó en el Chelsea después de algunos partidos en el Portsmouth. Se hizo íntimo de Abramovich en julio: les gusta hablar en hebreo. El vestuario le apoda "el filósofo".

Y los veteranos cuestionan su capacidad para dirigir un conjunto de este calibre, según The Guardian. "Está 25 años por detrás de los tiempos, con métodos desfasados. Cuando nos enfrentemos a grandes rivales, lo pagaremos", dice uno de los futbolistas. El miércoles se miden al Valencia en Mestalla en la segunda jornada de la Champions. El apoyo de los pesos pesados a Mourinho ha aflorado en una nota que emitió Terry: "Mourinho ganó seis trofeos con el Chelsea. Fue el más exitoso de los técnicos y el mejor con el que yo he trabajado. Sus entrenamientos, preparación y tácticas fueron extraordinarios. Además, es una buena persona".

Con la Liga 2004-05, Mourinho daba al Chelsea lo que ningún entrenador había conseguido desde el milagro de Ted Drake en 1955. Al reeditar el título a la temporada siguiente, el preparador luso convertía a los Blues en la superpotencia de la Premiership después del dominio absoluto del dúo Manchester United-Arsenal en los 10 años anteriores. A eso añadiría dos Copas de la Liga (2005 y 2007) y una Copa inglesa ante el Manchester United en Wembley. En este periodo, el Chelsea ha permanecido invicto en Stamford Bridge. Su peso en Europa ha sido más modesto. Pero, claro, ¿cuántos años le costó a Ferguson disputar su primera final de la Champions? Trece. ¿Y a Arsène Wenger? Diez. Ray Wilkins, una antigua gloria del Chelsea, expresa así su descontento: "Cierto que el Chelsea estaba creciendo cuando llegó Mourinho (con dos subcampeonatos con Claudio Ranieri), pero él lo convirtió en un ganador". Incluso sus antiguos rivales en los banquillos, Wenger y Ferguson, le han regalado elogios. Todos menos Rafa Benítez.

Nacido en 1905, la historia del Chelsea ha sido más bien discreta hasta la llegada de Abramovich. Una Liga en 100 años no era mucho. Stamford Bridge servía para el fútbol y para las carreras de galgos. En los sesenta hubo un equipo muy ofensivo y juerguista que disfrutó de futbolistas memorables: Alan Hudson, Charlie Cooke o Peter Osgood. Luego pasó por una crisis que le bajó a Segunda y tardó 15 años en volver a asentarse en Primera. Renació en los noventa con el glamour de Gullit, Zola o Verón, cuyos salarios dispararon la deuda. Y ahora, sin Mourinho, el Chelsea corre el peligro de volver a ser el Chelsea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de octubre de 2007