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Reportaje:ESCAPADAS | Ormaiztegi | Fin de semana

Del carlismo al ferrocarril

En su Geografía General del País Vasco-Navarro, Serapio Múgica recuerda que con las obras del ferrocarril del Norte, a principios de la segunda mitad del XIX, Ormaiztegi se convirtió en uno de aquellos pueblos que surgían al calor de la fiebre del oro. La localidad guipuzcoana, hasta entonces una simple aldea rural, pasó a ser un centro logístico donde se encontraban obreros y contratistas, ingenieros y proveedores. Una transformación radical para el pueblo natal del famoso general carlista Tomás de Zumalacárregui, que hoy se ha convertido en uno de sus atractivos, con un museo dedicado al personaje, al que se suma el viaducto, impresionante obra de ingeniería que se levantó para que pasara aquel ferrocarril.

La casa del general Zumalacárregui es ahora un museo dedicado a su memoria

Múgica sabía de lo que hablaba cuando se refería a Ormaiztegi porque había nacido allí. El cronista recuerda cómo, para atender a tal contingente humano, se abrieron en la villa varios establecimientos para su sustento y entretenimiento: posadas, cafés, billares, etcétera, que proporcionaron a muchos "pingües ganancias", sin olvidar que numerosos jóvenes de la zona se emplearon en las obras. El ferrocarril impulsó la aparición de talleres y una pequeña industria que sirvió para que el pueblo se fuese recuperando de las penalidades de las guerras carlistas.

Pío Baroja trató a lo largo de su obra aquel conflicto y, por supuesto, también caracterizó tangencialmente a Zumalacárregui, aunque quien le admiró fue Aviraneta, antepasado del general de Ormaitztegi, todo lo contrario de aquel. En principio, Zumalacárregui no destaca como "hombre de acción" como representa Baroja a su antepasado Aviraneta. Zumalacárregui no era amigo de cortes palaciegas, intrigas y conspiraciones: lo suyo era la estrategia militar a la que se verá abocado por la llegada de la guerra. Era más bien recatado, casero, apegado a la tierra (son varios los viajes que hace a Ormaiztegi para descansar); Aviraneta, todo lo contrario. Zumalacárregui es un arquetipo del militar a la antigua; Aviraneta, del moderno.

Cada cual tuvo su gloria: Aviraneta pasó a la historia por las novelas de su descendiente; Zumalacárregui, como personaje mítico a cuya casa natal acudían gentes de toda condición a visitar la habitación donde nació en el caserío Iriarte-erdikoa.

Esa misma casa es ahora un flamante museo dedicado a la memoria del general y por extensión al recuerdo de la primera guerra carlista. En ese lugar, el visitante puede conocer a fondo la figura y el tiempo del militar a partir de documentos, imágenes y demás elementos habituales en una exposición permanente. También puede recorrer aquellos años pasando un buen rato: la planta baja está dedicada, en principio, a los más pequeños, aunque cualquiera puede disfrutar calándose los sombreros de la época o jugando a descubrir las habitaciones de una casa de entonces. Sin duda, uno de los aciertos del museo es la serie de paneles móviles pintados con los trajes que se llevaban en esos primeros decenios del XIX, con unos orificios para introducir cabeza y manos.

El museo se completa con una serie de objetos personales del general guipuzcoano, desde una cubertería a la inevitable tabaquera (se cuenta que en los últimos días de su agonía Zumalacárregui fumaba compulsivamente). Si una bala no se hubiese cruzado en su camino en el sitio de Bilbao, Zumalacárregui seguro que hubiese disfrutado en su vejez observando desde su caserío las obras del viaducto, signo de unos tiempos que no llegó a vislumbrar.

Alarde técnico atribuido a Eiffel, como tantas otras construcciones en hierro del siglo pasado, el viaducto de Ormaiztegi, inaugurado el 15 de agosto de 1864, es la obra más importante de la vía Madrid-París, no sólo porque resuelve un desnivel de 289 metros de largo y 34 de alto, sino por la forma de construcción. Con 18.000 toneladas apoyadas sobre cuatro pilares, el ingeniero Alexander Lavalley, predecesor de Eiffel, supo hacer un puente amplio, cómodo, ligero y muy seguro, gracias a su magistral uso del hierro.

La recóndita Gabiria

Cómo llegar: Ormaiztegi se encuentra a escasos kilómetros de la N-I. Tanto si se llega desde San Sebastián como si se hace desde Vitoria, existe un desvío a la altura de Beasain que conduce por una carretera de doble vía hasta la propia localidad guipuzcoana. Desde Bilbao también se puede llegar hasta Eibar por la A-8 y desde aquí seguir por Bergara y Zumarraga hasta que se llega a Ormaiztegi.

Alojamiento: En los alrededores de Ormaiztegi se encuentran varios establecimientos de agroturismo, como Orue (943 801900) y Lierni Garakoa (943 801699) en Mutiloa, Mandubiko Benta (943 882673) en Ezkio-Itxaso, o Tellerine (943 582031) en Zerain.

Comer: En Ormaiztegi, ofrecen servicio de comidas varios locales. Además del reconocido Kuko (943 882893), se hallan Arana (943 883021), Ekaitz (943 882771), Itxune (943 887951) y Mujika (943 801699).

Actividades. A escasos kilómetros de Ormaiztegi, en un desvío de la carretera que lleva a Legazpi, se encuentra Gabiria, localidad de cierta entidad, pero que vive el aislamiento de los pueblos que no cruzan las principales carreteras. Y eso que no está exenta de encantos. Por su altitud, dispone de atractivas vistas sobre las cimas de Aizkorri y Txindoki, sin olvidar el valle del Eztanda.

El pueblo, cuya fundación se remonta a 1350, trata de mantener el difícil equilibrio entre la vida tradicional del caserío y cierta actividad industrial que ha llevado a la construcción de bloques de pisos. De momento, el encanto se conserva y domina el conjunto de la iglesia de la Asunción, el Ayuntamiento, la Casa Ostatu y los caseríos de los alrededores. Sin olvidar, la ermita de Santa Marina, con una bonita plaza de hayas a su lado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2007

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