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Reportaje:

La presunción de inocencia vuelve al ciclismo

El TAS ordena a la UCI admitir a Valverde en el Mundial de Stuttgart del domingo

Carlos Arribas

Hace ya varios meses, el suizo Mario Zorzoli, uno de los científicos que dirige la lucha antidopaje de la Unión Ciclista Internacional (UCI) -conoce mejor que nadie el estado de la sangre de cientos de corredores-, anunció a los ciclistas que se olvidaran del concepto de presunción de inocencia. "Por el mero hecho de ser ciclistas, todos sois automáticamente sospechosos de dopaje", les dijo. El todo vale se hizo ley, el maquiavélico el fin justifica los medios, más madera es la guerra contra el dopaje.

Tal anuncio precedió su conversión en doctrina jurídica, que convertía automáticamente a todos los sospechosos en culpables directamente vía código ético; vía interpretaciones sui géneris de artículos varios que hablan de la imagen del ciclismo; vía presiones sobre los equipos; o vía decisiones unilaterales de los organizadores sobre el derecho de los corredores a participar en sus pruebas, como pudo, en el caso más palmario de los últimos meses, comprobar el danés Michael Rasmussen, a quien su equipo, el Rabobank, presionado por el Tour, obligó a abandonar la grande boucle con el maillot amarillo a sus espaldas. Tal tendencia, convertida en pensamiento único entre los dirigentes del ciclismo, sufrió ayer un frenazo en seco después de que un juez del Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), el suizo Quentin Byrne-Sutton, diera la razón a la federación española y a Alejandro Valverde, quienes solicitaban que se dejara sin efecto la prohibición dictada por la UCI contra el ciclista murciano prohibiéndole participar en el Mundial del domingo por su presunta implicación en la Operación Puerto.

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"Ordeno a la Unión Ciclista Internacional admitir a Alejandro Valverde como participante en los campeonatos del Mundo de ciclismo de 2007", decidió Byrne-Sutton después de escuchar durante varias horas los argumentos de la UCI y de los abogados de la española y de Valverde. Aunque la motivación de su auto no se hará pública hasta dentro de varias semanas, una nota oficial del TAS explicaba que el árbitro único consideraba que la prohibición a un ciclista "no reconocido culpable de dopaje" constituía una forma de sanción pronunciada por anticipado y que, fundamentalmente por su falta de cooperación con las autoridades judiciales y deportivas españolas, la UCI no había sido capaz de poner en marcha el procedimiento que le permitiera "dictar una sanción tan dura preservando al mismo tiempo de manera adecuada los derechos del corredor".

La decisión, conocida poco antes de las 18 horas y de la que también se beneficiarán los proscritos Allan Davis y René Andrle, otros dos ciclistas sospechosos, provocó en el hotel de la selección española una onda de alegría similar a la que produjo en 1999 el triunfo de Óscar Freire en el Mundial; en Valverde, que hoy llegará a Stuttgart, un alivio único -"he estado muy descentrado, pero espero estar bien el domingo", dijo-; en Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte, "alegría por un deportista español" y la consideración de que ahora es necesaria "la mesura y la reflexión"; y en José Miguel Echávarri, su director, el pensamiento amargo de que esto supone, al menos, "un freno al linchamiento". "Los días que vienen serán durísimos para Valverde", añadió. "Casi dan ganas de decir que ahora no corre, pero por respeto al gran esfuerzo de la federación y de tanta gente tampoco puede hacer eso".

Todos ellos habían sido fustigados por Pat McQuaid, presidente de la UCI, quien presentó el caso como una reválida de sus esfuerzos contra el dopaje, y que ayer se contradijo afirmando que "tampoco era para tanto" y que aceptaba la decisión. "La UCI ha perdido. Si el domingo gana Valverde, le pondré el maillot", dijo de una posibilidad que tampoco es tan remota, pues el murciano, actual medalla de bronce, también ha quedado segundo en otras dos ocasiones.

Los organizadores locales no lo encajaron con tanta deportividad. El ministro del Interior alemán, Wolfgang Schauble, congeló una subvención de 150.000 euros al Mundial y afirmó que la credibilidad está en duda. Hablaba por el caso Valverde y también por la negativa de Paolo Bettini a firmar el compromiso ético. A Bettini, además, le acusó ayer la cadena ZDF, que se está replanteando la retransmisión de la carrera, de haber pasado testosterona al alemán Patrik Sinkewitz, cosa que éste, positivo en junio, ha negado.

Valverde, en una contrarreloj del pasado Tour.
Valverde, en una contrarreloj del pasado Tour.REUTERS

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Sobre la firma

Carlos Arribas
Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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