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La superficie de bosque quemado desciende un 66% respecto a 2006

Canarias acumula el 78% del terreno forestal arrasado por las llamas

Las playas vacías y las vacaciones arruinadas por la lluvia tienen un lado positivo: el monte no arde. O arde menos. En lo que va de año, se han quemado 26.664 hectáreas de arbolado, lo que supone un 66,4% menos que en el mismo periodo de 2006 y un 20% menos que la media de los últimos 10 años. Los expertos señalan que la reducción se debe al tiempo suave, ya que los incendios se disparan en días con más de 35 grados. Algo que prácticamente sólo ha tenido Canarias, que acumula el 78,4% de la superficie forestal quemada en España.

El asesor del Colegio de Ingenieros de Montes, Gabriel Lebric, clama cuando escucha el descenso de incendios: "Es un dato coyuntural y no hay manera de saber qué habría pasado en un verano normal". Lo que ha ocurrido, según Lebric, es que "no ha habido tres días seguidos con más de 35 grados en casi ningún sitio". Con un verano muy suave y bastante lluvioso apenas se han dado esas condiciones. "A partir de 35 grados durante varios días, la planta se estresa, no corre la savia y se seca. Entonces arde como una yesca", añade Lebric.

Este año, los incendios han bajado a un nivel no visto desde 1997, cuando comenzaron las estadísticas. Se han producido ocho grandes incendios (de más de 500 hectáreas), cuando el año pasado en esta misma fecha había 52. El número de incendios ha pasado de 13.050 en 2006 a 6.031 este año. Las comunidades del Cantábrico acumulan el 39,3% de los incendios, pero sólo el 3,1% de la superficie quemada; las mediterráneas, el 23,4% de los incendios y el 23,4% de la superficie ardida.

Las condiciones que apunta Lebric son las que se dieron en el incendio de Guadalajara, en julio de 2005, con 11 muertos y 12.000 hectáreas arrasadas, y un año después en Galicia, cuando centenares de fuegos quemaron más de 77.000 hectáreas. Ayer, el Ministerio de Medio Ambiente no quiso evaluar los datos, aún provisionales. En el departamento se recuerda que a finales de julio pasado, la ministra, Cristina Narbona, hizo un balance triunfal sobre los incendios hasta ese momento y días después se desató la ola de fuegos en Galicia. Este año no es previsible que ocurra lo mismo, ya que la previsión para los próximos días es optimista.

Precisamente, la subida de las temperaturas de los últimos días ha aumentado el número de incendios. Ayer se declaró un fuego en Riba-roja d'Ebre (Tarragona), informa Efe; en Castellón, los bomberos luchaban contra el fuego en L'Alcalatén (Castellón), y Castilla y León dio por ayer extinguido un incendio en Segovia que arrasó 600 hectáreas de monte bajo.

Las condiciones de Guadalajara o Galicia fueron las mismas que en Canarias, cuando, entre la última semana de julio y la primera de agosto de este año, ardieron más de 8.000 hectáreas en Gran Canaria y 3.000 en Tenerife. Aunque en las islas sólo se han registrado el 2,14% de los incendios de este año, el 78,40% de la superficie arbolada quemada este año se encontraba en el archipiélago. La superficie afectada fue menor de la que se pensó en un principio.

La explicación que dan los técnicos forestales es que el fuego fue tan rápido "que no tuvo persistencia en un punto concreto". No era extraño ver en las localidades más afectadas, fincas calcinadas, abrasadas por el fuego y a apenas 300 metros palmerales que seguían intactos después de casi una semana rodeado de llamas. "Ecológicamente, es preferible que el fuego vaya a una velocidad de vértigo, es menos dañino", según Fernando Franco, ingeniero forestal en Canarias. Si el fuego no se extendió más fue también porque después de una semana las condiciones meteorológicas mejoraron: el viento amainó y la temperatura bajó. Los técnicos destacan que la vegetación canaria, "que ha evolucionado a base de fuego", no se ha visto muy dañada. "Los pinos canarios rebrotarán en no más de dos años", señala Franco. No ha corrido la misma suerte el hábitat de la joya ornitológica de Gran Canaria, el pinzón azul, prácticamente devastado.

El coordinador de Ecologistas en Acción, Theo Oberhuber, destaca que, además del tiempo favorable, la normativa ha ayudado. Tras el incendio de Guadalajara el Gobierno aprobó de urgencia un decreto-ley que impedía hacer fuego al aire libre. El año siguiente no renovó el decreto, "pero muchas comunidades empiezan a aplicarlo y a prohibir la quema de rastrojos y las barbacoas. Y eso tiene un efecto más lento pero empieza a notarse".

Francisco Cabezas, secretario de agentes forestales de Comisiones Obreras, destaca "que la gente está más concienciada, pero aún así sigue habiendo incendios producidos por líneas eléctricas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de agosto de 2007