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Reportaje:

El refugio de Carmen Martín Gaite

A la autora salmantina le gustaba escribir a mano, con luz natural (el súmmum si entraba por la derecha) y a ser posible en el estudio de su padre en la casa familiar de El Boalo, a los pies de la sierra madrileña de Guadarrama. Un remanso de paz que visitaron muchos escritores de su generación, y que su hermana Ana pretende convertir en un centro de estudios.

La novelista Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925-Madrid, 2000) era bastante anárquica en cuanto a costumbres de escritura. Tenía cierta predilección por trabajar en bibliotecas, pero también le gustaba hacerlo cerca de un fuego o al aire libre, y no tenía inconvenientes en escribir en habitaciones de hoteles o en estaciones de autobuses si allí se le ocurría algo. Empezaba sus cuadernos con una idea, a lo mejor de narrativa, al rato daba la vuelta a la libreta y desde el fondo arrancaba un ensayo. Al día siguiente, en el medio de la misma, podía anotar apuntes para un guión. Cuando se estancaba, traducía obras de sus autores favoritos: Virginia Woolf, Gustave Flaubert, Italo Svevo y las hermanas Brönte, entre otros.

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En ese aparente desorden, sin embargo, había algunas constantes. Siempre escribía a mano. Y, a ser posible, con la mesa inundada de rayos de luz natural procedentes desde la derecha. Si hacía falta, desplazaba el mobiliario de las habitaciones para que así fuera, para estar más a gusto. Así lo hacía en uno de sus lugares predilectos de escritura, otra de las constantes: el estudio del padre en la casa familiar de El Boalo, un apacible pueblo madrileño ubicado a los pies de los primeros contrafuertes de la sierra de Guadarrama. El enorme escritorio de madera, desplazado para que la luz estuviera en la posición correcta. Los cuadernos se llenaban.

"Carmen escribió y tradujo mucho en esta casa", recuerda su hermana Ana. "Lo hacía en el piso de arriba, en el jardín -mirando al monte-, en cualquier sitio. Pero cuando estaba inspirada, cuando sentía que estaba a punto de salir algo importante, iba al estudio". Ese cuarto, esa casa, "fueron un refugio, una llegada segura, donde reencontrar la paz a veces perdida en la caótica vida madrileña", escribe Maria Vittoria Calvi, la catedrática italiana que es una de las mayores estudiosas de la escritora salmantina.

Ahora, Ana Martín Gaite,

que sigue residiendo y manteniendo viva la casa durante parte del año, cultiva el proyecto de convertirla en el futuro en un centro de estudios sobre Carmen y la generación de escritores de la que formó parte. El lugar desde luego no podría ser más apropiado. Lo es no sólo porque en él Martín Gaite incubó y escribió muchas páginas importantes y por el bello e inspirador panorama que lo rodea, sino también porque por ahí pasó, se encontró y dialogó mucha gente con ideas que dejarían un rastro en España. En estancias cortas y breves, por comidas o reuniones de trabajo, visitas o fiestas, en ocasiones distintas y por motivos diferentes... pero el caso es que por Los Prados -el nombre de la residencia de El Boalo- ha pasado gente como Torrente Ballester, Goytisolo, Delibes, Benet, Herralde, Ferlosio (su ex marido), Aguilar, Ciruela, Sueiro, además de músicos, gente de cine, teatro y muchas personas comunes e interesantes.

Las casas siempre dicen mucho de sus dueños, de las actitudes, posibilidades, valores y defectos de las personas que las habitan. Las paredes se impregnan de la vida que abrigan, y la reflejan a quienes quieran verla. Pero, Los Prados no es una casa cualquiera, es un lugar privilegiado en el mapa literario español, y entre sus paredes se puede entrever un mundo entero.

Cada rincón de la casa

-cálida y acogedora, con una iluminación tenue, llena de madera, libros y rincones aptos para la conversación o a la concentración, y rodeada de un bello jardín- parece relatar o inspirar una historia. En las fotos, sofás, cuadros, alfombras y mesas que la pueblan parecen haberse quedado enredados hilos de la vida, de las ideas, y de la fuerza del buen puñado de personas que, con Carmen Martín Gaite, han constituido una brillante generación literaria y un elemento muy significativo en el camino de España hacia la democracia.

Ana Martín Gaite trabaja en estos meses con instituciones y universidades para lograr los apoyos necesarios a garantizar un futuro estable a su proyecto de centro de estudios. Para que la casa de El Boalo siga siendo un lugar significativo en el mapa literario español.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de agosto de 2007