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Reportaje:NUEVAS ARMAS PARA LA NOVELA NEGRA

Aires de renovación

Cuerpo a cuerpo, de Eugenio Fuentes, y Deudas pendientes, de Antonio Jiménez Barca, marcan un nuevo ritmo en la novela negra española.

Los dos son herederos de una buena tradición, de Mario Lacruz, de Manuel Vázquez Montalbán, de Andreu Martín, de Juan Madrid y de tantos otros que han dignificado la novela negra en España. Pero ahora están marcando su propio ritmo, un ritmo en que muchas de las convenciones del género se disuelven y en el que las fronteras desaparecen.

Eugenio Fuentes (Cáceres, 1958) ya casi no necesita presentación. Novelas como El interior del bosque, La sangre de los ángeles o Las manos del pianista, protagonizadas por el detective privado Ricardo Cupido, le avalan. Cuerpo a cuerpo (Tusquets), por si había alguna duda, es su consagración. Ha hincado el diente en un tema tan complejo como la renovación del Ejército español iniciada con la llegada de la democracia.

La historia es aparentemente sencilla: el comandante Camilo Olmedo, que ha servido durante tres años en Afganistán, es el encargado de preparar un informe sobre la conveniencia o no de cerrar el cuartel de San Marcial, en una localidad de la costa. Él es partidario, pero a sus colegas les sienta como un tiro. Empezando por el coronel Castroviejo: el tranquilo estatus de provincias que había logrado instaurar en el San Marcial no se correspondía con el discurso renovador de Olmedo.

Así las cosas, Olmedo aparece muerto y todo indica que se ha suicidado, pero su hija no se lo cree y contrata a Cupido. Cuarentón, escéptico y descreído, el detective se enfrenta a su caso más complejo: la ambigüedad de la muerte, una variante del enigma de la puerta cerrada, el hermético mundo militar, mucha gente con cosas que esconder... Una trama muy buena, pero lo mejor, la descripción de ese ambiente provinciano y el retrato de unos militares temerosos ante el cambio.

Deudas pendientes (El Tercer Hombre), de Antonio Jiménez Barca, ha obtenido el Premio Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela negra en la pasada Semana Negra de Gijón. Los que la habían leído no se sorprendieron. Más que prometedora, es buena. Tiene tres alicientes importantes. Primero, la imagen que transmite de un Madrid que crece desaforadamente, la ciudad que rompe arraigos. Segundo, la historia de Trendy, el amigo que desapareció 12 años antes y que regresa a Madrid para morir de una cuchillada. Por último, la peripecia de Pablo, el protagonista de la novela, que vio a Trendy el día antes de su muerte.

Pablo, El Mosca, Mongo, Javier, El July, Nora, los amigos de la adolescencia en un barrio marginal, reconstruyen la vida de Trendy. Al mismo tiempo, nos enteramos de la propia historia de Pablo, un esforzado perseguidor de morosos que tiene el problema de que unos le gustan más que otros, de su jefe, el alcoholizado Eduardo Martí, de la veterana secretaria, Isabel. Todas las criaturas de Jiménez Barca son personajes entrañables. Hay momentos impagables en la novela, como el maratón por las calles de Madrid o una persecución por la M-30. No falta el humor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de agosto de 2007