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El FMI fija de plazo hasta el 31 de agosto para que se presenten las candidaturas a la sucesión de Rato

El proceso de designación del sucesor de Rodrigo Rato al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI) ya está lanzado formalmente. Y de esta manera arranca también la disputa por su puesto, ya que, como precisó ayer el consejo ejecutivo del organismo financiero, está abierto a cualquier nacionalidad. El FMI pone de plazo hasta el 31 de agosto para que cualquier país o grupo regional presente sus aspirantes. El único candidato formal que hay sobre la mesa es el francés Dominique Strauss-Kahn por parte de la Unión Europea. La tradición manda que Europa se quede la gerencia del FMI, mientras que un estadounidense ocupa la presidencia del Banco Mundial, su institución hermana, ambas con sede en Washington y nacidas hace seis décadas tras la firma de los acuerdos de Bretton Woods. Sin embargo, este reparto podría estar tocando a su fin.

El consejo ejecutivo, reunido la tarde del jueves para discutir los pasos que se darán a partir de ahora en el proceso de selección, precisa que el sucesor de Rato deberá tener un "distinguido registro" en política económica, además de demostrar sus dotes diplomáticas y de gestión que se necesitan para capitanear una institución global. Y precisa que deberá ser un "nacional" de cualquiera de los 185 miembros que integran el FMI.

En septiembre, precisa el comunicado, el consejo ejecutivo considerará los candidatos que hayan sido nominados en la base de ese perfil y "sin ninguna preferencia geográfica". Rato no ha dado una fecha concreta en la que soltará las riendas del FMI. Tan sólo ha dicho que será en octubre, tras la celebración de la tradicional cumbre semestral. Ahora está por ver si algún país aprovecha esta oportunidad para poner otros nombres sobre la mesa.

Entre los países que han pedido que se abra el proceso de selección se encuentran Australia, Brasil y Suráfrica. Europa dice que sólo renunciará a este privilegio cuando EE UU haga lo propio. Rato dejó caer en el pasado que sería mejor establecer un proceso más transparente y dar voz a los países emergentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de julio de 2007