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Entrevista:ALBERTO CONTADOR | Corredor del Discovery Channel | TOUR 2007

"El ciclismo ya es sólo un trabajo"

Entra Alberto Contador en una cafetería de Pinto y un conocido le pregunta cómo le va. El escalador, que acaba de regresar de la Dauphiné Libéré, le contesta que estuvo en una carrera en Francia, pero, se disculpa, sólo pudo terminar el sexto. Hace un año, Contador (Pinto, Madrid; 24 años) sufrió una de sus mayores desilusiones cuando los reglamentos y los efectos colaterales de la Operación Puerto obligaron a su equipo, el Astaná, a abandonar el Tour la víspera de empezarlo. Aquel hecho cambió su visión de la vida y del ciclismo más aún que algún problema de salud que estuvo a punto de acabar de forma tempranera con su vida y su carrera. "He madurado a marchas forzadas", dice Contador ahora, enrolado en el Discovery Channel, el equipo de Lance Armstrong. "Para mí, el ciclismo ha perdido el lado romántico. Ya es sólo un trabajo", sentencia.

"De juvenil, era bonito. Quería ganarme la vida con esto y lo logré. Pero, de profesional, lo desmitificas"

Pregunta. Por fin, el Tour.

Respuesta. El esfuerzo que he hecho todo el año es para el Tour. Hacer un principio de temporada como el que he hecho

[el madrileño ganó en marzo la París-Niza y la Vuelta a Castilla y León] me da más tranquilidad. Llevo al Tour en la cabeza todo el año.

P. ¿Con sentido de urgencia? ¿Un agobio?

R. Cada año que pasa se tiene más necesidad de estar adelante. Tengo un equipo que me ha arropado más que antes porque los resultados me avalan. Me tratan como líder.

P. Pero, oficialmente, en el Tour, el líder es Leipheimer...

R. Es normal que sean los veteranos los que asuman la responsabilidad. Leipheimer falló el año pasado, pero tiene calidad para estar muy delante. Yo sólo tengo 24 años.

P. Tendrá 24 años, pero ha vivido más experiencias que una persona de 50.

R. Eso sí. He multiplicado la experiencia por dos o por tres y mi nivel de madurez es bastante alto. Historias como la del año pasado, quedarme sin equipo... He tenido experiencias que no viven otros en diez años, y de ellas trato de sacar lo positivo y lo negativo.

P. Desde muy joven tuvo que tomar decisiones trascendentes. Por ejemplo, el cavernoma [una especie de aneurisma cerebral] que sufrió en la Vuelta a Asturias hace unos años le obligó a decidir entre dejar el ciclismo y seguir, supongo.

R. Y en esos momentos Manolo Saiz se portó de una manera increíble. Estuvo a mi lado y me ayudó como persona dejando el ciclismo al lado. Agradeceré toda mi vida su comportamiento esos días. Cuando me operé, sólo pensaba en la posibilidad de no correr más en bicicleta, pero después, en el hospital, sabía que mi vida corría peligro. Una vez que supe que podría volver, la ilusión fue enorme. Y al año siguiente gané en Australia.

P. También sufrió un ataque en Burgos.

R. Fue un mareo como consecuencia de la operación. Eso no se puede volver a reproducir. Son unos capilares que se queman y extirpan. Es verdad que hay que mirarlo bien y hacer revisiones para evitar irregularidades. En condiciones normales, no importaría mucho, a no ser que te pase en el coche. Pero, en mi profesión, ya ve. Me caí en un bosque, pero imagínese que hubiera sido en un barranco. Hoy en día, el tema es por precaución, pero tampoco es una cosa demasiado preocupante si tengo un control exhaustivo. No pasa nada.

P. Y llega el Tour de 2006 y le mandan para casa.

R. Fue un palo gordo. Te pones a pensar en las ilusiones y los sacrificios y el entrenamiento que se echan a perder... Con mi familia allí, en Estrasburgo, a verme en el prólogo, y el día antes me dicen que no puedo salir porque estoy relacionado con alguien a quien ni conozco

. Se me quitaron las ganas de todo. Hasta de ver la tele. Una injusticia.

P. ¿Y qué hizo?

R. Me fui tres días a casa de unos familiares en Francia, donde tuvo menos repercusión. Pero el cabreo me duró diez días.

P. Carlos Abellán, que fue compañero suyo en el Liberty, comentaba que, a raíz de la Operación Puerto, había perdido idealismo y ganado escepticismo. ¿También usted?

R. Perdí la ilusión. Cuando se es juvenil, todo es perfecto, muy bonito. Yo quería ganarme la vida con esto y lo he logrado. En ese sentido, debo sentirme un privilegiado. Pero cosas como aquélla quitan la ilusión, aunque sigo teniendo objetivos y ganas. Al final, te lo tomas más como un trabajo. Me hago mayor y las cosas las veo diferentes. Cada vez me cuesta más salir de casa. El sentido mítico lo pierdes en tanto que te haces un nombre. Cuando pasas a profesional, desmitificas y poco a poco vas creciendo. Aunque me imponen nombres como Alpe d'Huez, Tourmalet...

P. A usted es a quien menos le costó encontrar equipo tras aquello. Bruyneel, el patrón del Discovery, llevaba mucho tiempo tras usted.

R. Y, si no hubiera entrado el Liberty, habría ido antes al Discovery. Sabía que era el equipo al que me motivaría irme. Tal vez, por la figura de Armstrong. Sufrí una operación que pudo costarme el ciclismo y la vida como a él un cáncer.

P. Se habla de usted, desde hace tiempo, como el Perico Delgado del siglo XXI. ¿Se reconoce en la forma de correr del segoviano?

R. Pero no me puedo comparar con él. Quizás me parezco en que también me gusta la montaña y soy inconformista. No soy de los que quiere ir cómodo hasta arriba y esprintar. Me gusta mover el árbol por ver si cae alguno y, a veces, cuando arranco, la gente toma precauciones. A veces, es un error mi forma de correr, pero me ha dado más ventajas, aunque es cierto que en el Tour hay que ser un poco conservador.

P. En este su segundo Tour, ¿buscará ganar una etapa, perdiendo tiempo en el llano para tener libertad, o la general?

R. Prefiero ser cuarto o quinto al final que ganar una etapa. Es un éxito grande ganar etapas, pero prefiero el top ten. ¿Por qué? Porque mi formación va encaminada a luchar por el Tour. Para mi proyección es mucho mejor estar entre los diez primeros que ganar una etapa.

P. ¿La medicina es para los que no se entrenan?

R. Como en la vida, algunos buscan ascender de una manera y otros de otra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de julio de 2007