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AGENDA GLOBAL | ECONOMÍA

Penúltima lección de Fuentes Quintana

No repetir la peor historia.

EN TÉRMINOS DE TIEMPO, la presencia del profesor Fuentes Quintana (FQ) en el Gobierno como responsable de la política económica, en la segunda mitad de los setenta, fue muy corta. Todo lo contrario si se mide en relación con su influencia: hizo sentido común de una forma de entender la economía. No le gustaba participar directamente en la política; es más, creía que los economistas no debían hacerlo, ya que su labor es lograr "que todo lo que es económicamente inevitable sea políticamente factible", y para ello hay que influir desde fuera.

A lo largo de los años, FQ tuvo largas conversaciones con el autor de esta columna, una especie de impagables lecciones particulares. "Yo no quería entrar en el Gobierno. Fui convencido por varias personas que todavía no viene al caso citar [seguramente se refería al Rey]. Los economistas hemos entrado en los Gobiernos siempre en situaciones muy especiales, que nos han comprometido como tales: gobernar no es nuestra vida ni nuestra profesión". Cuando dejó el Gobierno de Adolfo Suárez, en febrero de 1978, sus allegados hablan del intelectual cansado de la política, de un ministro técnico rodeado de ministros políticos. FQ deja una carta de despedida a Suárez que algunos, no él mismo, consideran una especie de testamento de política económica. Tampoco quiso hacer pública nunca esta carta, y está en los archivos personales del ex presidente de Gobierno.

Ha habido dos ocasiones de hacer de España un país normal: con la II República y con la muerte de Franco. En momentos de crisis hay que ganar un sentido de finalidad común entre todas las fuerzas políticas

En el siglo pasado, reflexionaba Fuentes, ha habido dos ocasiones de hacer de España un país normal: con la llegada de la II República y con la muerte de Franco. ¿Qué pasó en la II República? Que no se dio a la economía la importancia que tenía. Estados Unidos estaba inmerso en los efectos de la Gran Depresión del veintinueve, que se habían extendido al resto del planeta. También a España. Con las dificultades económicas se fue agravando la situación social, hasta que se hizo insostenible. Si las crisis no las finalizan los demócratas, las crisis acaban con los demócratas. No puede haber una convivencia estable entre democracia y crisis económica. La experiencia de 1931-1936 denunciada como una crisis económica grave y no resuelta constituye un pasivo que complica crecientemente -hasta hacerla imposible- la construcción de la democracia.

Ésta es la filosofía implícita a los Pactos de la Moncloa, de 1977, en plena transición de una dictadura a una sociedad de libertades. Fernando Abril Martorell, desde el punto de vista político, y FQ, desde el económico, fabricaron ese acuerdo entre todas las fuerzas políticas para llegar a un acuerdo de sacrificios compartidos, en el que todos renunciaban a una parte de su ideología a cambio de tiempo para firmar la Constitución.

Fuentes se apoyaba en un español ilustre, Santayana, que sostenía que un país que desconoce su propia historia está condenado a repetirla, por lo que partir de la trágica experiencia de los años treinta constituía una obligación fundamental para los españoles, que 46 años más tarde del inicio de la República volvían a vivir una situación análoga. "Aprender las lecciones de esa experiencia constituía la primera condición para afirmar un orden democrático duradero en 1977. Las enseñanzas de aquella experiencia histórica no podían quedar desatendidas".

Con esos intentos de consenso se intentó ganar entonces un sentido de finalidad común para lograr respuestas a los principales problemas de la sociedad. Decía Fuentes que si en momentos de crisis no se crea ese sentido de finalidad común, aquélla se agravará dificultando irreparablemente esa suma de crisis más democracia en la que los ciudadanos españoles se jugaron su futuro en la transición.

Ésa es la gran lección de aquellos tiempos, que podría tener en parte su traslación a la actualidad. Pero la analogía ya no corresponde a FQ -sería un abuso atribuírsela-, sino a quien la quiera hacer. En cualquier caso, echamos de menos a personajes como Abril Martorell o Fuentes Quintana. A cada uno a su modo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de junio de 2007