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Reportaje:

El asesino del rol quiere volver a la calle

Javier Rosado, el asesino del juego de rol, el estudiante que el 30 de abril de 1994 asestó 19 cuchilladas a un hombre para cumplir las reglas de un macabro juego de mesa, ha solicitado a los jueces el tercer grado penitenciario. Quiere salir de la cárcel. Y la ley le favorece: no se ha metido en ningún lío durante su reclusión y el 28 de octubre de 2006 cumplió las tres cuartas partes de la condena (oficialmente, de 42 años) que le impuso la Audiencia de Madrid por el asesinato de Carlos Moreno. Rosado, recluido ahora en la prisión madrileña de Soto del Real, está ya en la antesala de la libertad.

Sin embargo, ni el fiscal ni los jueces de vigilancia se fían de él. Rosado es "un psicópata muy peligroso" y "carente de remordimientos", sostienen. Rosado lleva ya 13 años preso. Hoy tiene 34 años y ya no es aquel joven flacucho de 21 años y gafas gruesas que, con la ayuda de Félix M. R., entonces menor de edad, conmocionó a España con el crimen del rol. La víctima, un empleado de limpieza de 52 años, esperaba aquella fría noche de abril un autobús en el barrio de Manoteras (Madrid). Eran las cinco de la madrugada y volvía a casa para descansar. Ni remotamente imaginaba que aquella madrugada, dos jóvenes de clase media alta de Madrid le iban a provocar una agonía de 15 minutos. ¿El motivo? Ninguno. Su muerte había sido dictada en el curso de un macabro juego de adolescentes.

El fiscal y los jueces de vigilancia creen que Rosado es un psicópata carente de remordimientos

En la cárcel, se ha licenciado en Químicas,Matemáticas e Ingeniería Técnica de Informática

El abogado del asesino sostiene que, con la ley en la mano, debe salir libre en dos o dos años y medio

Ya huele a libertad. Empieza a buscar trabajo y ha ofrecido sus servicios a varias ONG

Se le ha negado una vez el tercer grado, que le permitiría ir a la cárcel sólo para dormir, pero ha vuelto a pedirlo

"El castigo que estoy pagando es justo para lo que hice", afirma en una carta a sus padres

Rosado, cerebro e ideólogo de ese crimen, es hoy más corpulento. Y mucho más culto que entonces. Ya no es el introvertido estudiante universitario de tercer curso que se refugiaba en los juegos de rol. En la cárcel, durante estos años, se ha licenciado en Químicas (rama de Medio Ambiente), Matemáticas (estadística) e Ingeniería Técnica de Informática. Además, ha aprendido inglés y está sometiéndose a exámenes para obtener la licenciatura de Informática. En la cárcel están asombrados de su capacidad de aprendizaje. Nunca antes un preso había estudiado tres carreras en España. Rosado ha vuelto a hacer lo impensable.

Pero lo que preocupa es su próxima e inevitable salida de la cárcel.

El juez de vigilancia penitenciaria y el fiscal siempre se han negado a darle permisos. La mente de Rosado es demasiado compleja y está lejos de ser la de un preso ordinario. El asesinato de Carlos Moreno no fue el fruto de un momento de ofuscación.

"Javier Rosado es un psicópata, carece de empatía, su inteligencia no es emocional sino descriptiva y carece de sentimientos, pero a la vez es muy inteligente y puede penetrar tu mente e imaginar qué piensas, aunque es incapaz de saber cómo te sientes". Así lo explica Pedro Martínez, actual teniente fiscal del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y jefe de la sección de vigilancia penitenciaria cuando se perpetró el crimen. "Es un gran manipulador de las emociones ajenas, y creemos que se entregó al crimen no para liberar tensiones emocionales, sino como deleite", añade el segundo jefe de la Fiscalía de Madrid.

El abogado de Rosado, el catedrático de Derecho Penal Luis Rodríguez Ramos, asegura, por el contrario, que su cliente ya está rehabilitado. Y advierte de que, con la ley en la mano, Rosado debe quedar libre como máximo "dentro de dos o dos años y medio".

Contra el criterio del juez de vigilancia y del fiscal, el asesino del rol viene disfrutando desde 2004 de permisos carcelarios. Se los ha dado la Sección Quinta de la Audiencia de Madrid, que preside el magistrado Arturo Beltrán. Se trata de "una forma de preparación para la vida en libertad", según el auto del tribunal. Hasta el momento, sólo han sido permisos (de entre dos y seis días), pero la hora de su definitiva liberación está cercana. Y nadie podrá evitarla.

En puridad, Javier Rosado cumple con creces los requisitos para obtener el tercer grado, lo que le permitiría ir a prisión sólo para pernoctar. Si no fuera quien es, incluso podría alcanzar ya la libertad condicional, dado que se ha portado bien y no ha dejado de estudiar, de devorar libros y de dar clases de matemáticas a otros reclusos.

Sin embargo, Rosado está considerado por los peritos judiciales como alguien "muy peligroso". De ahí la preocupación sobre su futuro. En el juicio, en febrero de 1997, las dos psicólogas de los juzgados de Madrid que le diagnosticaron, Susana Esteban y Blanca Vázquez, lo advirtieron: "Es un psicópata. No tiene cura. Cuando salga, puede volver a matar". Las dos peritas hicieron ver al tribunal -por encima de los diagnósticos de varios psiquiatras que veían en Rosado a un psicótico con personalidad múltiple, un Mr. Hyde- que el asesino del rol era una persona "fría, calculadora y muy inteligente, que distinguía el bien del mal".

Tanto el juez de vigilancia como el fiscal no han cesado de denegarle los permisos de salida que ha ido pidiendo. Pero él recurría todas las decisiones y, finalmente, a partir de 2004 logró su primer permiso de la Audiencia de Madrid. Como se portó bien, después llegaron más.

La psicóloga Susana Esteban pasó horas con él antes de diagnosticarle. Y no se le va de la mente la arrogancia y desinterés que mostró el interno durante la exploración. Sigue convencida de su peligrosidad, aunque introduce un matiz: "Con la edad se mitiga la capacidad de acción, pero aún hoy sigue sin haber tratamiento para los psicópatas. Si Rosado ha aprovechado bien el tiempo en prisión, podría tener un comportamiento normal en la calle y pasar inadvertido. Pero en una situación de alto nivel de estrés, puede ser peligroso. Habría que analizar los informes de los psicólogos de la prisión", destaca.

Las juntas de tratamiento -compuestas por educadores y psicólogos- de las tres cárceles por las que ha pasado (Valdemoro, Aranjuez y ahora Soto del Real) también se han opuesto siempre a los permisos. Fundamentalmente porque no ven en él signos de "arrepentimiento, de confesión, de remordimiento" ante su "espeluznante" crimen.

Últimamente, la actual junta de tratamiento de Soto, a la vista de que no ha hecho un mal uso de los permisos que le ha dado la Audiencia, ha levantado un poco la mano, pero el juez y el fiscal siguen en sus trece. "El estudio de dos carreras universitarias en la prisión

[entonces iba por la segunda]", destaca la fiscalía en un escrito, "no disminuye un ápice su potencial peligrosidad, habida cuenta de que cuando cometió los delitos vivía en el domicilio familiar y ya cursaba estudios universitarios, sin que ello impidiera la planificación de tan deleznables hechos, que llevó a cabo de la forma tan brutal en que lo hizo".

Uno de los motivos que oponen a su libertad jueces y fiscales es que Rosado siempre ha negado el crimen. Aún recuerdan la sonrisa irónica que exhibió, entonces con 24 años, durante el juicio, allá por 1997. No se cansó de proclamar que él no había asesinado a Carlos Moreno. Y lo negaba sin importarle que su compinche, el menor Félix M. R., sentado a su lado en el banquillo, lo admitiera abiertamente y pidiese perdón a la familia de la víctima. "Yo no he hecho eso", proclamaba Rosado. Y lo que es peor: también renegaba de la autoría de una suerte de diario -que le confiscó la policía- en el que detallaba con una terrible frialdad cómo él y Félix mataron a Carlos Moreno. El diario fue una prueba aplastante para el tribunal que, además, le sorprendió en un renuncio. Al final del juicio, que Rosado se pasó tomando notas, la juez le dio la última palabra. Para que dijera lo que se le antojase. Entonces soltó: "El cuchillo grande lo llevaba Félix, no yo...".

Rosado ya no ríe. El presidio le ha hecho mella y le ha llevado a reflexionar. Lo que no hizo entonces ni ante el juez instructor ni ante el tribunal que le sentenció a 42 años de cárcel, lo ha hecho después, detrás de los barrotes. Javier Rosado envió una carta a sus padres en la que, por primera vez, confesaba ser autor del crimen del rol, de la muerte de Carlos Moreno, que dejó viuda y tres hijos.

La misiva autoincriminatoria de Rosado a sus padres, que ha sido incorporada al sumario judicial, dice así:

"El tiempo sigue... Por fin veo sentido a mi privación de libertad, a los nueve años, seis meses y dos días generando en vosotros tanto sufrimiento. El castigo que estoy pagando es justo para lo que hice. Obviamente, nunca más haré a nadie el más mínimo mal. Le he dicho al abogado que mire cuál es el mejor procedimiento para pedir perdón a los familiares de la víctima".

En la carta, Rosado expresa su intención y deseo de poder trabajar para resarcir a esa familia "con pagos sucesivos" y saldar así "una gran deuda", y para "tranquilizar mi conciencia".

Rosado continúa: "Estoy más tranquilo, más resignado, perdonándome esta atroz desgracia que he causado a un hombre y su familia, y también a vosotros; hechos de los que poco a poco he ido siendo más y más consciente, y cada vez me pesan más. Este cambio de actitud

[el reconocimiento del crimen] me lleva a aceptar mi encierro pensando que de este modo se compensa o aligera de algún modo ese peso...".

Fuentes jurídicas no descartan que esa carta pueda ser una treta del interno para hacer ver a los jueces que sí que está ya arrepentido de su acción. Precisamente, el argumento del fiscal para oponerse a los permisos es que no hay en Rosado "un sentimiento de culpa", sino que todo en él es "autoexculpación".

Rosado, según la tesis de la fiscalía, no ha logrado aún desprenderse de su patología psicopática: "Sadismo, frialdad, ausencia de remordimientos y negación del crimen". En esta tesis no se da excesivo crédito a la carta incorporada al sumario. Porque aún carece de remordimientos, señalan. Y sigue sin reconocer que él fue el urdidor y cabecilla del horrible crimen, el cerebro de un complejo juego de tablero, ficticio, luego llevado a la realidad por dos jóvenes armados con cuchillos que parecían salidos de la película American Psycho. La psicóloga Esteban ve difícil interpretar lo que hay de realidad en la mente de una persona así. "Esa carta puede ser verdad o fruto de una estrategia", comenta.

Sea ahora o no un psicópata peligroso, la Audiencia de Madrid tiene claro que, más tarde o más temprano, Rosado tendrá que salir de la cárcel. Y que, de todas formas, la tesis del fiscal, la posibilidad de que reincida, resultará inaplicable cuando llegue la hora de otorgarle la libertad por imperativo legal. Y eso puede ocurrir en dos o tres años, no más. "Estamos en un Estado de derecho y no cabe la arbitrariedad", señalan fuentes jurídicas.

Cuando los presos cumplen las tres cuartas partes de la pena, lo habitual es que se les otorgue el tercer grado penitenciario. Éste permite que el interno sólo tenga que ir a la cárcel para dormir. Y, obtenido el tercer grado, suele llegar la libertad condicional. A Rosado se le ha negado una vez el tercer grado, pero él ha vuelto a pedirlo. Y ahora se tramita de nuevo la petición.

Para Rosado rige el Código Penal, el de 1973. El asesino del rol sólo ha cumplido, de momento, 13 de los 42 años de cárcel a los que fue condenado. La citada normativa, derogada y endurecida después, reduce automáticamente a 20 años cualquier pena superior a los 30. Y, además, sobre esta pena ya reducida se resta un día por cada jornada de trabajo en la cárcel.

Rosado se ha valido nuevamente de su inteligencia para acortar su condena. "Enseña matemáticas a otros reclusos, no para de estudiar y, además, se comporta bien y ha cumplido las tres cuartas partes de la pena", insiste Rodríguez Ramos. Desde Instituciones Penitenciarias se confirma que "nunca se ha metido en líos en la cárcel y que observa un comportamiento impecable".

Es curioso, pero su abogado pidió en el juicio al tribunal que considerase a Rosado un enfermo mental; es decir, alguien irresponsable e inimputable. Pero los jueces concluyeron que Rosado es un "psicópata y un sádico", pero con un matiz: es muy inteligente y distingue perfectamente entre el bien y el mal. Si lo hubieran considerado un psicótico, nadie hablaría ahora de su próxima libertad. Estaría encerrado muchos años. No en una cárcel, pero sí en un psiquiátrico penitenciario, con un régimen interno duro y que en nada se parece a un albergue de ocio. "Habría estado allí 30 años y no habría podido reducirse la pena a base de clases de matemáticas a otros internos", admite su abogado. "Pero no fue así y próximamente debe recuperar la libertad", zanja.

Rosado ha tenido suerte. Sus recursos pidiendo permisos han caído en manos de la Sección Quinta de la Audiencia, popular entre los reclusos madrileños por autos en los que se prima la reinserción frente al efecto punitivo.

Su vida carcelaria cambió en 2004. Tras una racha constante de noes a los permisos por parte de la propia cárcel, de jueces y fiscales, en 2004 halló la primera rendija hacia la libertad. El tribunal, en medio de estrictos requisitos y condiciones, accedió a darle su primer permiso ordinario.

Antes de esa salida tuvo otra, pero sólo duró unas horas y tuvo un carácter extraordinario. Entonces llevaba entre rejas unos seis años y estaba recluido en la madrileña cárcel de Valdemoro. Sin quitarle la vista de encima, dos policías le llevaron escoltado a la universidad. Tenía que hacer el examen final de su carrera de Químicas. Para los exámenes, solían ir a la cárcel los profesores, pero esa vez su presencia resultaba ineludible en el laboratorio de su universidad. Todas las carreras las ha hecho a distancia, en la UNED. Rosado suplicó al tribunal que le dejase salir. Le quedaba una prueba práctica para acabar la que iba a ser su primera carrera universitaria entre rejas. Le dejaron, hizo el examen, aprobó la asignatura y la carrera, y volvió a la cárcel. Se animó y siguió estudiando.

Ahora, con una mente llena de números, libros y amplísimos conocimientos de informática, química, matemáticas e inglés, el asesino del rol ve acercarse el final de su cautiverio. En la calle le esperan sus padres y un hermano. Y también un mundo gobernado por la informática, materia en la que se ha hecho un experto.

Ya huele la libertad y ha empezado a moverse para buscar un trabajo en el exterior. Ha contactado con varias ONG y les ha ofrecido sus servicios. Tener un trabajo es un aval para conseguir el tercer grado. Y Rosado lo sabe.

"El rol y aquel chico ya no existen", dice el menor que ayudó a Rosado

A JAVIER ROSADO le quedan poco más de dos años de cárcel. Su compinche, Félix M. R., apenas ha cumplido 4 de los 12 de años que le impuso la Audiencia de Madrid. Tenía 17 años cuando ayudó a matar a Carlos Moreno. Con 21 años, quedó libre. Tan autor del crimen como Rosado, el tribunal le rebajó sustancialmente la pena. Básicamente porque era menor de edad y por entender que era un gregario de Rosado. Además, la Ley del Menor aprobada en 2000 y que elevó la edad penal a 18 años de cárcel le benefició. Félix dejó la cárcel pero no se fue directamente a casa. Durante algo más de un año compartió un piso para presos habilitado por la Fundación Horizontes Abiertos, que dirige el jesuita Jaime Garralda. Coincidió con internos muy peligrosos.Empezó a estudiar Informática en la cárcel. Su buena conducta, su "responsabilidad" en los cometidos que se le asignaron en prisión, entre ellos tareas de cocina, "la seriedad en sus estudios" y, fundamentalmente, su "veraz arrepentimiento" determinaron su pronta salida de la cárcel. "Entonces era un chico muy necesitado de cariño y atención", explica el padre Garralda. "Se le veía muy nervioso, a punto de hacer cualquier locura". Pero con el tiempo llegó la calma. Los fines de semana solía visitar a su padre, dueño de dos cafeterías, y se quedaba a dormir allí. Su madre murió siendo él un crío.Al dejar el piso, Félix decidió rechacer su vida en Berlín (Alemania). Habló con su padre y ambos vieron que era la mejor forma de evadirse. En Madrid, y libre, la presión sería muy fuerte. Pero hace un año, volvió a Madrid. Y visitó aquel piso carcelario para agredecer el apoyo de amigos y educadores. "Ya tengo mi vida organizada y quería daros las gracias. No quiero hablar más de aquello; el rol y aquel chico ya no existen, han muerto; ahora soy otra persona", aseguran en Horizontes Abiertos que les comentó.

El diario del asesino

HAN PASADO 13 AÑOS desde que el crimen del rol destrozó para siempre a la familia de Carlos Moreno. El hombre se defendió durante 15 minutos. No pudo evitar las 19 cuchilladas que, respondiendo a las reglas autoimpuestas de un juego de mesa, le asestaron dos muchachos de clase media alta de Madrid. Todo lo detalló Rosado en un espeluznante diario que la policía encontró días después y que fue clave para reconstruir la escena.Eran las cinco de la madrugada del 30 de abril de 1994. La víctima, que trabajaba en una empresa de limpieza, volvía a casa para dormir. A esa hora sólo él estaba en la marquesina. Vio a dos chicos, uno alto, encorvado, Javier Rosado, y otro robusto con cara aniñada, Félix M. R., entonces de 17 años. Se acercaron a él con paso decidido. Para ellos, en ese momento, Moreno no era un ser humano. Era una ficha del juego que creó Rosado. Lo bautizaron "Benito". Y concordaba con lo que buscaban.El juego consistía en matar en una franja horaria nocturna concreta a una persona determinada. Establecía que, entre las tres y las cinco de la madrugada, debían matar a un hombre "regordete" y "estúpido". Antes de las tres debía ser una mujer. Una vecina de Manoteras se salvó milagrosamente. Cuando iban a por ella, con guantes de látex y cada uno con un cuchillo, se metió en el portal de su casa. Desistieron. Coincidió también, por suerte para ella, con que se rebasó la hora en que la víctima debía convertirse en un varón.Moreno no gozó de la misma suerte que esa mujer. "Mira ése, tiene cara de idiota, y lleva unos calcetines estúpidos", escribe Rosado en su diario. Se acercaron a él, le miraron de arriba abajo y le sacaron los cuchillos. Moreno pensó que estaba siendo víctima de un atraco. No imaginó lo que venía después. "Pon las manos a la espalda y muestra el cuello", le ordenó Rosado. Los tres folios manuscritos de Rosado narran, con todo tipo de detalles sobrecogedores, cómo éste y el menor Félix mataron a Carlos Moreno.La regla del juego estipulaba que "Benito" debía morir degollado. Así, mientras Rosado se concentraba en atravesar el cuello de la víctima con su arma, Félix M. R. debía "debilitar" a "la presa" dándole navajazos en el estómago.Rosado anota que "la presa" se revolvía. La agonía de Moreno duró 15 minutos, según la sentencia.La ausencia de móvil despistó a la policía durante tres meses. Al final, un amigo de la pandilla de Rosado delató al asesino. Rosado y Félix se jactaban ante sus amigos de que eran ellos los que habían matado al hombre de cuya muerte había informado la televisión. Desde el sofá de su casa, Rosado contradecía con sorna los errores de los telediarios.Añadió que habría más muertes. Así que el amigo decidió contar lo sucedido a un sacerdote: se había percatado de que Rosado y Félix habían aireado que volverían a matar.El cura le aconsejó contarlo a sus padres y éstos alertaron a la policía: ambos jóvenes iban a salir esa noche de nuevo de caza. La policía les detuvo cuando Félix y Rosado habían comprado ya los guantes de látex y se encaminaban a por una "segunda presa" de un macabro juego de mesa que había saltado de forma sangrienta a la realidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de junio de 2007

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